La lucha entre la luz y las tinieblas

La Historia de la Humanidad esta transida por la feroz lucha entre la luz y las tinieblas.

La batalla más tremenda e importante que jamás se ha producido y producirá en la historia de la humanidad lleva el título de Getsemaní. Allí en la oscuridad de la noche, se libró la lucha titánica entre la luz y las tinieblas. El destino del la humanidad estaba en juego. Quien ganara ganaría el mundo entero.

El pulso que las tinieblas echó a la luz fue tal, que hizo sudar sangre a Dios. Allí Jesucristo para salvar a la Humanidad aceptó cuanto le iba a sobrevenir en forma de atroz pasión y muerte de cruz. Fue el triunfo del amor de Dios que es más fuerte que la maldad del poder de la tinieblas. 

La victoria está asegurada, pues ya se realizó en Jesucristo. La victoria escatológica está consumada; pero para nosotros prosigue, en tanto continúa la historia de la Humanidad.

Hay en el mundo una lucha que muchos ignoran: Es una batalla espiritual. Y ésta es más terrible que los otros combates. Un ataque satánico de los más terribles asalta a la Iglesia, en un intento de eliminar el reinado de Cristo, y posesionarse del mundo. Es una batalla por el alma del mundo. Es una lucha a muerte; tras la cual no habrá lugar para el vencido.

El Apocalipsis es el libro sagrado nos expone un drama impresionante, el de la secular lucha entre el bien y el mal, ahora llegada a su culminación y radicalización.

Se trata, de un gran combate de Jesús contra el pecado y la muerte (el dragón, la antigua serpiente, el diablo, Satanás) (Ap 20,2). El combate se da en otro plano, “invisible”, sobrenatural. La naturaleza de la lucha  es  escatológica. Es la lucha del rey-Mesías contra todas las fuerzas que nos oprimen, contra los poderes del mal desencadenados… ¡Es el combate de Jesús! El mal se despliega, pero Dios está presente en el corazón de la historia, y el mal será un día definitivamente vencido. Tenemos la certeza de la victoria de Dios, a la que estamos asociados por su infinita misericordia.

La promesa de victoria ya está dada: “¡Tú aplastarás el dragón! Quiero salvarte, protegerte, permanezco contigo, quiero liberarte, glorificarte, darte larga vida, revelarte mi salvación”, ¡Se trata, ni más ni menos, de la Resurrección!

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