iEstad siempre alegres! La alegría que Cristo nos da, nadie nos la podrá quitar

Esta es palabra de Dios (Jn 16,22; 1 Tes 5,16 y 18). Que se ha visto hechas realidad en todos los santos, y así lo atestiguan:

  • «Los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua» (San Atanasio)[1].
  • Durante el proceso de beatificación que se instruyó en la India sobre el jesuita Francisco Javier, un hombre indio que testificó en el proceso nos reveló, con su declaración, el verdadero rostro de san Francisco Javier. El testigo en cuestión declaró: «Que el padre Francisco Javier era tan dado a todos y que esto de darse a todos lo hacía con tanta alegría que: En su rostro había siempre expresión de contento. Siempre andaba con la sonrisa en los labios. Su boca siempre estaba llena de risa. Su boca estaba llena de la gracia de Dios. Y conseguía todo cuanto se proponía.»[2]
  • A San Juan de la Cruz  «Jamás le vieron airado, impaciente ni descompuesto, inalterable, sereno, dueño absoluto de todos los impulsos. Una alegría permanente, aunque suave, iluminaba constantemente su rostro, era enemigo de espíritus melancólicos, y cuando veía triste a alguno de sus súbditos le tomaba de la mano y le sacaba a pasear con él a la huerta hasta que le veía alegre».
  • Cuenta una de las monjas sobre santa Teresa de Jesús, María de la Encarnación: «Era muy discreta y alegre, con gran santidad y enemiga de santidades tristes y encapotadas, sino que fueran los espíritus alegres con el Señor, y por esta causa regía a sus monjas si andaban tristes, y les decía que mientras les durase la alegría, les duraría el espíritu».[3]
  • San Ignacio de Loyola, en la Sentencia 29, escribe a sus hijos religiosos y a los seglares: «Yo quiero, hijo mío, que te rías y que seas alegre en el Señor. Que tu rostro muestre alegría para que lo exterior sea una señal de la alegría que reina en el interior».
  • De san Felipe Neri, como refugio de los niños pobres fundó el Oratorio, que pronto se tuvo que ampliar por la cantidad de niños que se acogían allí. Les repetía siempre: «¡Alegría, hijos míos alegría! Los tristes van al infierno y no a la alegre cada de Dios. Cuando no tengáis qué hacer, reíos, y si tenéis trabajo y los estáis haciendo, ¡reíos!».
  • El padre F. W. Faber decía: «La alegría es uno de los elementos más importantes de la vida espiritual. Muchos de los que se detienen en el camino de la vida espiritual les falta alegría».
  • “Un santo triste es un triste santo” (san Francisco de Sales).
  • “En la mayor desolación, el mayor gozo” (San Francisco Javier).
  • «Líbrenos Dios de los santos encapotados» (Santa Teresa de Jesús).
  • «Cristo resucitado hace de la vida del hombre una fiesta continua» (San Atanasio).
  • «Si yo estuviera triste, iría a confesarme» (El Cura de Ars).
  • “Hermanos míos, ya que la alegría espiritual dimana de la limpieza de corazón y de la pureza de una continua oración, es necesario poner todo el empeño posible en adquirir y conservar estas dos virtudes, con el fin de que, para edificación del prójimo y escarnio del enemigo, podáis tener esta alegría interior y exterior, que de todo corazón deseo y amo verla y sentirla tanto en mí como en vosotros. Al demonio y a su comparsa toca estar tristes; a nosotros, en cambio, alegrarnos y gozarnos en el Señor” (San Francisco de Asís)[4].
  • «El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad» (Santo Tomás de Aquino)[5].
  • «La santidad consiste en estar siempre alegres» (San Juan Bosco). A Don Bosco se le ha llamado con razón «el santo de la alegría». Cuando Pablo VI, el año 1975, regaló a la Iglesia su carta sobre la alegría, «Gaudete in Domino», nombró a San Juan Bosco como uno de los santos que mejor habían aprendido y comunicado el carisma de la alegría.
  • «Señor, tú alegras mi mente de alegría espiritual. Cómo es glorioso tu cáliz que supera todos los placeres probados anteriormente.» (San Agustín).
  • «Dios es amor y alegría y El nos la comunica. Solo Dios basta. Fuera de El no hay felicidad posible» (Santa Teresa de los Andes).
  • «La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre—Dios.» (San José María Escriva)[6].
  • «La alegría cristiana es una realidad que no se describe fácilmente, porque es espiritual y también forma parte del misterio. (…)  ¡No apaguéis esta alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado! ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaos a gozar de esta alegría! » (San Juan Pablo II).

Su alegría está en saberse amados por Dios, gratuitamente, incondicionalmente, sin medida, porque eran hijos suyos, y la savia vital de la gracia santificante corría por sus venas.

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[1] Carta 14.

[2] ALIMBAU, J.M. (2001).  Palabras para la alegría. Ediciones STJ. Barcelona..

[3] RUIZ, A.: «Anécdotas teresianas», Ed. Monte Carmelo, Burgos 1982, p.140.

[4] CASAS, V.: Francisco de Asís,  Paulinas, Madrid, 1983, p.63.

[5]  Sobre la caridad, 1. c., 205.

[6] Camino 659.

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