La guerra de la cultura

Ese es el ámbito, el de la cultura, donde tenemos que entablar la lucha.

Cultura viene de cultivo. El cultivo de la tierra, de la tierra del alma humana para los que tenemos una concepción -antropología- del ser humano como naturaleza espiritual, trascendente, que sobrepasa lo espacio-temporal, es decir, la materia, a la que nos quieren reducir los de la cultura material, es decir, los del marxismo cultural.

Contra viento y marea los cristianos estamos llamados a levantar la voz de esta bandera: la de la cultura de un ser grandioso, creado para la eternidad, inmortal, sagrado, hijo de Dios.

Los cristianos no podemos permanecer callados, dejando el espacio social en manos de quienes reducen al ser humano a su mínima expresión, un avatar de la materia. El cristiano ha de dar la cara, aunque se la partan; tal y como hizo su Maestro y tal y como le ocurrió.

En este momento hacemos una especial referencia a lo que está ocurriendo en España con arreglo a la educación de los hijos y la responsabilidad de los padres…, tan entreicho por la actuación de la clase política. Prácticamente, ante las palabras de la ministra de cultura, solo los ambientes cristianos (el secretario de la Conferencia Episcopal, mons. Luis Argüello, y algún otro obispo -Munilla, Cañizares-, alguna asociación de alumnos católica, algunos -muy muy pocos periodistas- católicos, y de los medios, los prácticamente únicos altavoces que se han tomando verdaderamente interés por la potencia de este asunto han sido las páginas web de extracción religiosa, cristiana y más concretamente católica. 

¡Gracias a Dios, sus fieles seguidores están a la altura de las circunstancias…!

Aquí se ve lo que profetizara Chesterton: «Al final la Iglesia será la única que quedará en defensa del hombre»,

 

Es admirable y de agradecer la actitud y las palabras de Tim Clemente,  un católico convencido, casado y padre de nueve hijos, uno de ellos adoptado; este estadounidense, que fuera agente  del  FBI y ahora dirige una productora en Hollywood, afirma que en el mundo en el que le toca vivir está luchando en una guerra importante, la gran “batalla cultural”. 

Tim afirma que los católicos están llamados hoy a ser “contraculturales” y a anunciar el Evangelio, también a través de estas virtudes católicas, cada uno en los ámbitos en los que vive y se mueve.

«No me importa cuál es tu trabajo. Una esposa, una secretaria, un CEO, un oficial de policía, o lo que sea, ser un buen ser humano es lo que importa. Hay demasiados modelos a seguir para lo contrario. Ser un buen ser humano es cada vez más difícil. Tenemos que ser ejemplos para los demás”.

 

En fin, los cristianos no nos podemos ausentar de confrontar esta desgraciadamente cultura antihumana cada vez más imperante. Estamos llamados a ser luz del mundo, no a desaparecer, ocultando… Hemos de pertrecharnos de argumentos, de hechos, de valor, de oración, de la gracia de la Eucaristía, para dar testimonio según el Espíritu del Evangelio.

 


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