El movimiento de los cimientos de la tierra (y II)

Aquello que los profetas anunciaron un día se cumplirá. Que nadie desprecie su momento presente; por si acaso ocurre. Cuando los «cimientos» de la tierra se muevan, y ésta esté para perderse, el dueño de esta maravilla actuará, que nadie lo dude. Quien la creo y luego la rescató entrará en acción o lo que es lo mismo -y en términos apocalípticos- asumirá su poder, el que gano con su sangre. Entonces sí será cuando se conmuevan los cimientos de la tierra.

Los suyos están advertidos. Son unos privilegiados, porque escucharon confiadamente sus advertencias. Este es el privilegio de los que tuvieron fe. Estarán dispuestos y en vela para cuando Él se decida a actuar.

Es obvio que ante la aceleración de todo: cambios múltiples, de noticias que se renuevan inmediatamente, de políticos y dirigentes sociales, de avances tecnológicos, de productos nuevos, de contactos y «conocimientos» de nuevos de personas por las redes, de actividades diversas, de movimiento constante, el consumo de usar y tirar, consumo rápido, etc., la existencia humana ha dado un cambio -hasta en las poblaciones más lejanas, donde también llega todo este ajetreo y ruido, llevado en parte por las televisiones, internet, etc.- y está en el cambio, es una constante la inconstancia; lo general un corrimiento de la estabilidad en que se asentaba el ser alma humana.

Esta movilidad provoca inconsistencia y efimeridad, donde el relativismo, el escepticismo, el nihilismo y la increencia confeccionan el ser de la persona actual. Con esta personalidad, pues, es imposible en sí el fiarse de nada como serio y estable, por lo tanto la verdad imperecedera, la fidelidad al compromiso y a la palabra dada, la coherencia y el respeto a una ética, etc. Todo se está hundiendo.

Sin base, los cimientos desaparecen, y cuanto ello supone: el matrimonio, la familia, los hijos, vínculos interpersonales insuficientes, el abandono de los usos y costumbres (todo se ha de legalizar coactivamente -penalizar- para que medianamente se funcione), el Estado de bienestar que trata de paliar malestar individual (ante una persona vitalmente insatisfecha, que degenera en soledad y suicidios)

Los cimientos de la humanidad se han hecho líquidos… Tal vez estos estemos próximo a aquello de las aguas del Maligno;  aguas que la Biblia describe de modo admirable en su último libro, el Apocalipsis.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


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