En el amor no hay temor. «No tengáis miedo»

Estas dos frases se leen en la liturgia de la palabra de la misa de hoy, 9 de enero: en el Evangelio (Mc 6, 45-52) Jesús dice «Animo, soy yo, no tengáis miedo«, y en la primera lectura (1Jn 4,11-18) se lee: «En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor.»

Y además, se lee también en san Juan,  que el cristiano que vive según Jesucristo, pues ha experimentado el amor de Dios, espera con confianza en ese amor que Dios nos tiene: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió.»

En las Sagradas Escrituras se repite como una constante —hasta 365 veces—ese no tener miedo pues estando con Dios, bajo el amparo de su amor, estamos a salvo. Vivir con la fe absoluta de que el amor que Dios nos tiene es tan grande que nada puede contra él y que nos va a salvar, pese a que seamos unos trastos, es de una tranquilidad maravillosa.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 45-52

 Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero él habló enseguida con ellos y les dijo:
«Animo, soy yo, no tengáis miedo».

Entró en la barca con ellos y amainó el viento.

Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18

Queridos hijos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió.

En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor.

 

Pese a ese amor invencible de Dios por nosotros, hay un peligro real, que nos ha de crear una inquietud, que es nuestra mala utilización de la libertad que provoque una resistencia horrible al amor de Dios.

También les invitamos a leer este artículo «Don de temor«, por el padre dominico Chus Villarroel.

 

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Catena Aurea

 

Glosa

Con el milagro de los panes muestra el Señor que es el autor de todas las cosas; andando sobre las aguas nos hace ver que su cuerpo estaba libre del peso de todo pecado, y, calmando los vientos y sosegando la furia de las olas, que domina sobre los elementos. Por esto dice: «Inmediatamente obligó», etc.
 

Pseudo – Crisóstomo

Despidió al pueblo con su bendición y después de curar algunos, obligó, pues, a sus discípulos, porque no les era fácil separarse de El, ya por su extremado afecto hacia El, ya porque dudaban de cómo vendría hasta ellos.
 

Beda, in Marcum, 2, 27

Mas se dirá con razón cómo es que San Marcos refiere que, verificado el milagro de los panes, fueron los discípulos atravesando el mar a Betsaida, siendo así que parece decir que fue en el mismo Betsaida donde se realizó el milagro. Pero podemos entender que San Lucas dijo: «En el desierto», que es Betsaida, para designar, no el interior de la misma ciudad, sino los lugares desiertos pertenecientes a ella; y San Marcos dice: «Para que pasasen antes que El hacia Betsaida», en donde está dicha ciudad.

«Así que les despidió».
 

Pseudo – Crisóstomo

En este pasaje hay que considerar a Cristo sólo en cuanto a hombre. El nos enseña con esto a ser asiduos en la oración.
 

Teofilacto

Despedida la gente sube a orar, porque la oración exige reposo y silencio.
 

Beda, in Marcum, 2,28

No todo el que ora sube al monte, sino sólo el que ora bien y busca a Dios orando. El que en la oración pide riquezas, honores mundanos, o la muerte de su enemigo, quedándose en lo más bajo hace viles las preces que dirige a Dios. San Juan nos declara porqué el Señor despidiendo al pueblo subió a orar al monte, diciendo: «Por lo cual, conociendo Jesús que habían de venir para llevársele por fuerza, y levantarle por rey, huyóse El solo otra vez al monte» ( Jn 6,15).

«Venida la noche -prosigue- la barca estaba en medio del mar», etc.
 

Teofilacto

Permitió el Señor que peligrasen sus discípulos para que sufriesen en algo, y no los asistió en seguida, sino que los dejó en el peligro toda la noche, a fin de enseñarles a esperar con paciencia, y de que no se habituasen a recibir socorro inmediato en sus tribulaciones. «Y viéndolos remar con gran fatiga», etc.
 

Pseudo – Crisóstomo

La Sagrada Escritura divide la noche en cuatro vigilias, y a cada una de éstas en tres horas: la cuarta es la que sigue a las nueve, esto es, las diez o la hora siguiente.

«E hizo ademán de pasar adelante».
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,47

¿Cómo pudieron entenderlo así, sino porque iba en sentido contrario? Quería El pasarles como si fueran extraños, puesto que no le reconocían juzgándole un fantasma. «Mas ellos, como le vieron caminar sobre el mar, pensaron que era algún fantasma», etc.
 

Teofilacto

Es de observar que cuando debía Cristo remediar los peligros que los amenazaban, les causa mayor temor, pero al punto los animó con su voz. «Pero Jesús -dice- les habló luego, y dijo: Buen ánimo, soy yo; no tenéis que temer».
 

San Juan Crisóstomo, homilia in Matthaeum, hom.50

En el instante, pues, le conocieron por la voz y cesó su temor.
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 47

¿Por qué había de querer pasar adelante, confirmándoles así en su temor, sino para venir en su auxilio después de que gritando se manifestaron aterrados?
 

Beda, in Marcum, 2, 28

Teodoro Faraditano, obispo en otro tiempo, escribió que el Señor, según la carne no tenía peso específico, y que así había andado sobre el mar; pero la fe católica afirma lo contrario, como dice Dionisio
 

Pseudo – Dionisio, de diuinis nominibus, 2

: Ignoramos cómo sin mojarse los pies y teniendo peso natural anduvo sobre la sustancia húmeda e inconsistente.
 

Teofilacto

Con su entrada en la barca calmó el Señor después la tempestad: «Y se metió -dice- con ellos en la barca, y cesó al instante el viento». Gran milagro es ciertamente que el Señor ande sobre el mar; pero la tempestad y el viento contrario lo hicieron mayor todavía. Los apóstoles, pues, que no habían comprendido bien el poder de Cristo en el milagro de los cinco panes, ahora le conocen perfectamente en el milagro del mar. «Con lo cual -prosigue- quedaron mucho más asombrados; y es que no habían hecho reflexión», etc.
 

Beda, in Marcum, 2, 28

Admiraban en verdad los discípulos, aún carnales, la grandeza de tanta virtud, y no podían sin embargo, conocer todavía en El la verdad de la majestad divina. «Porque su corazón estaba aún ofuscado».

En sentido místico, el trabajo de los discípulos remando y el viento contrario señalan los trabajos de la santa Iglesia, la cual entre las olas del siglo enemigo y el aliento de los espíritus inmundos se esfuerza por llegar al descanso de la patria celestial. Con razón, pues, se dice que la barca estaba en medio del mar, y El sólo en tierra, porque nunca ha sido afligida la Iglesia con tanta persecución de los gentiles; de modo que no parecía sino que su Redentor la había abandonado del todo. Pero ve el Señor a los suyos luchar en el mar, y para que no desfallezcan en las tribulaciones, los fortifica con una mirada de su misericordia, y algunas veces los libra del peligro de un modo manifiesto. Llega a ellos a la cuarta vigilia, al aproximarse el día, porque cuando el hombre eleva su espíritu a la luz del auxilio superior, encuentra allí al Señor, y amainan los peligros de las tentaciones.
 

Pseudo – Crisóstomo

O bien la primera vigilia es hasta el diluvio, la segunda hasta Moisés, la tercera hasta la venida del Señor y la cuarta cuando vino y habló a sus discípulos.
 

Beda, in Marcum, 2, 28

Muchas veces parece que el piadoso Cielo ha abandonado a los fieles que se hallan en tribulación; de modo que se podría juzgar que Jesús quiso pasar adelante de los discípulos que luchaban con el mar. Y aun hay herejes que juzgan que el Señor era un fantasma, y que no tomó de la Virgen carne verdadera.
 

Pseudo – Jerónimo

«Y les dijo: Buen ánimo; soy yo», porque le veremos tal como es. Cesó el viento y la tempestad al sentarse Jesús en la barca, para imperar en ella, como en la Iglesia universal.
 

Beda, in Marcum, 2, 28

Al punto que está en cualquier corazón por gracia de su amor, cesan las luchas promovidas por las pasiones, el mundo y los espíritus malignos.

 

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