Esta novela del escritor británico G. Greene narra la paradójica situación de un sacerdote. La historia se desarrolla en los tiempos de la guerra cristera en México. En medio de la persecución religiosa, sueña con cruzar la frontera y poderse confesar de su vida pecaminosa y también ponerse a salvo. Durante esta huida, se convierte en un verdadero ángel de misericordia para todos aquellos con quieres se encuentra. Dado que da siempre preferencia a la atención y salvación de los demás, no consigue nunca evadirse y recibir la gracia del sacramento de la confesión. El poder y la gloria del Padre estallan en este cura mejicano, excesivamente aficionado al alcohol y que ha dejado encinta a una de sus feligresas. Tipo tan vulgar, tan mediocre, que sus pecados mortales no provocan otra cosa que burlas e indiferencia, y él lo sabe. Lo que este libro extraordinario nos muestra es la utilización del pecado por la Gracia. Vivía con el temor a la consecuencia des-gracia por causa de sus pecados: «El chorreo de sus culpas caía fuera de la vista y del entendimiento, en algún lugar donde las acumulaba en secreto: el vertedero de sus caídas. Alguna vez, suponía él, llegarían a obturar la fuente de la gracia.»[1] Esto es lo que pensaba en sacerdote protagonista al final, poco antes de ser fusilado: “Qué tipo más absurdo soy —meditaba—, y cuán inútil”. No hecho nada por nadie. Lo mismo podía no haber existido jamás. Las lágrimas se derramaban por sus mejillas: no tenían, en aquel momento, miedo de condenarse; incluso el miedo al dolor estaba en último término. Sentía tan sólo una desilusión inmensa por tener que ir a Dios con las manos vacías, ya que no había hecho nada en absoluto. Se sentía como quien ha perdido la felicidad por llegar unos segundos tarde al lugar de la cita. Ahora comprendía que sólo cuenta una cosa: ser santo. [2]
Estas son las reflexiones sobre realizó F. Mauriac: Lo que deslumbra a Graham Green es esta presencia oculta de Dios en un mundo ateo, esta circulación subterránea de la Gracia. Existe la naturaleza corrompida y existe la Gracia omnipotente; existe el hombre miserable, que no es nada, ni aun en el mal, y este misterioso amor que se apodera de él en lo más intenso de su ridícula miseria y de su irrisoria vergüenza, para convertirle en un santo y en un mártir. Este sacerdote borracho, impuro y tembloroso delante de la muerte, da su vida sin perder, ni por un solo instante, el sentimiento de su bajeza y de su vergüenza. Si alguien le dijese que es un santo, creería que se burlaban de él. Está milagrosamente preservado del orgullo, de la suficiencia, de la satisfacción de sí mismo. En este mal sacerdote, lo opuesto al pecado no es la virtud, sino la fe, la fe en el poder que recibiera el día de su ordenación, el tesoro de sus manos, indignas, pero a pesar de todo consagradas. La Pasión se renueva en esta víctima, elegida entre los despojos humanos; repite lo que Cristo hizo.
Preocuparse por la salvación ajena es la nuestra. Es consecuencia de nuestra salvación el salvar. Si no hubiera estado salvado –agraciado– no salvaría. Nota: En la Misa, tras rezar el padrenuestro , el sacerdote dice: «Tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos, amén.» De ahí el título de esta obra; aunque el término «reino» (traducción más exacta como «reinado») que ha omitido es el más apropiado para el tema fundamental de la novela: la gracia (el reinado, Dios actuante) en medio de un mundo del que no se aleja por mucho que le parezca contradecir.
……………………………………… [1] GREENE, G., El poder y la gloria, El País, Madrid, 2002, p. 99. [2] Id., p.311. |
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