El movimiento de los cimientos de la tierra (I)

En términos apocalípticos profetizados llegará un momento próximo al final (fin de los tiempos) en que se sucederán terremotos. Y es obvio que algo se mueve en estos momentos actuales; no en el sentido telúrico, propiamente, sino metafóricamente: Los cimientos que se están removiendo son de índole antropológico; la humanidad se tambalea.

El ser humano conocido hasta la época actual ya pareciera que comenzará a modificar su faz, a dejar de ser tal. El posmodernismo progre (marxista-liberal) ha modificado la concepción histórica de la ontología humana como ser dotado de naturaleza propia, estable, irreductible, intocable, etc., dignidad sublime, inviolable e inalienable, ni por uno mismo sobre sí, superior a la propia voluntad, un absoluto y sagrada.

Cuando no hay nada firme, merecedor de respeto, inatacable, de verdad imperecedera, se llega a la burla… de la existencia; todo es, pues, incierto, donde domina el relativismo y el escepticismo, que corroen la confianza, y donde todo —expuesto adquiere un carácter tornadizo, voluble, sin consistencia, carente de verdad— se hace complicado y sin amistad profunda, sincera, comprometida y verdadera.

El movimiento de los cimientos del mundo humano no es otra cosa que la destrucción de este ser excepcional creado por el amor de Dios; a los que el Mal odia mortalmente. Y este parece ser llegado el momento en que ese ser diabólico, por un misterio que se nos escapa, ha adquirido una capacidad notable de influir en este mundo nuestro.

Esto es de una gravedad insospechada…

Pero para los que creemos nos queda la Esperanza.

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