El comunismo chino se las tiene tiesas con el cristianismo, y especialmente con el catolicismo. Todo el mundo se plega al poder económico, asumiendo como normal las tropelías de ese régimen, para salvaguardar sus (ruines) intereses; al final, los cristianos se quedarán solos, para ser zarandeados y cribados, y como en el imperio romano «echados a los leones». Todo el mundo se inclina reverencia —es decir, consiente, humillándose ante el poder chino—, mientras hace como que no se da cuenta de que no hay libertad política ni ideológica.
Los creyentes en Cristo no pueden hacer tal cosa, y escabullirse… La fe no se puede ocultar y autoengañarse. Es una lámpara, que testifica, y a veces acaba en testimonio (=martirio), a ejemplo de su Señor.
La presión, amenazas y el uso de la fuerza contra los cristianos se va haciendo mayor. Día tras día las noticias de este fustigamiento persecutorio se suceden:
«En los últimos meses la presión de las autoridades contra los católicos se ha incrementado en Henan, con hechos como el retiro de cruces de iglesias, la prohibición para los menores para no entrar a los templos, el cierre de centros educativos preescolares administrados por la Iglesia, e incluso el desalojo de niños mientras participaban en la Misa.»
Una circular fechada el 8 de abril prohíbe a todos los jóvenes menores de 18 años entrar a la iglesia para participar en la Misa. Tampoco pueden recibir educación religiosa.
Chen Zongrong, exsubdirector de la Oficina para Asuntos Religiosos, participó de una conferencia de prensa el 3 de abril, dijo “no estar de acuerdo con la visión que considera que evitar que Roma tenga el control total sobre la selección de los obispos vulnera la libertad religiosa”. “Creo que no hay religión en la sociedad humana que trascienda las naciones.»
El del 2 de abril. El gobierno chino publicó una nueva normativa sobre creencias religiosas en la que aseguró que «las religiones en el país deben ser de orientación china». A raíz de ésta normativa, la Biblia no puede comprarse en China desde hace varios días a través de Internet.
El 31 de enero. China estrecha, más todavía, el cerco sobre las religiones. Muchos católicos desafían al Gobierno chino al asistir a las llamadas iglesias «clandestinas», en comunión con Roma y perseguidas por Pekín. Ahora, el régimen comunista estrecha el cerco sobre las religiones con una nueva normativa todavía más dura. «Quien incumpla la ley, se enfrentará a sanciones más duras que las actuales, como multas de entre 100.000 y 300.000 yuanes (unos 12.700 y 38.200 euros) por organizar grandes eventos religiosos sin autorización.»
La iglesia católica en la localidad china de Zhifang (del distrito de Huyi), cerca de Xian (Shaanxi) ha sido demolida por las autoridades sin dar razón alguna. Sin consultar previamente a la comunidad, el 27 de diciembre, demolieron por la fuerza la iglesia. El templo fue construido hace casi 20 años con todos los permisos de la oficina para asuntos religiosos.
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El pasado 6 de febrero, un diario perteneciente al Partido Comunista de China publicó que un acuerdo entre el gobierno del país asiático y el Vaticano se dará “tarde o temprano”.
Y el 29 de marzo, el director de la Oficina de Prensa del Vaticano y portavoz del Papa Francisco, Greg Burke, ha negado la firma “inminente” de un acuerdo entre la Santa Sede y la República Popular de China.
El gobierno comunista de Pekín jamás permitirá la libertad religiosa en China como tampoco permite la libertad política o ideológica ni ninguna de las libertades. Otra cosa es ingenuidad.
El Dragón ha trazado una línea roja…
Para mitigar el sufrimiento de tantos creyentes, que viven su fe en la clandestinidad, nos consta que la Santa Sede trata de normalizar las relaciones con la República Popular China. Pero hay cuestiones indeclinables en que la Iglesia no puede ceder. Cueste lo que cueste.