- Existe el «derecho natural» universal, propio de la especie humana. El intento de acabar con el derecho natural y la biología demuestra hasta donde está dispuesto a llegar cierta clase de gente, que en una pretensión de hacerse superhumana, caen en la inhuminidad.
- Ser humilde es desear pasar desapercibido. No buscar un protagonismo ni siquiera un prestigio, una imagen por la que ser considerado.
- Dijo un párroco a sus feligreses que se daba un error entre los cristianos: «Creen que el cielo hay que ganarlo»; pero -pensé- si es cierto, pero hay que recibirlo; lo que posiblemente cuesta más.
- El alma de cada ser humano se convierte en un campo de batalla, donde Dios trata de reinar liberándola de las tinieblas que la inundan. En este empeño Dios expuso lo máximo: la cruz.
- «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.» (Jn 3,16). En el hecho de creer, en la misma fe, hay una fuerza de salvación; es una gracia indebida, que Dios otorga por puro amor. Claro, luego está lo que de ahí se deriva, per se. Pero eso viene después: la gratitud, la tarea del don, la respuesta justa, la correspondencia, la fidelidad, la amistad, el amar que implica agradarle, hacer su voluntad…
- Así como es su modo de ser, también lo es su modo de obrar, porque «el obrar sigue al ser» (santo Tomás de Aquino).Con la gracia y nuestra disposición –fe hecha compromiso- a colaborar con ella, se logra un ser, un ser a semejanza de Cristo. De este ser logrado, se derivan acciones santas. Lo contrario es una desgracia, el ser malogrado.
- Es el amor originario, raíz de todo el proceso creador y salvador, que deposita en el hombre la semilla del amor, la tendencia constituyente que forma el peso, la fuerza de gravedad «amor meus, pondus meum» (san Agustín), que orienta irreprimiblemente al hombre hacia Dios como único término posible de ese amor.
- Ante la Verdad se dilucida todo. Pilato ante Jesús se muestra escéptico. El Señor le cala y guarda silencio, sabe ante qué clase de persona está: alguien relativista y pragmática, amante del poder y el poseer.
- No se puede aspirar a ser verdaderamente virtuoso sin contar con Dios. Él, además aportarnos el aliento de su gracia, es quien mantiene la piedra de Sísifo sin que rueda hasta abajo, cuando el cansancio hace presa en la débil condición de la persona
- El relativismo –o falta de consideración de la verdad–, además de falso tomado como única verdad, supone un atentado contra el ser humano. Es constitutivo de la dignidad humana querer conocer la verdad. Y si se aniquila la verdad, como se pretende desde la postverdad de la actualidad, ¿qué sucede? Vivimos, pues, en un mundo donde la dignidad humana, la persona, ha quedado radicalmente herida, disminuida, subestimada, mermada en su grandeza y condición. Estamos, obviamente, en el desprecio del ser humano. Perdida su grandeza sacra, ha dejado de ser intocable. Y esto ya sabemos lo que significa, o por mejor decía, supone: vía libre al aborto, a la eutanasia, a la infidelidad, al engaño…; al ejercicio radical y desmedido de la triada: poseer, poder, placer. No se puede vivir sin amar la verdad.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

