Pensamientos de Fe (33)

  1. Saberse amado es antes de nada. Descubrirse amado por Dios, gratuitamente. Dios no nos ama porque seamos buenos, sino para que lo seamos; y ni siquiera por eso, sino porque es paternamente misericordioso. Por lo tanto el que seamos amados no tiene su razón de ser en nosotros, en lo que somos o hacemos.     
  2. Creer es la cosa más lógica, racional, del mundo. La increencia es una anomalía, una alteración del natural de la persona a la que le es propia confiar, fiarse, creer…
  3. La realización de la esperanza hará que la confianza no sea defraudada. Pero teologalmente la esperanza requiere de la fe, de la confianza de que se cumplirá más allá de los momentos históricos.
  4. Si a un pobre le hablas de Dios, creerá o no; pero si le das un trozo de pan en nombre de Dios, seguramente se remonte a Dios, desde ese pedazo de pan.
  5. Más infinitamente Dios quiere darse, que nosotros recibirle. Y esto ha de seguir siendo siempre así.
  6. Si el recibir se requiere de la humildad; no menos, en el dar. Solo da verdaderamente, generosamente, quien da con humildad; sin la humildad el dar se puede convertir en deuda, en gesto de superioridad, en demanda de gratitud, en reconocimiento o deuda… emocional, etc.
  7. El amor es contrario a todo ¾paradójicamente¾, pues cuanto más se da, no es que disminuya como ocurre con cualquier realidad, sino que crece. Cualquier cosa que se da, mengua; el amor, en cambio, aumenta en su capacidad de amar… Así hasta en extremo.
  8. Dios aman dándose, no aman dando algo, aman dándose a si mismo. En Dios el sujeto quien ama, el verbo amar y el objeto donado es el mismo, Él mismo.
  9. Dios no tiene necesidad de nada que le podamos dar, tan solo precisa de ese corazón que se abre a El, para que el pueda venir, entrar, hacerse de él, darle vida de su vida, y “divinizarlo”.
  10. Dios se convierte en un mendigo, mendiga nuestro sí. Mendiga que le permitamos donarnos un tesoro.

 

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