Por las queridas almas del Purgatorio

pixabay

La Iglesia se constituye en tres realidades: la que es triunfante o gloriosa, que está en el Cielo, que son los santos (de los cuales, una pequeña parte son reconocidos canónicamente); la que es purgante, que está en espera, purificándose en la antesala, para acceder al Cielo (el cual ya lo tiene aseguro), y la que es militante, los que andamos por esta vida terrena.

A los primeros, nosotros le podemos pedir intercesión, es decir que hagan algo por nosotros, pero por lo que nosotros no podemos hacer nada por ellos, porque no lo necesitan; los segundos, los que están en el purgatorio, esos, en cambio, no pueden hacer nada por nosotros, pero nosotros sí por ellos.

Como dice el segundo libro de los Macabeos: «si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos.» (12,44), y «mandó ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran librados de sus pecados.» (12,45b).

Las almas difuntas no tienen más posibilidad de hacer por ellas mismas que el penar que purga de sus pecados, en cambio, sí pueden ocurrir que gracias a lo que nosotros podemos hacer por ellas, Dios se apiade y las libere de ese estado penoso del purgatorio. Para ello existen las indulgencias y las oraciones específicas por los seres difuntos. Sobre las indulgencias pueden AQUÍ encontrar como llevarlas a cabo.

Estos hermanos nuestros, difuntos del purgatorio, aunque ahora no puedan hacer nada por nosotros, en su día, cuando lleguen al cielo y estén ante el Señor, ellos podrán en agradecimiento por nuestras intercesiones e indulgencias por ellos, correspondernos, e interceder por nosotros, y es más, saldrán a nuestro encuentro cuando muramos.

Santa Catalina de Siena decía que las almas del purgatorio que han sido libradas de sus penas nunca se olvidarán de sus benefactores en la tierra e intercederán por ellos ante Dios. Además, cuando esa persona llegue al cielo, ellas saldrán a recibirlo. Además sus plegarias protegen a sus amigos de los peligros y los ayudan a superar dificultades. Santa Catalina de Bologna dijo en una ocasión: «He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas (del purgatorio)».

Esta es la bella comunión de los miembros de la Iglesia, cuya fraternidad nos hace copartícipes y corresponsables de los unos por los otros, para el bien y la salvación de todos. Entre todos los fieles católicos existe una comunicación de dones, llamada «Comunión de los santos». Seguimos unidos a Cristo por el Espíritu Santo, seguimos siendo hermanos, hijos de un mismo Padre.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA