En la liturgia de la misa de hoy, 26 de febrero, en la lectura del evangelio según san Mateo (7,7-12) Jesús nos dice que pidamos, que busquemos y llamemos, porque seremos atendidos por Dios Padre.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,7-12):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
«Para poder pedir con fe, primero tenemos que haber sabido escuchar con la misma fe. Escuchar la realidad, escucharnos a nosotros mismos, escuchar el clamor de nuestros hermanos anteponiéndolo a las propias necesidades… en definitiva, escuchar como Dios quiere. Sólo entonces, desde la obediencia (auténtica escucha) de la fe, podremos invocar a Dios. Quizá tengamos que sabernos y sentirnos realmente solos e indigentes, como sola se sintió Esther[1]; quizá tengamos que fiarnos tanto de Dios como nos fiamos de nuestro mejor amigo, de quien más queremos y nos quiere.
«Y será entonces, cuando pidamos de tal manera que podamos creer que ya se nos ha concedido, pues “si nosotros siendo malos, damos cosas buenas a nuestros hijos, ¡cuánto más nuestro Padre del cielo nos dará lo mejor!”. ¿Acaso no nos lo ha dado ya? ¿Acaso no es un hijo lo mejor que tiene un padre? Nos ha dado a su Hijo y tenemos una Cuaresma por delante para hacernos conscientes de semejante don. Nos ha dado su vida, su humanidad, su muerte y su resurrección… ¿puede dejarnos indiferentes sin provocar en nuestro interior el deseo de responder a tanto amor entregando nosotros la vida?» (Rosa Ruiz, CiudadRedonda)
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[1] Lectura del libro de Ester (14,1.3-5.12-14):
EN aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.
Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».
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Catena Aurea
San Jerónimo
Como el Salvador había prohibido antes pedir las cosas mundanas, manifiesta lo que debemos pedir, diciendo: «Pedid y se os dará».
San Agustín, de sermone Domini, 2,21
Habiendo mandado el Salvador que no se diese lo santo a los perros, ni se arrojasen las perlas delante de los puercos, pudo el que oía, conociendo su ignorancia, decir: ¿Cómo me prohíbes dar lo santo a los perros, cuando no veo que lo posea? Y por ello añade oportunamente diciendo: «Pedid y se os dará».
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
El Salvador había dado ciertos preceptos a sus discípulos, respecto de la oración, diciéndoles: «No queráis juzgar». Y oportunamente añade después: «Pedid y se os dará», como si dijese: «Si observáis esta clemencia con vuestros enemigos, en todo lo que creáis cerrado para vosotros, llamad y se os abrirá». Pedid con oraciones, rogando de día y de noche, buscando con deseo y asiduidad. Porque aun cuando trabajéis sobre el sentido de las Sagradas Escrituras, no podréis alcanzar la verdadera ciencia sin la gracia del Señor, ni alcanzar la gracia si no la buscáis, porque no se conceden los dones de Dios a los que los menosprecian. Llamad por medio de la oración, de los ayunos y de las limosnas. Así como el que llama a una puerta, no llama sólo con la voz, sino también con la mano, así el que hace buenas obras, llama con buenas obras. Pero dirás: «Pido esto mismo, saber y obrar bien. ¿Cómo puedo hacerlo, pues, antes de recibirlo?». Pero haz lo que puedas para que así puedas hacer más, y guarda lo que sabes para que sepas más. Y más abajo, habiendo mandado antes (especialmente a los maestros) que amasen a sus enemigos, y prohibido después que arrojasen lo santo a los perros bajo el pretexto de caridad, ahora les da el buen consejo de pedir a Dios por ellos, que les será dado. Busquen a los que perecieron en los pecados y los hallarán. Llamen a los que están encerrados en los errores y Dios les abrirá, para que su palabra tenga ingreso en las almas de aquéllos. O de otro modo, como los preceptos arriba expuestos eran superiores a las fuerzas humanas, demuestra la posibilidad de su cumplimiento con el auxilio de la gracia de Dios, diciendo: «Pedid, y se os dará», para que lo que no puede hacerse por la humana debilidad, se cumpla por medio de la gracia divina. Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre dispuso de tal forma, que su fortaleza no podía ser otra que el mismo Dios. Y esto lo hizo con el fin de que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar.
Glosa
Pedimos con la fe, buscamos con la esperanza y llamamos con la caridad. Primeramente debemos pedir para alcanzar, después buscar para encontrar, y luego de haber hallado, guardar lo que poseemos para poder entrar.
Remigio
O de otro modo, pedimos orando, buscamos viviendo bien y llamamos perseverando.
San Agustín, de sermone Domini, 2,21
La petición, pues, tiene por objeto impetrar la salud del alma, a fin de que podamos cumplir lo que está mandado. Mas el acto de buscar se refiere a la adquisición de la verdad, pues una vez que se ha encontrado la verdadera vida se llega a su posesión, la cual sólo se abre al que llama.
San Agustín, retractationes, 2,19
Aunque no sin trabajo, he creído oportuno exponer en qué se diferencian estas tres cosas, pero mucho mejor se reducen a la petición apremiante. Por esto, concluye después, diciendo: «Dará sus bienes a los que se los piden», y no añade: «A los que buscan y a los que llaman».
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 23,4
En esto que añade: «Buscad y llamad», dio a entender que debe pedirse con mucha insistencia y con fuerza. El que busca separa de su imaginación todo lo demás y se fija sólo en aquello que busca. El que llama viene con ánimo vehemente y fervoroso.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
Como había dicho: «Pedid y recibiréis», para que los pecadores no dijesen oyendo esto: «El Señor invita a pedir a los dignos y no a nosotros que no lo somos», lo repite para recomendar a justos y pecadores la confianza en la misericordia de Dios. Por eso añade: «Todo el que pide recibe», esto es, ya sea justo, ya pecador, no dude al pedir, para que conste que no se desprecia a nadie, si no se duda del Señor al pedirle alguna gracia. No puede concebirse que Dios, cuando manda la gran obra de caridad de hacer bien a los enemigos, imponga a los hombres el deber de hacer lo que El no hace siendo bueno.
San Agustín, in Ioannem, 44,13
Luego el Señor escucha a los pecadores. Si no oyese a los pecadores, en vano se esforzaría el publicano, diciendo: «Señor, perdóname porque soy un pecador» ( Lc 18,13). Y por esta confesión mereció ser justificado.
San Agustín, sententia 212
Suplicando fielmente al Señor por las necesidades de esta vida, con misericordia nos oye unas veces y con misericordia nos desoye en otras. El médico sabe mejor que el enfermo lo que a éste le conviene. Si pide lo que el Señor desea y promete, se hará enteramente lo que pide, y recibirá la caridad lo que la verdad prepara.
San Agustín, ad Paulinum et Theresiam, epistola 31,1
Bueno es el Señor, quien no siempre nos concede lo que deseamos, para otorgarnos lo que querríamos más, si lo conociéramos.
San Agustín, de sermone Domini, 2,21
La perseverancia es necesaria para alcanzar lo que deseamos.
San Agustín, sermones, 61,6
Cuando el Señor tarda en conceder lo que pedimos hace desear sus dones, pero no los niega. Las cosas que se desean por mucho tiempo se reciben con más gusto, mas las que se obtienen con facilidad cansan bien pronto. Pide, busca, insta. Pidiendo y buscando aumenta el deseo (o crece) para que recibas los dones con más gusto. El Señor te reserva lo que no quiere darte por lo pronto, para que aprendas a desear en gran manera las cosas grandes, por ello conviene orar siempre y no desmayar ( Lc 18,1).
San Agustín, de sermone Domini, 2, 21
Así como dijo antes, tratando de las aves del aire y de los lirios del campo para que la esperanza subiese de lo menor a lo mayor, así ahora, cuando dice: «O ¿quién es de vosotros el hombre?», etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
Para que alguno, considerando la diferencia que hay entre Dios y el hombre, y ponderando sus pecados, no desespere de alcanzar lo que pide y no deje de pedir. Por eso citó la semejanza de los padres y de los hijos, para que si desesperamos por nuestros pecados, esperemos en la bondad de nuestro Padre.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 24,4
Dos cosas son necesarias al que ora: pedir con fervor y pedir lo que conviene, esto es, cosas espirituales. Por eso Salomón obtuvo bien pronto lo que pedía, porque pidió lo que era conveniente.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
Bajo la semejanza de pan y de peces nos manifiesta el Señor qué es lo que debemos pedir. El pan es el Verbo, que nos da noticia del Padre. La piedra es toda mentira, que produce escándalo de ofensa al alma.
Remigio
Por pez podemos entender la palabra de Cristo, y por serpiente el diablo. O bien por pan se entiende la doctrina espiritual, y por piedra la ignorancia. Por pez puede entenderse también la gracia del bautismo y por serpiente la astucia del diablo o la infidelidad.
Rábano
O también el pan, que es alimento común, significa la caridad, sin la cual las demás virtudes nada valen. Pez significa la fe que brota de las aguas del bautismo y que vive en medio de las olas de esta vida que la agitan. San Lucas añade una tercera figura: el huevo, que es la esperanza del animal, y por ello significa esperanza. Opone a la caridad la piedra, esto es, la dureza del odio. A la fe la serpiente, esto es, el veneno de la perfidia. A la esperanza el escorpión, esto es, la desesperación, que pica por la espalda como este animal.
Remigio
Este es el sentido: no debe temerse que, si pedimos a Dios Padre pan, esto es, enseñanza o caridad, nos presente una piedra, esto es, que permita que nuestro corazón sea afligido o por la frialdad de los odios, o por la dureza de la inteligencia, o si pedimos la fe, permita que sucumbamos con el veneno de la infidelidad. De aquí se sigue: «Si, pues, vosotros siendo malo sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos», etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 24,5
Dijo esto, no humillando la naturaleza humana ni declarando malo a todo el género humano, sino, llamando malicia al amor de los padres de la tierra, a diferencia de su bondad, tal es la sobreabundancia de su amor hacia los hombres.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
En cuanto a la comparación de Dios (el único que puede llamarse bueno), todos parecen malos, como en comparación del sol toda luz es oscura.
San Jerónimo
O bien en la persona de los apóstoles se condena a todo el género humano, cuyo corazón está inclinado al mal desde la infancia, como se lee en el Génesis ( Gén 8,21). No debe extrañar que los hombres del mundo sean llamados malos, cuando también el Apóstol recuerda: «porque los días son malos» ( Ef 5,16).
San Agustín, de sermone Domini, 2,21
Llama malos a los que aman este mundo y a los pecadores. He aquí que los bienes que dan, esto es, los temporales, son buenos para sus sentidos, puesto que los tienen por tales, y lo son también por su naturaleza, pero pertenecen a esta vida enferma.
San Agustín, sermones, 61,3
El bien que te hace bueno es Dios. El oro y la plata son un bien, no porque te hagan bueno, sino que con ellos puedes obrar el bien. Siendo, pues, malos y teniendo un Padre bueno, no siempre seamos malos.
San Agustín, de sermone Domini, 2,21
Si siendo nosotros malos sabemos dar lo que se nos pide, ¿cuánto más debe esperarse que Dios nos concederá los bienes que le pidamos?
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
Como el Señor no concede siempre todo lo que se le pide, sino sólo lo que es bueno, por eso añade oportunamente los bienes.
Glosa
De Dios sólo recibimos bienes, aunque muchas veces no los consideramos como tales, pues todo concurre al bien de sus amados.
Remigio
Y téngase en cuenta que donde San Mateo dice: «Dará los bienes», San Lucas dice: «Dará un buen espíritu» ( Lc 11,13). Pero en ello no debe verse contradicción alguna, porque todos los dones que el hombre recibe del Señor se le conceden por medio de la gracia del Espíritu Santo.
San Agustín, de sermone Domini, 2, 22
En las buenas costumbres, que llevan a los hombres hasta la limpieza y simplicidad del corazón, se halla constituida cierta firmeza y valentía para marchar por el camino de la sabiduría. Y después de haber hablado mucho de ella, concluye el Señor diciendo: «Y así, todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos». Nadie quiere que se le trate con doblez de corazón.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
O bien, a fin de hacer nuestra oración más santa, había mandado más arriba que no juzgásemos a los que nos habían ofendido, y habiéndose apartado del orden de su narración para introducir otros pensamientos en ella, vuelve ahora al precepto con que había empezado, y dice: «Todas las cosas que queráis», etcétera. Esto es, no sólo no debéis juzgar, sino todas las cosas que queráis que hagan con vosotros los demás hombres, hacedlas vosotros con ellos, y entonces podréis orar con fruto.
Glosa
El que distribuye todos los bienes espirituales, para que se puedan practicar las obras de caridad, es el Espíritu Santo. Por ello añade: «Todo lo que queráis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos», etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom 24,5
Quiere demostrar que conviene a los hombres impetrar de lo alto el divino auxilio, y que el que de ellos depende se lo concedan mutuamente. Por eso, después de haber dicho: «Pedid, buscad, llamad», enseña claramente que los hombres deben ser solícitos para el bien de sus hermanos, y por lo mismo añade: «Todo lo que queráis», etc.
San Agustín, sermones, 61, 5
El Señor había prometido a los que le pidieren que les concedería sus bienes. Pero para que El conozca a sus mendigos, conozcamos nosotros los nuestros. Dejando de lado, pues, el apoyo en las riquezas que cada uno pueda tener, los que piden son iguales a aquellos a quienes piden. ¿Con qué cara pedirás a tu Dios si no reconoces a tu semejante? Por esto se dice en los Proverbios: «El que cierra su oído al clamor del pobre también él clamará y no será oído» ( Prov 21,13). Qué es lo que debemos conceder al prójimo cuando nos pide para que nosotros seamos oídos por Dios, podemos deducirlo de lo que nosotros queremos obtener de los demás, y por ello añade: «Todas las cosas que queráis», etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 24,5
No dijo simplemente: todas las cosas, sino que añadió: pues, como si dijese: «Si queréis ser oídos haced con aquellos, de quienes os he hablado, esto mismo». No dijo, pues: «Haz con tu prójimo todo lo que quieras que Dios haga contigo», para que no digas: «¿Cómo es posible esto?», sino que dice: «Todo lo que quieras que haga contigo tu compañero de esclavitud, esto mismo debes hacer con tu prójimo».
San Agustín, de sermone Domini, 2, 22
Algunos códices latinos añaden la palabra bienes, lo cual considero añadido como explicación de esta sentencia. Podía preguntarse si interpreta bien esta sentencia aquel que, deseando que otro le haga algún daño, se lo hace él primero, pero es ridículo pensar tal extravagancia. Debe entenderse, pues, que la sentencia es completa, aun cuando no se añade esto. En cuanto a lo que se dice: «Todo lo que queráis», no debe tomarse a la ligera y vulgarmente, sino en su sentido propio. La voluntad no es tal sino en las cosas buenas, pues en las malas se llama propiamente codicia, no voluntad. No porque las Sagradas Escrituras hablen siempre con este rigor de lenguaje, sino que allí donde tienen palabras enteramente propias, no permiten que se entiendan de otro modo.
San Cipriano, de oratione Domim, serm. 6
Habiendo venido el Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, para todos, hizo un gran compendio de sus preceptos, cuando dijo: «Todo lo que queráis que os hagan los hombres, hacedlo vosotros a ellos», y añadió: «Esta es la Ley y los Profetas».
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 18
Porque cuanto han mandado la ley y los profetas en todos los tiempos, se encuentra compendiado en este sencillo precepto como innumerables ramas de un árbol en un solo tronco.
San Gregorio Magno, Moralia 10,6
El que piensa que debe hacer a otro lo que espera recibir de él, debe pensar en que por los males debe volver los bienes, y que éstos debe pagarlos con otros mejores.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 24,5
En lo que se demuestra también que conocemos perfectamente lo que es digno de todos los hombres y que no es posible excusarnos con la ignorancia.
San Agustín, de sermone Domini, 2, 22
Parece que este precepto pertenece al amor del prójimo y no al amor de Dios, puesto que en otro lugar dice que hay dos preceptos en los cuales están compendiados la ley y los profetas ( Mt 22). No habiendo añadido aquí: » Toda la ley » (lo cual añadió allí), reservó el lugar a otro precepto, cual es el del amor de Dios.
San Agustín, de Trinitate, 8,7
La Sagrada Escritura sólo recuerda el amor del prójimo cuando dice: «Todo lo que queráis», porque el que ama al prójimo es consiguiente que ame principalmente al mismo amor. Dios es el amor. Es lógico, por lo tanto, que ame principalmente a Dios.
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