Para pensar un poco

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Al el libro de José Antonio Maria, Dictamen sobre Dios, he hecho- como siempre hago- destacar o entresacar algunas líneas que subrayo, para volver sobre ellas cuando ojee el libro en alguna otra ocasión. Hoy lo hice, y les expongo algunos de sus frases que nos ayudarán a pensar un poco. Con ellas le dejo: 

  • Tomás de Celano nos dice que el mínimo y dulce Francisco de Asís hablaba con las flores como si conociera su secreto. El mundo parece entrar en una decidida esquizofrenia, en un esquizós, en una separación. San Buenaventura, místicos y filósofo, no decía otra cosa cuando decía que la Naturaleza era un “vestigio” de Dios.  (…) “Son abejas que liban en lo visible la miel de los invisible”, afirmó Rilke.

 

  • La presencia de lo invisible es el comienzo de lo sagrado. (…) El gran sociólogo Mx Weber acuñó una frase que hizo fortuna: “La razón ha desencantado lo real.”  (…) Formuló un augurio pesimista:” “En nuestro horizonte no se vislumbran las flores del verano, sino noches polares de una dureza y oscuridad de hielo.”

 

  • Nuestro primer trato con la realidad es afectivo. El mundo se nos anuncia en el sentir, que es una amalgama de percepciones y evaluaciones. Vivimos en una realidad interpretada a través de nuestras necesidades expectativas.

 

  • Los filósofos medievales, por ejemplo San Bernardo y la escuela de San Víctor, hablaban del “infierno de las diferencias”. Si fuéramos capaces de mirar todas las cosas en Dios, las veríamos hermanadas, pero el pecado las independiza, las desvincula, introduce la discordia, el engreimiento, la afirmativa soberbia. El Uno con su dialéctica implacable reducía a la nada la pluralidad.

 

  • Schrödinger, uno de los más brillantes físicos del siglo XX, hombre de gran cultura, resumen la situación: “La ciencia no sabe nada de lo bello o de lo feo, de lo bueno o de lo malo, de Dios y la eternidad. La ciencia es incapaz de explicar mínimamente por qué la música puede deleitarnos. Por lo general la ciencia se proclama atea, lo cual no resulta asombroso. Si su imagen del mundo no contiene siquiera lo azul, lo amarillo, lo amargo, lo dulce, ni la belleza, el placer o la pena, si la personalidad queda convenientemente excluida de ella, ¿cómo podrá contener la idea más sublime que puede concebir la mente humana?” 

 

  • “Me preguntas cómo he sabido que estaba presente. El es vivo y  eficaz, y desde que llega a mí despierta mi alma dormida; muda, enternece y hiere mi corazón, que era duro como una piedra. He reconocido su presencia en el movimiento de mi corazón; en la huida de los vicios y en la represión de las pasiones he reconocido la potencia de su fuerza; en el examen y reprobación de mis faltas ocultas he admirado la profundidad de su sabiduría; en el ligero progreso de mi vida, he experimentado su dulce bondad; en la renovación de mi espíritu he descubierto un poco el rostro de su belleza.” (San Bernardo).

 

  • Interpreto la postura de un agnóstico como Horkheimer, que acabó defendiendo la religión como única defensa contra la lógica terrible del  mundo natural. Wittgenstein también subrayó la importancia de “lo místico”, de lo que está fuera del límite de lo fáctico. Pero ninguno de ellos pensó que se pudiera justificar racionalmente la existencia de Dios. Sólo querían salvarse.

 

  • Los primero cristianos debieron de sentirse muy sorprendidos por la incredulidad de los judíos contemporáneos de Jesús. ¿Cómo es posible que no reconocieran la luz de Dios? La respuesta que se da en los Evangelios es muy clara: “Por la dureza de sus corazones”, es decir, por su falta moral. 

 

  • Parece, pues, que también el cristianismo tiene que invertir el trayecto. No es primero la fe y luego la bondad moral, sino primero la bondad moral y luego Dios dirá. El sermón de la montaña  –ese fascinante texto que tanta admiración produjo a Gandhi–señala el camino. En la versión de Mateo se dice Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios Una afirmación muy parecida a la que se lee en los Upanisadd. “No le conoce la persona cuyo intelecto no es puro. “

 

  • Buscar a Dios se equipara en muchos textos a buscar la bondad. “Buscad al Señor todos los humildes de la tierra. Buscad la rectitud, buscad la humildad..” (Sofonias 2,3)  “Escuchadme, vosotros que perseguís la justicia, y que buscáis al Señor.” (Isaías 5,1 ).

 

  • Ver la propia acción. Como revelación del existir, como determinación libre del existir, al que considera divino, es el modo cristiano de interpretar la realidad. Dios es acción. La influencia del pensamiento griego y romano contaminó, a mi juicio gravemente, el mensaje cristiano. Los griegos convirtieron al Dios cristiano en estático y cognoscitivo. Aristóteles, musa de la teología occidental, decía que la naturaleza de la divinidad era energía sin movimiento, y que la perfección era conocimiento, contemplación. Los romanos pro su parte atraparon al Dios cristiano en su lógica jurídica, e introdujeron la encarnación en una dialéctica infernal de pago de deudas , de redención de cautivos, de justicia conmutativa. La afirmación ontológica del Evangelio “Dios es amor”, se entendió de un modo derretidamente psicológico, como una ñoñez sentimental. Amar es otra cosa. Es, ante todo, actuar. Lo que necesitaba el Dios cristiano no era una teología, sino una teopraxia: un actuar a Dios: San Juan lo dice: ¿cómo sabemos que amamos a Dios? Haciendo el bien.

 

  • Horkheimer remite a la religión y reivindica su momento de verdad como negación del mundo y como memoria del sufrimiento de las víctimas de la historia. Consideraba que en la actualidad el peligro viene de la lógica del dominio, y que la religión era la única institución que mantenía “el inextinguible impulso, sostenido contra la realidad, de que ésta debe cambiar, que se rompa la maldición y se abra paso la justicia”. La religión es el anhelo de lo totalmente otro, de la justicia suprema.

 

  • Durkheim supuso que la principal función religiosa era asegurar la cohesión social.  Que en parte tenía razón lo vemos en el renacer del islamismo, convertido en fuente de identidad cultrual. Berbgson propuso otra idea de gran perspicacia. La razón humana es egoísta y, por lo tanto, peligrosa para la convivencia. La religión aparece como medio para salvar a las sociedades, infundiéndoles la necesidad de colaboración y generosidad.