Mujeres acompañaban a Jesús en la predicación del Reino

El evangelio Lc 8,1-3  de la liturgia de hoy, 19 de septiembre, nos cuenta que,  en la misión de Jesús de anunciar la buena nueva del Reino de Dios, algunas mujeres no sólo acompañaban a Jesús, también le ayudaban colaborando con aportaciones. Entre estas mujeres cita a tres: María Magdalena, Juana y Susana.

Estas mismas mujeres y algunas otras, se citan también de las que estaban al pie de la cruz: María de Cleofás, Salomé (la madre de los Zebedeos, Santiago y Juan) y María (madre de Jesús).

Las mujeres, como se ve, también formaron parte de la obra evangelizadora. Desde los orígenes, pues, ellas conformaron la comunidad cristiana, y han continuado en la Iglesia hasta nuestros días con una labor fundamental e insustituible: mujeres santas, mártires, doctoras, consagradas, contemplativas, misioneras, fundadoras, haciendo una labor parroquial y pastoral extraordinaria, y como principal trasmisoras de la fe en la familia, la iglesia domestica. etc. Y es más, cabría decir que sin las mujeres la Iglesia no hubiera existido, comenzando por María, la Madre del Señor y de  la Iglesia.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.

 

…oo0oo…

                       

Palabras del papa Benedicto XVI

(Audiencia general, 14 de febrero de 2007)

En síntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera contado con la aportación generosa de muchas mujeres. Por eso, como escribió mi venerado y querido predecesor Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris dignitatem, «la Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una. (…) La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina» Como se ve, el elogio se refiere a las mujeres en el transcurso de la historia de la Iglesia y se expresa en nombre de toda la comunidad eclesial. También nosotros nos unimos a este aprecio, dando gracias al Señor porque él guía a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fructificar su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial, para mayor gloria de Dios.

 …oo0oo…

 

Catena Aurea

 

Teofilacto

El que bajó del cielo, para servirnos de ejemplo y de modelo, nos enseña a instruir sin negligencia. Por esto dice: «Y aconteció después, que Jesús caminaba», etc.
 

San Gregorio Nacianceno

Va de un lugar a otro, no sólo para ganar a muchos, sino para santificar también muchos lugares. Duerme y trabaja para santificar el trabajo y el sueño. Llora para dar valor a las lágrimas. Predica el reino de los cielos, para elevar a los que lo oyen.
 

Tito Bostrense

El que bajó del cielo a la tierra explica a los que la habitan el reino celestial, con el fin de convertir la tierra en cielo. ¿Quién puede predicar el reino, sino únicamente el Hijo de Dios, a quien este reino pertenece? Habían venido muchos profetas, pero no predicaron el reino de los cielos; porque ¿cómo pretenderían hablar de lo que no habían visto?
 

Isidoro Abad

Este reino de Dios creen algunos que está más alto y que es mejor que el reino de los cielos. Pero otros creen que es uno mismo en cuanto a la esencia, aun cuando se expresa de diverso modo. Algunas veces se le llama reino de Dios, a causa de su Rey, otras veces se le llama reino de los cielos, a causa de los súbditos, los ángeles y los santos, que se llaman cielos.
 

Beda

Como el águila que excita a volar a sus polluelos, el Señor eleva suavemente a sus discípulos hacia las cosas sublimes. Pues primeramente enseñó en las sinagogas e hizo milagros. A continuación eligió a los doce, que llamó apóstoles. Después los llevó a ellos solos, predicando por las ciudades y aldeas. Por esto sigue: «Y los doce con El».
 

Teofilacto

No enseñando ellos ni predicando, sino siendo instruidos por El. No impedía tampoco que las mujeres lo siguiesen. Y por esto añade: «Y también algunas mujeres que había El sanado de espíritus malignos y de enfermedades: María que se llama Magdalena, de la cual habían salido siete demonios».
 

Beda

María Magdalena es aquella misma de quien dijo en el capítulo precedente, callando su nombre, que había hecho penitencia. Con toda oportunidad el evangelista la da a conocer con este nombre, cuando dice que seguía a Jesucristo. Pero cuando la describe como pecadora (pero penitente), la llama solamente mujer, para no empañar un nombre de tanta fama con el recuerdo de los pasados extravíos, de quien se dice habían salido siete demonios, significando que había tenido todos los vicios.
 

San Gregorio in Evang. hom. 33

¿Qué se entiende por siete demonios, sino todos los vicios? Pues como en siete días se presenta todo el tiempo, así el número siete representa la universalidad. María tuvo siete demonios, porque había cometido toda clase de pecados.

Prosigue: «Y Juana, mujer de Chusa, procurador de Herodes y Susana, y otras muchas; que le asistían de sus haciendas».
 

San Jerónimo in Mat. 27, 55

Era costumbre entre los judíos, y no incurrían en pecado según se hacía antiguamente, que las mujeres diesen de comer y vistiesen de su propio peculio a los que las instruían. San Pablo refiere ( 1Cor 9) que abolió esta costumbre porque podía escandalizar a los gentiles. Asistían de sus bienes al Señor para que recibiese de ellas las cosas temporales, mientras ellas recibían de El las espirituales. No porque el Señor necesitase comer a costa de sus criaturas, sino para ser el modelo de los maestros, los cuales deben contentarse con el alimento y el vestido de sus discípulos.
 

Beda

María quiere decir mar amargo 1, por el rigor de su penitencia; Magdalena quiere decir torre, o mejor dicho, la de la torre, a causa de la torre, de la que se dice ( Sal 60,4): «Tú eres mi esperanza, la torre de la fortaleza contra mi enemigo»; Juana quiere decir el Señor es su gracia o misericordioso, porque de El es todo cuanto nos mantiene. Y si María, una vez purificada de todas sus culpas, representa la Iglesia de los gentiles, ¿por qué Juana no ha de representar la misma Iglesia, en otro tiempo dedicada al culto de los ídolos? Porque todo espíritu maligno, mientras trabaja por el imperio del diablo, es semejante al procurador de Herodes. Susana quiere decir lirio o su gracia, por el candor oloroso de la vida celeste y por la caridad de oro de su amor interno.

 

Notas

  1. La derivación científica del nombre, a pesar de muchos ensayos de explicación, sigue siendo incierta. Algunos estudiosos opinan que puede significar: ser contumaz; ser corpulento; «amada de Yahveh»; «la vidente»; «señora»; «elevada» o «excelsa»; etc. La explicación de «estrella del mar» es resultado de una corrupción del texto: el latín stilla maris, traducción jeronimiana del hebr. miryam, fue desfigurado en stella maris. (Haag-Van den Born-Ausejo: Diccionario de la Biblia)

 

 

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.