La responsabilidad de los malos

Que sepan todos aquellos que practican el mal, que lo incrementan.

Nuestras acciones moralmente malas no son inocuas; dañan y perjudican, a nosotros mismos y a los demás.

La gente que practica el mal, perversa, son promulgadores del mismo; contaminan a modo de polución el ambiente, posibilitan el contagio de su enfermedad a los demás, por influencia y ósmosis, según la proximidad, por ejemplo que arrastra a un mimetismo dañino, y porque posibilitan que los poderes del Mal se manifiesten, que los espíritu inmundos, demoníacos, enemigos del bien, la paz, el amor, desplieguen a sus anchas de capacidad de influencia, pervirtiendo el mundo y haciéndolo invivible.

De modo que quien se comporta mal da cancha al Mal, posibilita que se desatan sus fuerzas, con lo que ello supone… Lo que supone a la vista está: la decadencia moral que tiene lugar hoy día, y que se traduce en un aumento exponencial de la corrupción, la criminalidad, la ruptura de la convivencia, la división y el enfrentamiento; hablando en términos generales, pero en concreto, pueden coger las cifras que se dan de suicidios, abortos, atracos, violencia asesina, violaciones, agresiones sexuales de todo tipo, xenofobia, ataques a la religión, asaltos y quema de iglesias…; en fin, una retahíla de consecuencias desastrosas a la que se podrían añadir muchas más. Todo ello fruto de las fuerzas destructivas que anidan en medio de nuestras sociedades, fruto en gran parte del pecado de muchos; cuyo primer y original desencadenante fue en la sociedad del paraíso terrenal, donde se dio la primera «bienvenida» a la presencia del Mal, en forma de serpiente, accediendo gustosamente a la seducción (=des-encaminar, engaño); es decir, que el «padre de la mentira» (que así se le denomina al príncipe de las tinieblas) pudiera irrumpir en medio de nosotros hasta llegar hoy día a lo que ya advierta Jesucristo, el Señor, desenmascarando de esa realidad perversa presente y operante, diciendo que el mundo yacía bajo el poder del Maligno.

¡Cuidado con aquellos que se alían cual secuaces del mal! ¡Ay, de su responsabilidad!

 

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