La obsesión contra el cristianismo

En España es ya una constante el hostigamiento a aquello que tenga una relación con lo cristiano, y más específicamente contra lo católico. Y esto es algo que sucede en el mundo cada vez con mayor profusión.

Después de la eliminación de signos como cruces en varias poblaciones en plazas o lugares públicos; ahora la quiere emprender con la cruz del Valle de los Caídos. ¡Es demasiado hermosa y llamativa! A esto hay que añadir el propósito del gobierno social-comunista de revisar los acuerdos con la Santa Sede.

La Iglesia española es de mutismo en todo, de hasta un servilismo (solo hay que pensar en la actitud de obediencia sumisa al Gobierno cuando decidió que no se aceptara enterrar a Franco en la tumba de la cripta de la catedral de la Almudena, siendo esa tumba de propiedad de la familia Franco).

El pretender destruir esta cruz, extraordinariamente bella y la mayor del mundo, que como un globo sonda vienen lanzado desde hace más de dos años, como macerar a la opinión pública. Tal vez porque resulta esa acción destructiva algo feo e incompresiblemente.

Pero, en fin, aunque este hecho destructivo les va a costar, ya se apañarán para convencer a la gente del fin positivo de una acción tan inasumible. Ya saben… los políticos siempre se las “ingenian” para conseguir sus propósito: rebuscarán argumentos (qué no han de faltar) para salirse con la suya.

Ya hace tiempo, dos años, pretendieron eliminar las misas de los domingos de la cadena 2. La fuerza de la evidencia de los hechos (de ser la programación más vista de ese canal), el bajo coste y el que esta televisión esté destinada a un servicio público sin buscar refrendos de otro tipo ni multitudinario, fueron, junto con la respuesta de los católicos que se conectaron en esas fechas elevando aún más la audiencia, los motivos que paralizaron tan injustificado despropósito.

Otra signo de esta inquina al catolicismo es la ley Celaa, para seguir echando la educación la formación de los colegios privados y concertados, mayoritariamente con ideario de valores cristianos, y sustituirlos por colegios públicos.

Por otro lado, existen todo tipo de leyes contra las fobias, excepto para las que van dirigidas contra la fe religiosa católica. La prácticamente nulo amparo de las leyes por las ofensas religiosas, llenas de burlas y blasfemias, que se dan en espectáculos, exposiciones, declaraciones, etc.; en cambio, se realizas algunas declaración afirmando tu posición contraria a ciertas ideologías (sobre todo del ámbito sexual), te pueden aplicar, ahora sí, ese vaga y subjetiva “ley del odio”, que es como un arma descontrolada en manos de un poder coactivo.

Otro hecho: la legislación con contra de las personas pro-vida (de extracción católica), a los que se les amenaza con la cárcel, por “manifestarse” silenciosamente o rezando en las cercanías de las clínicas abortistas, o por asesorar o dar su apoyo a las mujeres que no esté su ánimo abortar.

Este intento de paulatinamente hacer desaparecer la importancia e influencia del cristianismo en nuestras sociedades es algo que se viene haciendo desde que los enemigos de Cristo han accedido, directa o indirectamente.

Terminamos este breve artículo con una dado curioso: hace unos poco años —ya entrado este sigo— se edificó un obelisco en la plaza de la Castellana de Madrid. Hay quien dice que tras él anduvo esa organización anticristiana -la Masonería-, en un intento simbólico por alzar por encima de monumentos cristianos, como en este caso la cruz de la catedral de Madrid -—que mide 73 metros de alta—, por el obelisco —que tiene 92 metros—. Nadie sabe qué significa ni qué pinta ahí ese monumento, de simbología nada española, pero ahí está. Se rumorea que con la cruz del Valle de los Caídos (Ahora Cuelgamuros) se pretende transformarla en un obelisco, lo que se conseguiría con tan solo amputar los brazos.

Cosas de estas  —martirios, martirios de símbolos sagrados— se van a suceder cada día más. Debemos estar preparados para sobrellevar tanta ofensa y no perder la esperanza.

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