Se ha convertido en una posición muy extendida entre el Alt-Right que la culpa por la pérdida de la identidad y la lealtad al grupo e incluso del auto-sabotaje de las sociedades occidentales es el resultado (el resultado inevitable, como sostienen algunos incluso) del cristianismo.Algunos de los que sostienen este punto de vista llegan incluso a intentar resucitar o al menos extraer ciertos elementos de las religiones precristianas de Europa. Sin embargo, considero que este punto de vista es erróneo y está basado en un horizonte histórico que se remonta en el pasado a apenas hace un siglo.
Tengo que discrepar con que la autodestrucción de Europa y de Occidente en general tengan algo que ver con un «puro altruismo cristiano».
Los europeos y sus primos coloniales eran mucho más cristianos en el pasado de lo que lo son hoy en día o de lo que lo han sido durante los últimos cien años… y sin embargo es precisamente en el transcurso de este período reciente (un período caracterizado por un agnosticismo creciente y una continua deriva lejos de la enseñanza de la doctrina cristiana, culminando en una política que la Iglesia Católica califica ambiguamente como «ecumenismo» y en un Occidente predominantemente irreligioso) cuando se han abierto las compuertas.
Más de una vez en la historia fue precisamente el pegamento del cristianismo el que unió a los europeos para repeler las invasiones de fuera de Europa.Es muy difícil imaginar que Jan Sobieski hubiese llevado a su ejército a Viena para unirse a la batalla contra los turcos o que los francos hubieran acudido en ayuda de los griegos en la primera cruzada si alguno de ellos hubiera permanecido pagano. Ciertamente, los paganos griegos y romanos no veían a sus colegas europeos como «compañeros». Eran bárbaros para ellos. A sus ojos, mucho más civilizados eran los persas y los mesopotámicos.
El concepto de Europa como entidad distinta sólo fue posible gracias a la aceptación y el crecimiento del cristianismo.
No fue de las iglesias cristianas ortodoxas (orientales u occidentales) que fue engendrada la enfermedad actual de la mente occidental. Más bien provino de la proliferación de ideologías izquierdistas, nacidas de las herejías cristianas –perversiones de la Fe-, que principalmente se extendieron primero entre el clero laico de la Iglesia y que tarde o temprano dejaron totalmente de lado la noción de una deidad, manteniendo y continuando desarrollando sus propios dogmas pervertidos al mismo tiempo. Es este desarrollo el que nos ha llevado a nuestras actuales circunstancias. Pero esta parafernalia cristiana es sólo eso: parafernalia. Estas ideologías no son más genuinamente cristianas que el paganismo fabricado por los nazis reflejaba genuinamente las religiones antiguas de sus antepasados precristianos.
Estos dogmas materialistas no reconocen la igualdad universal de las almas, porque no reconocen la existencia de almas en primer lugar.En cambio, exigen la igualdad universal de los cuerpos vivos y eso exige la muerte de una doctrina cristiana fundamental, el principio de subsidiariedad. Esto exige la muerte de la localidad y del carácter distintivo de las culturas, las lenguas, la raza y hasta del género. Todo debe fusionarse junto, todo volverse fluido.Todo lo que es exclusivo debe ser compartido, todo lo separado debe ser combinado. El cristianismo nos dice que las distinciones naturales como estas son el resultado de un acto de creación intencional por parte de una deidad omnisciente y amorosa, y que, por lo tanto, estas distinciones representan algo que debemos celebrar y por lo cual debemos dar gracias. La ideología izquierdista que asalta estas diferencias tacha todo lo distintivo como un accidente, y uno que podría ser y, de hecho, debería ser remediado por la intervención humana.
El logro de este objetivo satánico requiere la construcción de una institución universal, totalitaria y temporal para llevar a cabo la transformación. En otras palabras, un gobierno mundial. Nuestros adversarios están ocupados en erigir afanosamente una verdadera Torre de Babel, y están sentando las bases aquí mismo, en nuestros países de origen. Un proyecto inherentemente no cristiano.
Desde los jacobinos de los siglos XVIII y XIX hasta los nacionalsocialistas, los fascistas y los bolcheviques del siglo XX, los izquierdistas han tratado de crear la igualdad rompiendo la desigualdad por la fuerza. Las poblaciones nativas de Europa son hoy mucho menos distintas de lo que lo eran en el pasado, y gran parte de esta evolución fue causada por la fuerza física. Pero donde primero fracasó el logro de la uniformidad por la erradicación del otro, la izquierda ahora busca la uniformidad por la auto-inmolación.
No es el cristianismo lo que ha hecho que los europeos se corten sus propias gargantas, es la inversión del cristianismo. Al rechazar la doctrina cristiana, es decir, al rechazar la naturaleza espiritual del cristianismo, lo que queda es un sentimiento sin contexto. El anhelo de la igualdad en un mundo físico desigual y la expiación de un pecado original sin un salvador que lo lleve fuera o un Padre espiritual que lo perdone. ¿Cómo expiar el pecado en ausencia de un reino espiritual?
Las acciones de los izquierdistas han respondido a esta pregunta para nosotros: por la extirpación del pecador.Todo ha sido transformado en su cabeza. Y si ellos tienen su camino, todo lo que es bueno y hermoso y distintivo en el mundo será molido, pulverizado, y arrojado al olvido.
Un reino está a las puertas. Pero no es de Dios. Y sus príncipes son Legión.