El progresismo y la cosmovisión cristiana

Parlamento europeo y el Vaticano

Como invisibles capas tectónicas de continentes que se mueven sin que apenas las percibimos, excepto en los roces puntuales, que derivan en algún movimiento telúrico, así ocurre entre estas dos ya visiones fundamentalmente de la realidad humana del mundo occidental, dos paradigmas que se alinean y que de forma irremisible van a chocar. 

El progresismo: que no es sino una prolongación del modernismo de hace sigo y medio, y en el que se concitan fuerzas de izquierdas y también liberales. Es una visión de la vida que desprecia cualquier verdad susceptible de poder restringir el cumplimiento del deseo y de un materialismo que no conoce límites sino que el de momento impida superar la ciencia; de modo, que todo es cuestión de tiempo para llevar cabo cualquier realización al margen del bien o del mal moral. De manera que sería imposible cualquier posible conciliación con la cosmovisión cristina, ya que esta, a diferencia de esta tiene una moral definida, de derecho divino, y que podría dialogar con cualquier otra visión, peor el progresismo o modernismo, carece de moral, ni la ley moral natural podría ser lugar de encuentro, pero no, hasta esta moral o ética, la ven más cristiana que suya.

De modo que llegados a este extremo o posicionamiento materialista de estar plantados en la realidad, de vivir o enfocar la vida; donde lo realizable se realiza según apetezca, a deseo, sin nada, principio o verdad, a la que sujetarse; todo lo que tenga marchamo de verdad estable, perenne, transmitida, heredada del pasado, aportada por la tradición, o el orden natural, queda inútil e inservible, desechable, y cualquier intento en este sentido por reivindicar verdades indeclinable, perdurables en todo tiempo y lugar para toda la especie humana, incluida la ley natural, será ninguneado, combatido, eliminado.

Y en estas nos encontramos: el modernismo de antaño, ahora ultramontano se ha tornado en progresismo: es decir, una apisonadora que no va a dejar nada pino por delante. El único obstáculo real y verdaderamente serio es la Iglesia de Cristo, la que se mantenga fiel. No hay ninguna otro planteamiento vital, cosmovisión o paradigma, ya, hoy día, que se mantenga firme ante el progresismo rampante, por el que han optado todos los posiciones políticos y sociales, todos los gobiernos del mundo —excepto algunos reductos— en la configuración de sus leyes: todo lo que el saber-poder nos permita hacer se hace, para satisfacción de nuestros deseos. 

De modo que la religión cristiana —porque ninguna otra, ni el islamismo, ni el hinduismo ni el budismo, etc., religiones sin Dios persona, abstracto, y sin  confrontación con la racionalidad— pueden y plantearan batalla o resistencia alguna —se está convirtiendo en la piedra en medio del camino, el obstáculo o katéjon que mencionaba san Pablo—.

Vean la batalla planteada contra la cosmovisión cristiana en estos mismos momentos:

  • El parlamento europeo aprueba como un derecho el aniquilamiento —aborto— de un ser humano; un acto destructivo, para el que no hay posibilidad de objeción de conciencia.
  • El parlamento español aprueba —como el séptimo (y los que le seguirán)— la ley de eutanasia, es decir, el que se pueda matar (así de simple) a una persona, a capincho; sin cuidados paliativos.
  • El mismo parlamento español se halla en proceso de tramitación de una ley —ley trans— que permitirá a niños de 12 añitos cambiarse el sexo de manera irremisible, artificialmente, según les parezca. Otras leyes como Ley educativa o Ley de Infancia y adolescencia, buscan adoctrinar y manipular a los niños en ideologías como las de LGTBI+, así como hacer saltar por los aires la autoridad de los padres y la familia.
  • De la persecución de los cristianos y el cristianismo en todo los prácticamente sitios del mundo, de alguna u otra manera, más o menos cruenta, es una realidad tremenda a la que no se presta atención alguna. Es una manera de acabar con el katéjon, el combatirlo a sangra y fuego o amedrentarlo al nivel que sea.

En todo esto y más el Maligno influye para llevar a cabo su propósito: un mundo de tinieblas, del que él será el príncipe. En el momento actual las tinieblas o espíritu del tiempo se llaman progresismo.

«No equipararse a la mentalidad del mundo», «actuar con la verdad es costoso, porque en el mundo hay quienes eligen la mentira», dice el papa León XIV.

Recordemos que la «herejía del modernismo», que en su día fue condenado por la Iglesia en repetidas ocasiones y especialmente por el papa san Pio X en la encíclica Pascendi, pretendía que la doctrina cristiana fuera acomodada al pensamiento moderno; provocando  errores filosóficos como el subjetivismo y el agnosticismo.  Un intento de reformulación de la fe para adaptarla al hombre moderno, para hacerla más atractiva, pero  a cambio, renunciar a la verdad, a la doctrina de nuestro credo.

Pueden leer este artículo interesante sobre la enchica del papa Pio X:  «Las tres advertencias de la Pascendi»

 

«Hermanos: Puesto que ustedes han aceptado a Cristo Jesús, el Señor, vivan como verdaderos cristianos: permanezcan arraigados y cimentados en él, con fe firme, como se lo enseñaron a ustedes, y en continua acción de gracias. (…)  Que nadie los vaya a engañar con teorías y razonamientos falsos, que se fundan en tradiciones meramente humanas y en valores de este mundo, pero no en Cristo.» (Col 2,6-8).

 

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