El poder de la Gracia

En la novela de Graham Green “El poder y la gloria”, se narra una historia durante la Guerra Cristera de México, allá por el 1930;  el protagonista es un peculiar sacerdote, un tanto abandonado, excesivamente aficionado al alcohol y que ha dejado encinta a una de sus feligresas. Un personaje nada ejemplar y mucho menos para su condición. Tipo tan vulgar, tan mediocre, que sus pecados mortales no provocan otra cosa que burlas e indiferencia, y él lo sabe. Pero, en esta des-gracia de ministro de Dios, y aunque cueste creerse, habita, como en un templo en ruinas, el Espíritu Santo. Desde fondo del alma de esa ruina humana se abre paso la gracia divina, para utilizar el pecado y mover al arrepentimiento, y así redimir a esa persona consagra con el sacrificio de su vida.

 

Les dejamos con unas inspiradas reflexiones del escritor y periodista francés François Mauriac:

“Existe la naturaleza corrompida y existe la Gracia omnipotente; existe el hombre miserable, que no es nada, ni aun en el mal, y este misterioso amor que se apodera de él en lo más intenso de su ridícula miseria y de su irrisoria vergüenza, para convertirle en un santo y en un mártir”.

“Este sacerdote borracho, impuro y tembloroso delante de la muerte, da su vida sin perder, ni por un solo instante, el sentimiento de su bajeza y de su vergüenza. Si alguien le dijese que es un santo, creería que se burlaban de él. Está milagrosamente preservado del orgullo, de la suficiencia, de la satisfacción de sí mismo”.

“La Pasión se renueva en esta víctima, elegida entre los despojos humanos; repite lo que Cristo hizo”.

“Lo que deslumbra a Graham Green es esta presencia oculta de Dios en un mundo ateo, esta circulación subterránea de la Gracia. Si existe un cristiano al que el derrumbamiento de la Iglesia visible no turbaría, es este Graham Green a quien oí en Bruselas, antes millones de católicos belgas atónitos, evocando la idea del último papa para una Europa totalmente descristianizada, al que veía haciendo cola ante una comisaría, vestido con una gabardina manchada y llevando una maleta de cartón en la mano”.

 

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