El ser humano es un ser naturalmente religioso (I)

Somos religados, ontológicamente hechos vinculados al Creador, pues hemos salido de su “factoría”, creados a su imagen y semejanza; su presencia nos habita, constituyéndonos en templos suyo, y su voluntad se deja sentir en la voz de la conciencia.

Así como hemos sido creados con unas características que nos son propias, como la inteligencia, la voluntad, la memoria, también se nos ha dado la conciencia -ese requerimiento a determinarse por lo bien, lo justo, lo honrado, etc.- y la apertura a la trascendencia, a la relación con Dios. Todo ello se halla naturalmente inscripto ontológicamente en ser humano.

El que el hombre sea un ser teologal, religioso, no es algo que lo diga  la teología, la filosofía, la historia, la ética…, sino que también lo dice el sentir común de la gente y la práctica generalizada desde que el hombre es hombre:  “El hombre es naturalmente religioso  -como probó Durkheim estudiando las tribus más primitivas, más “incontaminadas”, de Australia –  pero puede ser culturalmente ateo. Nosotros somos como un tapón, que no tiene sentido sin una botella.” (A. Bentue)

Aunque en estos últimos tiempos, las fuerzas del mal, a las que muchos hombres, como secuaces, se prestan a colaborar en el empeño de esa verdad constitutiva del ser humano. Hoy día se está dando un autentico proceso de demolición de la naturaleza humana, de su conciencia, de su esencia, de su alma. Es decir, si el hombre es moral y religioso por naturaleza, la pretensión y el objetivo de quienes pretenden acabar con esa obra creada, es lo que hoy se está llevando a cabo: negar la naturaleza humana y su ordenamiento.

Hoy más que nunca la figura del anti-Hombre, del anti-Cristo, se ha erguido presente, mostrándose especialmente activo, tratando de desvincular al hombre del Hombre, al ser humano de su modelo ejemplar y definitivo, según el cual fue creado.  

 

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