El hombre bestializado

Llegará el momento en que el hombre se quedará sin ley, es decir, sin norma de conducta, o por ser más contundentes y claros, sin conciencia, sin resonancia de la Presencia en su imagen y semejanza, pues habrá sido «desnaturalizado», enajenado de su ser, habrá perdido su identidad más íntima, verdadera y eterna, que le constituye como persona. El ser humano está siendo desprovisto de su vocación espiritual para convertirle en un ser lobotomizado. Será la hora del hombre bestializado.

A este hombre San Pablo lo denomina «ánomos», sin «nomos», (etimológicamente, la palabra griega anomía, [de á-nomos] significa literalmente falta de ley, negación de ley, sin ley);  es decir, sin moral, el hombre de pecado, de la iniquidad, el impío (2 Tes 2, 8); hace referencia al Anticristo.

El actual hombre occidental, vanguardia del mundo, camina cada vez más en esa dirección. De la semblanza de este hombre de hoy día, podríamos colegir que nos halamos ahora probablemente el plasmación más evidente de esa realidad jamás acaecida a lo largo de la historia. De modo que esa figura siniestra de que habla San Pablo encuentre un albergue idóneo para hacer acto de presencia. Hata ahora nunca se ha dado esa propiaciación, pues tal vez el llamado obstáculo («katejon») que se lo impedía su manifestación era esa conciencia y ley moral natural. 

Tristemente, como venimos previendo, en todos nuestros artículos expuestos en la sección de Profética, «suenan a tambores…» en lo que respecta a la aparición del hombre sin ley, sin naturaleza creada, sin ley natural-divina, sin moral, sin conciencia, …el rebelde, la bestia (=Bestia de Ap 13).

Sinceramente pensamos que estos son los tiempos en que se van a dilucidar grandes e importantísimas cosas para la Humanidad, presente y futura.

Estemos atentos al curso de los acontecimientos y a lo que está probablemente pronto por acaecer. ¡Velad!

Mantengámonos fieles al Señor y firmes en la fe, contra viento y marea, contra contradicciones, provocaciones, apostasías,  persecuciones y tribulaciones.

ACTUALIDAD CATÓLICA


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