El grano de mostaza de la fe

sanpedromalaga

     “En verdad os digo que si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: `Vete de aquí allá´, y se trasladaría; nada os sería imposible” (Mt 17,20-21). 

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           Dentro de sí oyó clara una voz:

           Francisco, si tienes fe como un grano de mostaza, dirás a esta montaña que se traslade, y se trasladará.

           Señor respondió él, ¿cuál es la montaña que quisiera trasladar?

           La montaña es tu tentación volvió a oír.[1]

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Por mucho que vayamos a gimnasios -tan de moda hoy día- nuestra musculatura espiritual -que es la que verdaderamente importa- no va a mejorar y superar las dificultades que se nos presenten día a día. Estas dificultades no son otras que, como vemos en el dialogo franciscano, las tentaciones: la concupiscencia o inclinación a optar por el mal, por aquello que perjudica nuestra salud espiritual o del alma, que desvirtúa nuestra calidad de personas y compromete el destino eterno de nuestra vida.

Para mantenerse en forma, de manera que podamos superar esas dificultades que nos surgen a cada paso en nuestro trascurrir cotidiano, hay que vivir vitalizados con la fe. Solo ella tonifica la musculatura para hacer frente a las tentaciones. Y ella es gracia, poder que Dios nos otorga para afrontar los obstáculos espirituales que impiden el paso a nuestro bien obrar. “Confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las tentaciones del diablo” (Ef 6,10).

Estos es para los escépticos o no creyentes: aquí es dónde se comprueba real, práctica y palpablemente la existencia de Dios: su acción se nota en resultados concretos: en el de la mover la montaña de lugar. Quien quiera comprobarlo, puede hacer -es gratuito-: Dios se ha comprometido en asistir a aquel que quiera su ayuda, para evitar caer en la tentación y evitar el mal.

Nosotros, por nuestras propias fuerzas, no podemos superar esos escollos éticos, espirituales, que se nos presentan a cada paso; solo con la ayuda de Dios, de la fe, podemos sortearlos. “Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza. Con gusto, pues, me glorié en mis debilidades para que more en mí el poder de Cristo.” (2 Cor 12,9). “Dios ha dispuesto que combatamos más con la plegaria que con nuestras fuerzas”  (San Agustín[2]).

 

 Dichoso el hombre, cuyo auxilio está en Ti (Sal 84,6).

 No temas ni te asustes, porque Yavé, tu Dios, está contigo dondequiera que vayas. (Jos 1,9).

Confía en Yavé de todo tu corazón, / y no te apoyes sobre tu propia prudencia. (Prov 3,5).

            Velad y orad, para que no caigáis en tentación(Mt 26,41a).

 

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[1] CASAS, V.: Francisco de Asís, Paulinas, Madrid, 1983.

[2] Contra Iulianum 6,15: PL 45,1535.

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