Cual corderos en medio de Lobos

El Evangelio de ayer ( según san Lucas (10,1-12)), comenzaba diciendo:

«En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.«

Es obvio que en el camino de la fe, al vivirla y tesmoniarla, nos exponemos a todo tipo de peligros, físicos y espirituales. Jesús, sabedor como nadie de ello, nos avisa aquí como en otros momentos de los evangelios, de los riesgos que implican el ser de los suyos.

No vamos a hablar del tema tan actual y tan en crecimiento de ser atacados por la cristianofobia imperante, y que tan dolorosamente padecemos los cristianos en todas las partes del mundo. No queremos referirnos a ésta, la cual tratamos y trataremos en otros momentos, sino a la de ser corderos junto a gente que tiene comportamientos de lobos.

Al igual que el Cordero, Jesús, que fue llevado al matadero para remisión de los pecados; como el cordero degollado que en la tradición judaica se ofrecía para con sus sangre redimir las culpas el pueblo; de modo parecido, hemos de ser nosotros en nuestras vidas de seguidores de Cristo. Es decir, que con nuestra mansedumbre, padecimiento, capacidad de aguantar pacientemente, etc., cargaremos sobre nosotros los comportamientos brucos, maleducados, agresivos, injustos, egoístas, etc., de las personas que nos rodean, que han perdido su cualidad humana para animalizarse.

Cuando alguien nos falta al respeto, no olvidamos que ése es el momento que debemos compartir con Jesús. Es un momento privilegiado para asemejarnos al Señor, que fue humillado, ofendido, maltratado,  golpeado, burlado, ofendido, abofeteado,… y perdonar y poner la otra mejilla. Los clavos de la cruz son los defectos del prójimo con los que hay que dejarse atravesar, cada día.

Esta es la actitud de los corderos cristianos, y que con ello santifican el lugar y el ambiente en que están, neutralizando el mal,  a base de poner bien. !Cuántos hogares, por ejemplo, han sido salvados de romperse por esta tipo de personas!

 

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