En el Evangelio (Lc 21,34-36) de la misa de hoy, 29 de noviembre, Jesús pide que velemos y oremos, que llevemos una vida santa, ante el final de los tiempos que en algún momento puede acontecer y quién dice que este sea ese momento (y siempre será el particular de cada cual, cuando muere).
La oración constante es la que nos hará estar atentos y dispuestos a lo que ha de venir: el momento decisivo de estar en presencia del Hijo del hombre, Cristo, ante quien todos hemos de comparecer.
“Es la oración la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Especialmente cuando sentimos que nuestro entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la centra en lo que importa, en el propósito de la existencia.” (Papa Francisco).
Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,34-36:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre’‘.
Dada la insistencia que Jesús en varios momentos de los evangelios nos pone en aviso, advirtiéndonos de que estemos preparados, en vela, nos indica bien a las claras de la gravedad de ese momento que ha de acaecer, tarde o temprano. Hay, pues, que reflexionar seriamente si estamos viviendo según Dios quiere, vigilantes, orando en todo momento, prestando atención a los signos, y viviendo en gracia y santidad.
…oo0oo…
Palabras del papa Francisco
(Ángelus, 28 de noviembre de 2021)
El Evangelio de la Liturgia de hoy, primer domingo de Adviento, es decir, el primer domingo de preparación para Navidad, nos habla de la venida del Señor al final de los tiempos. Jesús anuncia acontecimientos desoladores y tribulaciones, pero precisamente en este punto nos invita a no tener miedo. ¿Por qué? ¿Porque todo irá bien? No, sino porque Él vendrá. Jesús regresará, Jesús vendrá, lo ha prometido. Dice así: “Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc 21,28). Es bueno escuchar esta palabra de aliento: animarse y alzar la cabeza, porque precisamente en los momentos en que todo parece acabado, el Señor viene a salvarnos; esperarlo con alegría incluso en medio de las tribulaciones, en las crisis de la vida y en los dramas de la historia. Esperar al Señor. Pero, ¿cómo levantar la cabeza, cómo no dejarse absorber por las dificultades, los sufrimientos y las derrotas? Jesús nos muestra el camino con una fuerte llamada: «Estén atentos para que sus corazones no se agobien […]. Estén atentos orando en todo momento» (vv. 34, 36).
“Estén atentos”, la vigilancia. Detengámonos en este importante aspecto de la vida cristiana. De las palabras de Cristo observamos que la vigilancia está ligada a la atención: estén atentos, vigilen, no se distraigan, es decir, ¡estén despiertos! La vigilancia significa esto: no permitas que tu corazón se vuelva perezoso y que tu vida espiritual se ablande en la mediocridad. Ten cuidado porque se puede ser «cristiano adormecido» —y nosotros lo sabemos: hay tantos cristianos adormecidos, cristianos anestesiados por la mundanidad espiritual— cristianos sin ímpetu espiritual, sin ardor en la oración, que rezan como papagayos, sin entusiasmo por la misión, sin pasión por el Evangelio. Cristianos que miran siempre hacia adentro, incapaces de mirar el horizonte. Y esto nos lleva a «dormitar»: a seguir con las cosas por inercia, a caer en la apatía, indiferentes a todo menos a lo que nos resulta cómodo. Y esta es una vida triste, andar así… no hay felicidad allí.
Necesitamos estar atentos para no arrastrar nuestros días a la costumbre, para no ser agobiados —dice Jesús— por las cargas de la vida (cf. v. 34). Los afanes de la vida nos pesan. Hoy, pues, es una buena oportunidad para preguntarnos: ¿qué pesa en mi corazón? ¿Qué es lo que pesa en mi espíritu? ¿Qué me hace sentarme en el sillón de la pereza? Es triste ver cristianos “en el sillón”. ¿Cuáles son las mediocridades que me paralizan, los vicios, cuáles son los vicios que me aplastan contra el suelo y me impiden levantar la cabeza? Y con respecto a las cargas que pesan sobre los hombros de los hermanos, ¿estoy atento o soy indiferente? Estas preguntas nos hacen bien, porque ayudan a guardar el corazón de la acedia. Pero, padre, ¿qué es la acedia? Es un gran enemigo de la vida espiritual, también de la vida cristiana. La acedia es esa pereza que nos sume, que nos hace resbalar, en la tristeza, que nos quita la alegría de vivir y las ganas de hacer. Es un espíritu negativo, es un espíritu maligno que ata al alma en el letargo, robándole la alegría. Se comienza con aquella tristeza, se resbala, se resbala, y nada de alegría. El Libro de los Proverbios dice: «Guarda tu corazón, porque de él mana la vida» (Pr 4,23). Guarda tu corazón: ¡eso significa estar atento, vigilar, estar atento! Estén atentos, guarda tu corazón.
Y añadamos un ingrediente esencial: el secreto para ser vigilantes es la oración. Porque Jesús dice: «Estén atentos orando en todo momento» (Lc 21,36). Es la oración la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Especialmente cuando sentimos que nuestro entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la centra en lo que importa, en el propósito de la existencia. Incluso en los días más ajetreados, no descuidemos la oración. Ahora estaba viendo, en el programa “A su imagen”, una bella reflexión sobre la oración: nos ayudará verla, nos hará bien. La oración del corazón puede ayudarnos, repitiendo a menudo breves invocaciones. En Adviento, acostumbrémonos a decir, por ejemplo: «Ven, Señor Jesús». Solo eso, pero decirle: “Ven, Señor Jesús”. Este tiempo de preparación para Navidad es hermoso: pensemos en el pesebre, pensemos en la Navidad, y digamos con el corazón: “Ven, Señor Jesús, ven”. Repitamos esta oración a lo largo del día y el ánimo permanecerá vigilante. “Ven, Señor Jesús”: es una oración que podemos repetirla tres veces, todos juntos. “Ven, Señor Jesús”, “Ven, Señor Jesús”, “Ven, Señor Jesús”.
Y ahora recemos a la Virgen: ella, que esperó al Señor con un corazón vigilante, nos acompañe en el camino del Adviento.
…oo0oo…
Catena Aurea
Teofiactus
Citó antes el Señor los signos terribles y sensibles de los castigos que vendrán sobre los pecadores; pero contra estos males pone como remedio la vigilancia y la oración. Por esto dice: «Mirad, pues, por vosotros, no sea que», etc.
San Basilio, in serm. super attende tibi
Cada uno de los animales tiene de Dios interiormente los medios que han de contribuir a su propia conservación; por lo que Jesucristo nos ha dado este consejo con el fin de que lo que ellos tienen en su instinto lo tengamos nosotros con el auxilio de la razón y de la prudencia. Así que debemos huir del pecado como huyen los animales de los pastos mortíferos; pero debemos buscar la justicia como buscan ellos las yerbas nutritivas; por esto dice: «Mirad por vosotros», esto es, para que podáis distinguir lo saludable de lo nocivo. Pero como se puede mirar de dos modos, ya con los ojos del cuerpo o ya por la potencia intelectual, y los ojos del cuerpo no pueden conducir a la virtud, ha debido por tanto referirse a un acto de la inteligencia al decir: «Guardaos», esto es, tened circunspección en todo, y que en custodia vuestra esté siempre vigilante la luz de vuestra alma. Y no dice cuidad de los vuestros o de aquellos que están alrededor vuestro, sino de vosotros. Vosotros sois la inteligencia y el alma; y lo vuestro son el cuerpo y los sentidos; en rededor vuestro están vuestros bienes, vuestras artes y lo demás que contribuye a la comodidad de la vida; pero no dice que nos cuidemos de estas cosas, sino del alma, que debe constituir nuestro primer cuidado. Este mismo consejo sana a los que están enfermos, perfecciona a los que están sanos; hace conservar el presente y proveer al futuro; nos impide censurar a los demás y nos induce a examinar nuestras acciones; no permitiendo que la inteligencia se someta a las pasiones, sino sujetando lo irracional al alma racional. Y da la razón de por qué deba obrarse así, diciendo: «No sea que vuestros corazones se carguen», etc.
Tito
Como diciendo: Cuidad que no se oscurezcan las luces de vuestras inteligencias, porque los cuidados de esta vida y la crápula y la embriaguez ahuyentan la prudencia, hacen vacilar la fe, y causan el naufragio.
San Basilio
La embriaguez consiste en el uso exagerado del vino y la crápula es la ansiedad y náusea que causa la embriaguez, llamada así de la palabra griega que quiere decir trastorno de cabeza. Y así como debemos usar de los alimentos para calmar el hambre, así también hemos de usar de la bebida para templar la sed evitando con cuidado los excesos, pues el vino es una bebida falaz; pero el hombre libre del vino será más prudente y bueno; y humedecido por los vapores del vino, queda velado como por una nube.
San Basilio, in regulis brevioribus ad interrogat 58
La curiosidad y los cuidados de esta vida aunque no parece que estorban deben evitarse cuando no contribuyen al servicio divino. Manifiesta por qué dijo esto, cuando añade: «Y que venga de repente sobre vosotros aquel día».
Teofiactus
No vendrá aquel día con previa amonestación, sino de improviso y furtivamente, cogiendo como en un lazo a los que no vivan prevenidos. Por esto sigue: «Porque así como un lazo vendrá sobre todos los que están», etc., lo cual debemos examinar con detención. Cogerá aquel día a todos los que viven en la superficie de la tierra, por descuidados y perezosos. Pero para los laboriosos y dispuestos para el bien, que no están sentados ni ociosos sobre la tierra, sino que se levantan en cuanto se les dice: levántate y anda porque la tierra no es tu lugar de descanso; para éstos no será aquel un día de lazo ni de peligro sino un día de triunfo.
San Eusebio
El Señor nos dictó cuanto precede, para que evitemos los males que nos habrían de sobrevenir. Por esto sigue: «Velad, pues, orando siempre, para que seáis dignos de evitar todas estas cosas que han de ser».
Teofiactus
Esto es, el hambre, la peste, y todo lo demás que amenaza en esta vida a los escogidos y a los que no lo son, y todo lo que amenaza para después a los malvados por toda la eternidad. No podemos evitar todo esto de otro modo que por las vigilias y las oraciones.
San Agustín, De cons. Evang. 2,77
Esta es la fuga de que habla San Mateo, que no debe hacerse ni en invierno ni en sábado. Al invierno pertenecen los cuidados de esta vida, que son tristes como él mismo; al sábado la crápula y la embriaguez, que sumerge el corazón y lo abruma con la lujuria y las complacencias de la carne, lo cual indica lo malo que puede suceder en el sábado; porque los judíos se dedican en este día a toda clase de fiestas, desconociendo lo espiritual del día de sábado.
Teofiactus
Y como el cristiano debe, no sólo huir de lo malo, sino esforzarse por ganar la gloria, añade: «Y de estar en pie delante del Hijo del hombre». En esto consiste la gloria de los ángeles, en estar delante del Hijo del hombre, nuestro Dios, y en mirar constantemente su faz.
Beda
Y en verdad, si algún médico sabio prohíbe usar del jugo de alguna hierba para evitar una muerte repentina, cumpliremos lo mandado con la mayor escrupulosidad. Del mismo modo cortemos ahora, porque así lo ordena el Salvador, la embriaguez, la crápula y los cuidados del mundo, especialmente aquéllos que no temen ser heridos o muertos; porque dan crédito a las palabras del médico y menosprecian los consejos del Señor.

