Urge la cultura de la misericordia

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El mundo tan creído de su progresismo que ignoran -pese a su retórico abuso del término “empatia” (que otorga una falsa pose de superioridad moral)- su propia realidad egoísta y sin conciencia, ajena a la verdadera humanidad, no sabe bien hasta que punto necesita otra forma de ser, de pensar, de sentir, de vivir…

Aunque el papa Francisco a veces nos desconcierte y nos resulte hasta cierto punto “ininteligible”, lo cierto es que es un Santo Padre que destaca por su ternura en pro de los más desfavorecidos, personas en situación de precariedad, inmigrantes, ancianos, enfermos, presos, personas con discapacidades…, y por su amor misericordioso -a imagen de la misericordia divina- hacía la Humanidad. Y al igual que otros pontífices tiene intuiciones proféticas. Ambos carismas se ven plasmados en las palabras del Papa como éstas en una Audiencia: “difundir en el mundo la cultura de la misericordia, de la que hay urgente necesidad“.

No vamos a hacer aquí un relato de tantos males que en la actualidad aquejan a la Humanidad entera, y que en cifras concretas se pueden constatar como objetivamente incuestionables. (Piensen por un momento en cuestiones como las drogas, los delitos, la violencia -de pareja, de padre-hijos, y en general-, los pobres y los sintecho, los migrantes y refugiado, los conflictos bélicos y ahora también revueltas, nacionalismos, corrupciones a todos los niveles, abortos, las conductas sexuales, promiscuidad e infidelidad, prostitución, pornografía, el espiritismo y las sectas, etc. A las que se vienen a unir nuevas perversiones, como la negación de la verdad, las “fake news”, el relativismo cínico, el nihilismo materialista, el abuso de los hijos sobre los padres, la vagancia, el delito de odio, la manipulación de la ley sobre el mismo, lo políticamente correcto, la manipulación política-mediática, el control coactivo de los poderes público, el estatismo coactivo, la discriminación abusiva de la promoción de la igualdad femenina que ideológicamente se ha convertido en una lucha de clases, el desprecio por la familia, la promoción impositiva de la ideología de género en todas sus diversidades, etc.). Toda esta “contaminación” ambienta¡ se traslada a la cultura como un magma y de ésta pasa, desgraciadamente, a los corazones, haciéndoles impasibles e inmisericordes.

De modo que urge la cultura de la misericordia…

Su Santidad, el papa Francisco, también ha resaltado que “la misericordia es, de hecho, el acto último y supremo con el que Dios viene a nuestro encuentro y abre nuestro corazón a la esperanza de ser amados para siempre, cualquiera que sea nuestra pobreza, cualquiera que sea nuestro pecado”. “El amor de Dios para nosotros no es una palabra abstracta, se ha hecho visible y tangible en Jesucristo”.

Los cristianos, portadores de ese espíritu de misericordia del Señor, estamos impelidos a transmitirlo allí donde nos encontremos, como apóstoles de la Misericordia, para evitar el avance -aunque no se sea consciente de ello- de las fuerzas enemigas de la Humanidad.

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