Todo se sabrá, todo será puesto a descubierto

Los malos son principalmente -y con razón- los que más acendradamente niegan que exista el más allá y el consiguiente juicio o ajuste de responsabilidades. Si no existe, entonces para ellos “felizmente” no se cumplirá aquello del evangelio: «nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse» (Lc 8,17).

En la primera lectura de la liturgia de la misa de hoy, 2 de septiembre de 2022, en su carta a los Corintios (4,1-5) el apóstol san Pablo nos dice:

Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

«Al final seremos examinados en el amor», dice san Juan de la Cruz. Porque en realidad se pondrá a descubierto nuestra alma amante, si durante la vida hemos vivido amando. Si a la fuente del Amor, la Trinidad, que habita nuestra alma se la ha permitido amarnos para hacernos amantes. Entonces «recibirá la alabanza de Dios» (Cor 4,5). Es un juicio sobre el amor, con amor; un juicio con tiene tintes positivos, con vocación salvadora.

Aunque el empeño del Señor ha sido, con su encarnación y cruz, el salvarnos, y hacerlo desde ya, en y a partir de esta vida, insuflándonos su aliento vital de amor a través de don del Espíritu Santo, que nadie se abandone y despreocupe pues también hay una tarea por nuestra parte, la de corresponder a ese amor salvador. Los efectos salvíficos ya de ver ahora, se ha de anticipar en esta vida, traduciéndose en signos de amor fructífero.

El Señor «iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá a descubierto…«. Nada, hasta lo más nimio y oculto. «hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados» (Mt 10,30). Por eso, ¡cuidado! Los que han sido malos, que no piensen que «se van a ir de rositas»; cuanto menos tendrán que purgar su mal.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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