El primer caballo del Apocalipsis: la apostasia (I)

“Primero tiene que venir la apostasía”[1].

“Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí al primero de los cuatro Vivientes que decía con voz como de trueno: `Ven´.

“Miré y había un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; se le dio una corona, y salió como vencedor, y para seguir venciendo.”[2]

Aunque por su color blanco muchos opinan de que se trata de la pureza y que con arreglo al caballo blanco que monta el Cordero en la Parusia, se trataria de Cristo (Ap 19). Lo cierto es que cabe pensarse -y así lo entendemos- que se trataria de una apariencia engañosa por parte de quién en ese momento ostenta el dominio en el mundo que está bajo el poder de las tinieblas. Es decir, que ese caballo, con las flechas hirientes del arco, vendría a doblegar la fe. San Sebastián se le tiene como el santo increbantable ante las flechas por las que fue atravesado, para hacderle apostatar…

Otro dato para hacer tal afirmación acerca de la identidad de este caballo, es que los otros tres son caballos negativos (ateismo, guerra, hambre y peste y muerte), enemigos de la humanidad…; por lo que cabría colegir que esta sería de caballos, por homogeneonidad, vendrían a ser actores del accionar en el mundo del Maligno.

Otro dato significativo es que se correspondería con la cuestión afirmativa de Jesús cuando se plantea en su discurso escatológico sobre el fin de los tiempos, en que da como una de las señales, entre las otras -que se conrresponderían con las calamidades de los otros caballos- la siguiente:  “cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?[3].

Sin duda, la apostasía es un signo profético de la venida del Señor[4], y hasta su llegada se extenderá de manera irrefrenable; algo que parecía estar sucediendo.

Aclarar también que el sentido de apostasía no tiene un sentido estricto en su literalidad, sino que tiene una mayor embergadura. Sería no sólo renegar de la fe, en Cristo, sino que sería de una increencia generalizada, deshumanizante, de impiedad, de endurecimiento del alma humana, de pérdida de su naturaleza genuina, creación de Dios, a su imagen y semejanza.

La pérdida de fe, la incapacidad para amar y la inmoralidad están estrechamente relacionadas, provocando que el mundo sea incapaz de sostenerse vivo por mucho tiempo. De un hombre sin fe se puede esperar cualquier cosa; solo hace falta que se le den las circunstancias. Se ha acentuado dramáticamente el alejamiento de Dios, que conduce a edificar un mundo sobre arena. Un mundo sin Dios tarde o temprano terminará por venirse abajo. Un mundo incrédulo y desvergonzado, sin fe y sin conciencia, se propicia para el desastre.

Como consecuencia de esta apostasía vendrá una época de unas densas tinieblas para la totalidad de la humanidad, en la que la Ley del Amor será olvidada[5].  “El origen de la caridad es divino”[6], y cuando es desconectada de su procedencia vivificadora se “enfría”. Se trataba del enfriamiento de la caridad previsto por Jesucristo: “Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.”[7] Estamos viviendo en una época en que los corazones se están volviendo fríos,  muy fríos. 

Este enfriamiento resultado del alejamiento de Dios traerá graves quebrantos[8]. La rebelión contra Dios se manifestará en que el hombre se volverá cada día más duro de corazón, más descreído e impío, más despiadado, perverso y canalla; aferrándose a ídolos mundanos y a la avaricia corrupta del dinero y a un egoismo materialista voraz . Esta será la deriva[9] de un mundo que ha vuelto la espalda a Dios, su valedor, protector y sustento.

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[1] 2 Tés 2,3.

[2] Ap 6,1-2.

[3] Lc 18,8.

[4] El Papa dirigió sus comentarios a los que estaban reunidos en la capilla de la casa de huéspedes Santa Marta del Vaticano para su Misa diaria. Al reflexionar sobre el Evangelio de San Lucas, en el que Jesús habla de las pruebas y tribulaciones que precederán a los tiempos finales.

[5] Palabras de los Mensajes de la Virgen María al padre Gobbi. Y en sentido parecido, en el mensaje de la Virgen de Medjugorje, 15 de octubre de 2014: “…Queridos hijos míos, ¿acaso no reconocen los signos de los tiempos? ¿Acaso no se dan cuenta que todo eso que está en torno a ustedes —lo que está sucediendo—, es porque no hay amor? “

[6] De la encíclica de Benedicto XVI Deus caritas est.

[7] Mt 24, 12.

[8]  “..Queridos hijos míos, ¿acaso no reconocen los signos de los tiempos? ¿Acaso no se dan cuenta que todo eso que está en torno a ustedes —lo que está sucediendo—, es porque no hay amor?” (Mensaje de 15 de octubre de 2014 de la Virgen de Medjugorje).

[9] El cardenal Francis George, arzobispo de Chicago, ya lo advirtió años atrás: “El mundo, divorciado del Dios que lo creó y lo redimió, camina inevitablemente hacia un mal fin. Está en el lado equivocado de la única historia que realmente importa”.

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