Pensamientos de Fe (169)

  1. Al que cree en el Evangelio, le procura una fuerza salvadora; es decir, la fe le hace piadoso, justo, santo; y esto es lo que procura la salvación. (Cfr.: Rom 1,16ss).           
  2. Dejarse llevar es la clave de todo. No oponer resistencia alguna al sutil pero real movimiento del Espíritu Santo en nosotros. El sobrepuje de la gracia es apenas imperceptible a ojos vista, pero moviliza a quien se ofrece en dirección al bien.
  3. La mejor manera de dar gracias a Dios es permitirle que sea agraciado con nosotros, no serle despreciativos. Abrirse en adoración y reconocimiento poniéndose en disposición de que la gracia divina actué en nosotros.
  4. Esto es una sospecha de algo…: La Verdad en quien no la admite provoca odio: un rechazo visceral, que nos sorprende por una incomprensible «mala leche», que no entendemos que sea propiamente nuestra (claro está: es el diablo «que hemos albergado en nosotros», a fuer de acostumbrado a pecar.  
  5. Pecar debilita. Y la debilidad —no santa— propicia a su vez el pecar. y así sucesivamente. Cuando ambas, el pecado y la debilidad, han crecido y crecido, llega a convertirse en una montaña que en cualquier momento puede llegar a sepultarte.
  6. La responsabilidad de lo que hacemos y nos hacemos: «Por la dureza de tu corazón empedernido, vas acumulando castigos para el día del castigo, en el que Dios se manifestará como justo juez y pagará a cada uno según sus obras» (Rom 2,7-8).
  7. No se cree a pesar de haber «visto», pues a quien está cegado por la soberbia no le bastan un par de milagros y, ni siquiera la resurrección de un muerto lo podría sacar de su obstinación. Como está escrito en las sagradas escrituras: “Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se dejarán persuadir si un muerto resucita” (Lc 16, 31).
  8. Los que viven con un comportamiento de engaño sistemático, de estar instalados en la mentira, les recordamos que esa es la actitud o característica fundamental de diablo, al que el Señor Jesús calificó del “padre de la mentira” (Jn 8,44). De modo que tengan cuidado de ese asemejarse…
  9. Hay que ganar perspectiva —mirar la realidad desde un punto exacto, que proporcione una visión adecuada de la cosas—. Esto es fundamental para comprender lo que nos está pasando. Si el mundo está bajo el poder del príncipe de las tinieblas, el Maligno, como nos dice la Escritura (Jn 14,30;  1Jn 5,19;  2 Cor 4,4), esto nos hará explicarnos cómo funciona el mundo y del porqué de las cosas que suceden.
  10. Hay que estar en guardia, porque la mayoría de lo que el mundo ofrece como verdad puede ser mentira. El creyente —y la Iglesia— tiene que tomar distancia, pues, con arreglo a lo que el mundo —la mundanidad— propone, y no dejarse involucrar ni mucho menos mimetizarse con él. Pues, si no, seremos arrastrados,  atrapados en sus redes, succionados. Pensemos seriamente en esto.


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