- Asimilarse al mundo, según el espíritu del tiempo, es ir contra la voluntad de Dios, que quiere que el mundo se convierta y viva…
- Los que somos de Jesucristo estamos liberados de caer en la tentación fatalista de pensar que el mal puede salir victorioso o tener la última palabra.
- El ruido tremendo de hoy día es antinatural y antihumano. En un ambiente ensordecedor es imposible escuchar algo trascendente. Se impone el silencio como una necesidad esencial y determinante. El silencio posee un resplandor que quía.
- El ser humano en cuanto a la fe, como en cuanto a la moral, no ha de salirse del carril del sentido común, de la realidad y de la verdad. Cuando se aparta de esto, descarrila, y comienza a ideologizar subjetivamente, de manera que es una forma de darse la razón irracionalmente, peligrosamente, distorsionándolo todo.
- Creer es contactar con la divinidad, nos pone en comunicación con ella y nos alienta y vivifica, es decir, somos como el sarmiento que vive de su savia, de la gracia que hace tener vida, vida eterna ya comenzada.
- Una sociedad wokista -como es cada vez más la ideologizada antropología de Occidente- no puede quedar sin crítica. Moramente estamos implicados a señalar la deriva humana presente: la de un ser humano amoral -es decir, espiritualmente enfermo- y que camina extraviado hacia su decadencia, y sin capacidad de reacción por sí solo.
- La más monstruosa hipocresía: un mundo que dice condenar la pena de muerte hasta al más execrable asesino, apela al derecho a la libertad para abortar, quitar vidas a inocentes.
- Hoy como nunca el ser humano con más tiempo para el ocio (neg-ocio), que no trabaja de sol a sol, carece de tiempo -como nunca- para pensar. De siempre en la historia humana, hasta ahora, se disponía de tiempo silencioso -sobre todo en invierno- para estar junto al fuego del hogar sin más que hacer esperar a que llegara el sueño de la noche. Hoy este tiempo silencioso dedicado «a no hacer nada», sólo pensar -meditar y rezar-, paradójica y sorprendentemente ya no existe, es imposible en la humanidad del ocio.
- Estamos en tiempos históricos jamás conocidos, que van a traer consigo una nueva era: la revolución de la inteligencia artificial, más que lo fue como la industrial, muchísimo más extraordinaria de todos los sentidos. Da vértigo profundizar, asomase a ese abismo por explorar al que estamos irremisiblemente avocados: la cosmovisión antropológica que cuesta imaginar, amenaza a la Humanidad. El transhumanismo, la robótica…, el vernos rodeados de “seres” semihumanos, ¿cómo afectará todo esto a la vida del hombre, a su espiritualidad, a su dignidad sublime, a la religiosidad?
- Para ser atraído por la sed de Dios, la necesidad de sentido, la inquietud por la trascendencia, la voz de la conciencia, o tener noticias suyas y escucharle, que es lo que aproxima al ser humano a Dios, se abre a él sintiendo su amor, hoy día es casi -como nunca- un imposible, el vivir en el frenesí, el ruido ensordecedor, el activismo desaforado, el placer desordenado, el continuo visionado de imágenes, la carencia de tiempo silencioso, el trepidar de un realidad cambiante, etc, el estar como ausente en una realidad virtud, viviendo en la irresponsabilidad del no asumir lo que se hace de bien o mal, hace imposible la creencia. Sumergidos –drogados- en este espíritu del tiempo, nos perdemos.
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