Momento de la Iglesia: Entre la libertad y la prudencia, y el sínodo de la Amazonía. (I)

Foto por Vatican Media

“En tiempo de tribulación no hacer mudanza”, dice la sabía conseja de San Ignacio de Loyola. Lo cual es muy propicio de tener en cuenta para estos momentos tan complicados en que vive la Iglesia, por la crisis de fe en Occidente, por el descrédito por los escándalos sexuales, por los casos que se suscitan en el mismo centro neurálgico, en el Vaticano, con la turbia opacidad de banco IOR, por las luchas intestinas, por los lobbys (de masones, gays, integristas, progresistas, etc., muchos de los cuales son están a merced de espíritus inmundos, y sin saberlo), por el carrerismo, por los chismorreos, por las filtraciones y traiciones, por las críticas mordaces contra el Papa, etc., y ahora por la Iglesia alemana y el sínodo de la Amazonía…

La oposición al papado de Francisco no tiene solo del propio Vaticano, también se van generalizando. De América, principalmente, procede la crítica teológicamente más desafiante y pastoralmente preocupante, que se centra en una reestructuración cuestionable de la fe y de la Iglesia. 

Cabe vez se oye con más persistencia hablar de cismas (especialmente con la Iglesia alemana), con la gravedad que esto supone y lo traumático de lo ya experimentado en la Iglesia, de la que Cristo pidió expresamente que fuera una.

Unos quieren que la Iglesia se mueva, que cambie, y otros que permanezca inmutable, fiel a la tradición.

Lo cierto es que hay que dar algunos pasos, por pequeños que sean, para que la Iglesia, sin plegarse a lo mundano, camine al paso del ser humano de hoy. Se impone el equilibrio entre la libertad y la prudencia, por el bien de hacer llegar el Evangelio, la Buena Nueva, al mundo actual; tan complejo y refractario a abrirse a la Trascendencia.

“Si todo sigue como era, si pasamos nuestros días contentos de que `así es como siempre se han hecho las cosas´, entonces el don se desvanece, aplastado por las cenizas del miedo y la preocupación por defender el status quo“, dijo el Papa en la misa inaugural del Sínodo de la Amazonía.

Y -para tranquilizar- el mismo Santo Padre en su discurso a los participantes del Sínodo de la Amazonía afirmó que el Instrumentum laboris es un documento “mártir” destinado a ser destruido. Es como punto de partida para lo que el Espíritu va a hacer en nosotros. Y ahora caminar nosotros bajo la guía del Espíritu Santo.  

En todo momento y para todos: Hay que pertrecharse de exquisita prudencia, para no cometer errores de lo que pueda salir de nosotros y que puedan suponer una catástrofe, y no menos exquisita disponibilidad a respetar la libertad, para no ahogar al Espíritu de Dios y que no pueda ser atendidas sus inspiraciones y conducir a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, por el camino mejor, fructífero y santo.

Que el discernimiento cómo don del Espíritu Santo, y La Paz y serenidad que solo Dios nos da, colmen las mentes de los participantes y les guíen para que este Sínodo sea un verdadero instrumento de amor cristiano para los pueblos amazónicos y para la toda su región y países.

En un próximo artículo, hablaremos de algunas cambio, que no serán por supuesto reformas profundas que muchos temen (que afecten verdades de fe, o dogmas), pero que son necesarias, según el lugar, las circunstancias y las urgencias, por el bien del Reino de Dios.

 

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