![]() Hemos extraído unas líneas de la obra de Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu rostro[1]. En ella desvela todo el itinerario hacia Dios, desde los primeros pasos hasta las últimas profundidades de la contemplación. El padre Ignacio Larrañaga, sacerdote franciscano, capuchino de origen español. Nació en Loyola el 4 de mayo de 1928 y fallecido el 28 de octubre de 2013 en México.
Dios no es el «seno materno» que libra (aliena) a los hombres de los riegos y dificultades de la vida, sino que, una vez creado en el paraíso, Dios corta rápidamente el cordón umbilical, los deja solitarios en la lucha abierta de la libertad y de la independencia, y viene a decirles: ahora sed adultos, empujad el universo hacia adelante y sed señores de la tierra (Gén 1,26). El verdadero Dios no es, pues, alienador, sino libertador, que hace grandes, maduros y libres a los hombres ya los pueblos. 12 Todo nos hace presentir que vivimos en vísperas de una gran era contemplativa. 16 «Y mientras yo reflexionaba, Francisco de Asís apareció en la entrada de la gruta. Resplandecía como un carbón ardiente. La plegaria había devorado aún más su carne, pero lo que le quedaba de ella brillaba como una llama. Una extraña dicha irradiaba su rostro. Me tendió la mano.» («El pobre de Asís,» V.). 22 Y cuanto más resplandece la gloria del rostro del Señor sobre nosotros (Sal 30), los acontecimientos quedan envueltos en nuevo significado (Sal 35) y la historia queda «poblada» por Dios; en una palabra, el Señor se hace «vivamente presente en todo». 26 «Fulgor de Dios» Ex 34,28 …las causas de la crisis de la oración, me llama la atención la frecuente coincidencia en señalar la siguiente: «el miedo a Dios». ¡En qué sentido? Viene a discurrir, más o menos, así: si tomo en serio a Dios, mi vida tendrá que ser otra. 32 (Moisés decididamente llevó adelante su gestión con la seguridad de quien ve al Invisible» (Heb 11,27) Sólo cuando el hombre tropieza con su propio misterio, cuando experimenta hasta el vértigo la extrañeza de «estar ahí», de estar en el mundo como conciencia y como persona, sólo entonces se plantea esta cuestión central: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es la razón de mi existencia? 43 La norma que prácticamente han adoptado coincide en un todo con el ideal de la sociedad de consumo: disfrutar al máximo de la vida, consumir el mayor número de bienes, darse al máximo de satisfacciones dentro de aquel ideal «comamos y bebamos y coronémosnos de rosas» (Sab 2,8). «Dios es aquel que siempre calla desde el principio del mundo: he ahí el fondo de la tragedia» (Unamuno) 63 Siendo fotografía del Invisible y resonancia del Silencioso, el hombre lleva en sus ancestros más primitivos unas fuerzas de profundidad que, inquietas e inquietantes, emergen suspiran y aspiran en perpetuo movimiento, hacia su centro de gravedad donde ajustarse y descansar, esperando dar «a la caza alcance». 64 «Yavé Dios, después de haber soportado por ti a lo largo de mi vida toda clase de atentados, burlas y asaltos, al final, ¿no serás tú quizá más que un espejismo, un simple vapor de agua?» (Jer 15,15-18) «Por favor, no me escondas tu rostro; no me abandones» (Sal 26) «No escondas tu rostro a tu siervo» (Sal 68; 87; 101). «Haz brillar tu rostro sobre tu siervo» (Sal 30). «Brille tu rostro sobre nosotros y estamos salvados» (Sal 79) «Yo haré pasar ante ti toda mi bondad… pero mi cara no podrás verla, porque ningún mortal puede verla y seguir viviendo» (Ex 33,19-20) Como el Señor, nuestro Dios, no se viste de colores ni perfumes, ni tiene kilos ni centímetros, no puede ser aprehendido por los sentidos. Al no poder ser detectado por los sentidos, Dios no puede pasar a ese laboratorio de la mente para ser sometido a un proceso de análisis y síntesis. Por eso el Señor Dios nunca será propiamente «objeto de inteligencia», porque nada hay en la mente que previamente no haya pasado por los sentidos. Como no puede ser objeto directo de inteligencia, el Señor sí es, en cambio, «objeto de fe». Sólo en la fe puede «entendérsele» cabalmente 89 Así, pues, Dios nunca entrará en nuestro juego. Queda siempre «afuera, es trascendental: está «por encima» del proceso normal del conocimiento humano. Está en otra órbita. Dios es otra cosa. 89 Dios no es para ser «entendido» analíticamente porque nunca entrará en nuestro juego acrobático de silogismos, premisas y conclusiones, inducciones y deducciones. A Dios se le «entiende» de rodillas: asumiéndolo, acogiéndolo, viviéndolo. El «dar a la caza alcance» de fray Juan de la Cruz no se ha de entender en el sentido intelectual sino vital. 89-9 A Dios se le «asume» en la fe. Más que objeto de intelección, es objeto de contemplación. Está muy bien profundizar en las cosas de Dios. Pero, originalmente, el acto de fe consiste en acoger el Misterio en la oscuridad de la noche. 92 «El que se ha de venir a juntar en una unión con Dios, no ha de ir entendiendo sino creyendo… porque lo más alto que se pueda entender de Dios dista en infinita manea de Dios» (san Juan de la cruz, «2 Subida» 4,4). 92 Frecuentemente Dios tomaba la forma de fuego, signo muy adecuado para transparentarlo pro el resplandor con que iluminan las oscuridades, y por la energía de su calor con el que calcina, cauteriza o vivifica. En el monte Horeb, Moisés es fascinado pro ele espectáculo de la zarza ardiente que no es «devorada por el fuego (Ex 3,2). En el Sinaí, la montaña arde pero no se consume (Ex 19,18). Dios es un fuego que no destruye, sino que purifica. 95 La Historia no es otra cosa sino un avanzar hacia el interior de la Palabra. 97 El creyente «adulto» es aquel que cree entregándose. 97 Fe adulta será aquella otra que, sin apoyos, sale de sí misma, corre todos los riesgos, confía, permite y se entrega. Se entrega en el vacío de seguridades, evidencias o tranquilizantes. Lo hace de pie, solo. La persona que, para creer, necesita de las seguridades apologéticas, tiene fe infantil. 98 Es infantil esta fe porque para dar los pasos necesita de muletas. Buenos que el creyente profundice intelectualmente en materias de fe; pero la fe que, para adherirse, necesite de tranquilizantes, para suavizar el susto del sato, no es fe. En sí mismo, radicalmente hablando, el acto adulto de fe es dar un salto sin apoyos. 98 El «adulto» en la fe supera todas las distancias y limitaciones inherentes a la fe, saliéndose de sí mismo; se descuelga de todos los asideros intelectuales que le proporciona el raciocino, y da el gran salto en el vacío en plena noche oscura, abandonándose en el absolutamente Otro. Es salto en el vacío porque el creyente abandona las «razones» y se deja caer en esa sima profunda que es el misterio. 98 La fe adulta no es principalmente adherencia intelectual a las verdades, doctrinas y domas sino adhesión vital y comprometedora a una persona. Se trata de asumir una Persona, y, al asumirla, se asume también toda su Palabra que condiciona y transforma la vida del creyente. 100 «Fe significa no sólo tener por verdadero algo, ni tampoco mera confianza. Creer significa decir amén a Dios, afianzarse y basarse en él. Creer significa dejar a dios ser totalmente Dios, o sea, reconocerlo como la única razón y sentido de la vida. La fe es, pues, el existir en la receptividad y en la obediencia» (Kasper, «.: «Jesús el Cristo», Sígueme, Salamanca 1976, p.265). Si es verdad que el acto de fe abarca todo el hombre (sentimientos, pensamientos, comportamientos), fundamentalmente, sin embargo, es un acto de voluntad porque se trata de una adhesión vital En las cosas evidentes la voluntad no interviene para nada. La luz de este mediodía está a la vista que es luz, y se acabó la discusión. Pero allí donde una verdad o realidad no puede ser comprobada analítica o empíricamente, y donde, por otra parte, se ponen en juego lis intereses personales y la posición vital, para entregarse a esa verdad o realidad (que d tal manera compromete todo) se necesita mucho coraje y mucha voluntad. 100
Con esta entrega el creyente consigue franquear de un golpe la noche entera de la fe, y suple esa incapacidad radical de nuestra inteligencia para «dominar» intelectualmente a Dios. El creyente que se entrega, salta por encima de los procesos mentales, por encima de los problemas sobre fórmulas y contenido… y «alcanza» a Dios, y, así, el Señor se transforma en certeza La seguridad que no nos puedo dar el raciocinio, nos la dará Aquel mismo que es el Contenido de la fe, a condición e que haya sido aceptado por medio de una entrega «obsequiosa» e incondicional. 101 Esta seguridad no es producto derivado de las verdades evidentes sino que procede de la misma entrega. 101 «la noche no es oscura para ti, la noche es clara como el día» (Sal 138)
«El que se ha unido a Dios, adquiere tres grandes privilegios: la omnipotencia sin poder, la embriaguez sin vino, y la vida sin fi». (Kazantzaki). 105 «Tu faz es mi única patria» (Santa Teresita). 105 Aunque orar es fundamentalmente obra de la gracia, es también un arte, y como arte está sometido, a nivel psicológico, a las normas de todo aprendizaje como en cualquier actividad humana. El orar bien exige, pues, método, orden y disciplina. En una palabra, técnica. 109
Los primeros pasos son complicados, El alma, como niño que comienza a andar, necesita apoyos psicológicos, métodos de concentración, maneras de relajarse, puntos de reflexión. 110
Las relaciones con El no son de la naturaleza de nuestras relaciones humanas. En nuestras interrelaciones hay contratos de compraventa, trabajo y salario, mérito y premio. En la relación con Dios no existe nada de eso. Sólo hay regalo, gracia, dádiva. El es de otra naturaleza: El y nosotros estamos en diferentes órbitas. 113
En este reino, continúa Dios, no existe el verbo pagar ni el verbo ganar. Aquí nada se paga porque nada se gana. Todo se recibe. Todo es regalo, gracia. 115 Hablando en términos generales, podríamos establece r un criterio aproximativo, el criterio de los frutos: lo que induzca a la persona a salirse de sí misma y a darse, es cosa de Dios. Todo lo que produzca no sólo una sensación de calima sino un estado de paz es don de Dios. Incluso podríamos avanzar más lejos: vamos a suponer que una determinada emoción sea, en su raíz original, un producto estrictamente biopsíquico. Aun en este caso, si de hecho impulsa a la persona a salirse para darse, podrimos considerarla como don de Dios. 117 Al establecer las relaciones, aparece en seguida y entra en juego el primer motivo de la conducta humana: el principio de placer. el hombre encuentra realidades (dentro de sí o fuera de sí) que le gusta: la causan una sensación agradable. Encuentra también otras realidades que no le gustan: le causan desagrado. 123 Cuando hablamos de la voluntad de Dios, se quiere significar que el cristiano se coloca en esta órbita de fe en la que las cosas y los hechos se ven en su raíz, más allá de los fenómenos. 127 Los mismos muros que separan a los hermanos entre sí son también los muros de interferencia entre el alma y Dios. Es locura soñar en conseguir una alta intimidad con el señor, sin el alma está en pie de guerra contra el hermano. 150 La armonía fraterna está entretejida con una constelación de exigencias fraternas como respetar, comunicarse, dialogar, acoger, aceptar… Pero hay una condición primera e imprescindible: perdonar. Urgentemente necesitamos la paz. 151 Existe un perdón intencional. En este caso, el cristiano perdona de verdad pero con un perdón de voluntad. (…) Perdono pero no puedo olvidar. Este perdón es suficiente para aproximarse a los sacramentos, pero no cura la herida. Existe también el perdón emocional. Esto no depende de la voluntad porque la voluntad no tiene dominio directo sobre el mundo emocional. La hostilidad tiene hundidas sus raíces en el fondo vital instintivo. El perdón emocional sana las heridas. 151 Cuando la herida queda sanada y nunca vuelve a abrirse, es señal de que el perdón emocional fue un don del Espíritu, una gratuidad extraordinaria e infusa. 152 Ante la presencia de Jesús los rencores se esfuman. Siete cómo la paz, como aire fresco entra y llena tu alma. 152 «Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo más, Padre». (Charles de Foucauld). 159 La «solución» para asegurar permanentemente una elevada vida con Dios son lis tiempos fuertes. Los tiempos fuertes son el instrumento más adecuado para renovarse, reafirmar la fe y mantenerse en la fidelidad. 176 Jesús y los profetas,… se retiraban a la soledad completa, generalmente a los desiertos o a las montañas, para entregarse intensamente en la familiaridad con Dios; se sanaban de las heridas recibidas en el combate del espíritu y volvían a la lucha, fuertes y sanos. 176-7 «Dije al almendro: humano, háblame de Dios. Y el almendro floreció.» (Poema oriental). 234 El alma ha de tener muy claro que Dios está objetivamente presente en su ser entero al que comunica la existencia y la consistencia. 236 Está más allá y más acá del tiempo y del espacio. Esta en torno mío y dentro de mí, y con su presencia activa alcanza las más lejanas y profundas zonas de mi intimidad. Dios es el alma de mi lama, la vida de mi vida, la realidad totalizante dentro de la cual estamos sumergidos; con su fuerza vivificante penetra todo cuanto tenemos y cuanto somos. 236 Es necesario avanza hacia el interior porque sólo el hombre interior percibe a Dios. «La sabiduría de esta contemplación es el lenguaje de Dios al alma, de puro espíritu a espíritu. Todo lo que es secreto y no lo saben ni pueden decir, ni tienen gana porque no lo ven» (San Juan de la Cruz, «Noche oscura…», 1.2, c. 17, 4.) 237-8. El amor es el peso que inclina la balanza hacia Dios pero mediante el amor se une el alma con Dios, y cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente el alma se concentra con Dios. 238 El hombre no es un ser acabo, sino un ser «por hacerse», por obra de su libertad» (GS 17) 244 El hombre se distingue particularmente de los demás seres en que lleva una zona interior de soledad, que es el «lugar» del encuentro con el Absoluto y Trascendente. 244 «Por su interioridad es superior al universo entero» (GS 14) Se trata, pues, de una zona interior y secreta, adonde el hombre deberá bajar, si desea el encuentro cara a cara con Dios; lugar, por otra parte, donde nadie más puede asomarse: «… el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de él» (GS 14). 244-5 Con esto parece está indicando el Concilio que, si esa zona de soledad no está poblada por Dios, el hombre sentirá una soledad despoblada y vacía. Y es entonces cuando la palabra soledad adquiere un sentido trágico y se convierte en el enemigo número uno del hombre. 245 Es en este «espacio de soledad», donde Dios espera el hombre para el diálogo, para hacerlo participar de su vida y para plenificar y dar cauce a las altas energías de la criatura. Esto significa a su vez -siempre según el concilio-, que le valor máximo en cuanto ala estructura psíquica del hombre es el Dios que en la interioridad lo invita al diálogo. Hacia ese valor máximo tienden las energías vitales del hombre, cuando busca el silenciamiento para la contemplación (GS 8). 245 «Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a sasber itneiroes y exteriores, y veréis cómo yo soy Dios» (san Juan de la Cruz, «Subida del monte Carmelo», 1. 2, c. 15, 5.) 247. Cuanto más frecuentes sean estos tiempos fuertes, más fácil será vivir en permanente presencia d eDios.247-8 Siendo Dios amor, habiéndonos creado por amor, habiéndosenos revelado pro amor, el destino final e todas sus intervenciones no puede ser sino transformarnos en el amor. El amor es una acción dinámica; Dios, que es amor, siempre está en acción, nos invita, nos solicita, se nos ofrece y pone en «movimiento» las facultades interiores. El «movimiento» es una relación yo-tú: una proyección e inter-acción el «yo» en el «tú» y del «tú» en el «yo». 255-6 Es precisamente la fecundidad de la trascendencia. Trascender es superarse. Trascender es salirse. Trascender es amar. El amor es siempre fecundo, siempre engendra. 257 La raíz de todas las desgracias es ésa: el hombre proyecta ante sí mismo y para sí mismo la imagen de su realidad personal. Ella, sin embargo, es la sombra de la realidad. esta efigie se le transforma al hombre, a lo largo de su vida, en objeto de su adhesión y devoción. Las ansias de que me quieran, de ser el primero van vigorizando esa imagen («yo»). ¡Interesante!: los deseos engendran la imagen (igual que el aceite nutre el fuego) y la imagen engendra los deseos. Más todavía: el deseo de ser «adorado» engendra el temor de no ser adorado. 275 Adorar no tiene utilidad, no da dividendos concretos. Más aún, el adorador en espíritu y verdad nos e preocupa de tales utilidades. Si no comenzamos pro aceptar esta «inutilidad» de Dios, nunca sabernos qué es adorar. (..) Frecuentemente nuestros criterios están contaminados por la preocupación inconsciente y omnipresente de la utilidad, y para dar luz verde a un proyecto, anteriormente lo hacemos pasar por este parámetro que, sin duda, es hijo camuflado del egoísmo y de la miopía. 281-2 La primera norma-ley es dejarse llevar del Espíritu y no del plan preestablecido. La finalidad decisiva es la experiencia de Dios para transformar la vida a partir de esa experiencia. 283 Los hombres más profundos y dinámicos de la historia son los que han sido capaces de sostener cara a cara el combate con el silencio y la soledad, sin quebrarse. 289 El cultivo, por tiempos, del silencio, de la soledad y de la misma contemplación es ahora más necesario que nunca religiosa y psicológicamente. 289 La Palabra va siempre envuelta en el silencio. Es su recipiente natural para poder ser fecunda. Sólo en el silencio se puede escuchar a Dios. 290 «Un profundo silencio lo envolvía todo, y la noche avanzaba en medio de su carrera, cuando tu Omnipotente Palabra bajó desde los altos cielos al medio de la tierra, como un guerrero invencible» (Sab 18,14-15). 290 «Dios hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo.» (Ex. 33,11). En cierto sentido, la capacidad contemplativa de una persona es proporcional a su capacidad de asombro. Por eso nunca el contemplativo está consigo o vuelto hacia sí., Está siempre «en éxodo» ,en movimiento de salida y proyección hacia el Otro, completamente «ex-taxiado» y arrebatado por el Otro. 297 No le importan al contemplador las cosas que se refieren a sí mismo; sólo le causan impacto las cosas que hacen referencia al Otro. No se exalta por los triunfos ni se deprime por los fracasos. Por eso, a los grandes contemplativos los vemos llenos de madurez y grandeza, con una inalterable presencia de ánimo, con la característica serenidad de quien está instalado en una órbita de paz por encima de los vaivenes, turbulencias y mezquindades del cotidiano vivir. 297 En la Biblia, conocer desborda el saber humano y expresa una relación existencial. Conocer algo es tener experiencia concreta de ello. 299 En la Biblia conocer (así como contemplar) es entrar en una gran corriente de vida que brotó del corazón de Dios y vuele a aterrizar allá. 299 La actividad contemplativa no es intelectual sino vivencial, y lo vivencial se identifica tan sustantivamente con mi propia persona que faltan distancia y perspectiva para medir y ponderar lo vivido; por eso no se puede conceptualizar, porque la experiencia es, de pro sí, densa y plena, está demasiado cerca. No hay capacidad de conceptualizarla. 302 Si la esclavitud consiste en la idolatría (egoísta), todo el problema de la liberación está en desplazar al «dios-yo» y suplantarlo por el verdadero Dios. La salvación consiste en que Dios sea mi Dios. 318 La línea de la liberación pasa, pues, por el meridano de la «pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo» (San Francisco). 318 El único ídolo que de verdad puede disputar palmo a palmo el reinado de Dios brese el corazón del hombre es el hombre mismo. «No podéis servir a dos señores» (Mt 6,24). 319 O Dios o el hombre; entendiéndose por hombre el «hombre viejo» enroscado sobre sí mismo, con sus locas ansías de dominación, de apropiarse de todo y de exigir todo honor y de toda adoración. 319 Cuando el interior del hombre está liberado de interese, propiedades y deseos, Dios puede hacerse presente allí sin dificultad. En cambio, en la media en que nuestro interior está ocupado por el egoísmo, entonces no hay lugar allí para Dios. Es un territorio ocupado. 319 Así llegamos a comprender que el primer mandamiento es idéntico a la primera bienaventuranza: en la media en que somos más pobres, desprendidos y desinteresados, Dios es «más» Dios en nosotros. Cuanto más «dios» somos nosotros para nosotros mismos, Dios es «menos» Dios en nosotros. El programa está, pues, muy claro: «conviene que «yo» disminuya para que El crezca» (Jn 3,30). 319-310 En la media en que el hombre se va haciendo pobre, despojándose de toda apropiación interior y exterior, y hecho esto en función de Dios, automática y simultáneamente comienza el santo Reino de Dios a desplegarse en su interior. 320
«La pobreza es la raíz de toda santidad». (San Buenaventura, «legneda Major», VI, 1.).
Ser pobre (liberación absoluta) es también condición indispensable para crear una gozosa fraternidad. Francisco de Así se dio cuenta claramente de que toda propiedad es potencialmente violencia. (…) «Si tuviéramos propiedades necesitaríamos armas para defenderlas». 321
Si los hermanos están llenos de sí mismos, llenos de interés personales, chocarán los intereses de los unos con los interese de los otros, y la fraternidad saltará hecha pedazos. 322 Una figura cincelada según el espíritu de las bienaventuranzas, llena de suavidad, fortaleza, paciencia, dulzura y equilibrio. 324 Nada ni nadie podrá turbar la paz serena de su alma porque nada tiene que perder, ya que de nada se ha «apropiado». Al que nada tiene y nada quiere tener, ¿qué le puede turbar? Nada habrá en este mundo que lo puede exasperar o deprimir. 324 La liberación de sí mismos nos ha dado como resultado una persona madura, equilibrada, extraordinariamente estable en sus reacciones y emociones, un ejemplar humano de alta calidad. 325 El hombre se encuentra con comentarios desfavorables sobre su actuación. Su deseo de quedarse bien, su sed natural de estima lo impulsa a justificarse. Se acuerda del silencio de Jesús ante Caifás y Pilato, y no da ninguna explicación, se calla. Pierde prestigio pero gana libertad. Avanza la liberación. 327 El hombre de Dios para montanease idéntico a sí mismo y fiel a su misión, más que nunca necesitará de la «visión» facial de Dios para, en su luz, distinguir alas actitudes puras de las expúreas. Baja frecuentemente de las «montañas» con el «Señor a su derecha» (Sal 15) para permanecer al lado de los pobres, 328 Soloviev, Dostoyevski, en parte Tolstoi, y Berdiaiev reflexionaron profundamente sobre el mesianismo del pueblo ruso. Dijeron de muchas maneras que la humanidad se salvaría por los sufrimientos del pueblo ruso, sufrimientos aceptados con silencio y paz. 343 Lo trágico no es sufrir, sino sufrir inútilmente. Cuando hay un «porqué», el sufrimiento no sólo pierde su virulencia sino que el sufrir por lo inevitable de la vida puede transformarse en una hermosa causa y en una «tarea» trascendente. 343 «Lo que llamamos azar, ¿no será la lógica de Dios?» (Sor Constanza) 344 Ese nervio ciático donde Jacob fue herido es el egoísmo, eje de sustentación y viga maestra de todo pecado. En ese punto neurálgico ataca Dios, por aquí derriba toda la fortaleza. Vulnerado en este punto, el hombre comienza a transformase en Dios y a participar de la madurez y grandeza de Jesús. 350 La actitud de «abandono» como condición indispensable para oda transformación. Cuanto menor sea la resistencia y mayor el abandono, el hombre y Dios pueden llegar, en la unión de la voluntades, a ser realmente uno. Y así, la imagen y semejanza pueden ser tan notables, la participación del misterio de Dios de parte del hombre «tan fuerte» que, entonces sí, éste puede pasar por el mundo como una transparencia viva de Dios. Es un testigo viviente. 350 La meta final de todo oración es la transformación del hombre en Jesucristo. Cualquier trato con Dios que no conduzca a esa meta es inconfundiblemente evasión alienante. 351 El Espíritu Santo esculpe la figura deslumbradora de Cristo en nosotros: repetir los sentimientos, actitudes, reacciones, reflejos mentales y vitales, la conducta general de Jesús. 351 «Tener lo mismos sentimientos que Jesús» (Flp 2,5) Ser cristiano consiste en sentir como Jesús y vivir como El. Ese «sentir» (Flp 2,5), sin embargo, se presta a equívocos. Habría otra expresión más adecuada: «disposición». La disposición está tejida de moción, convicción y decisión. Así, pues, -con otras palabras-, la experiencia cristiana consistiría en reproducir en la propia vida las emociones, actitudes interiores y el comportamiento general de Jesús, el Señor. 359 El cristiano debe colocarse en actitud de fe, pedir la asistencia del Espíritu Santo y dejarse levar dócilmente por su inspiración. 360 Mire dentro de Jesús y traté de «saber» (y participar) qué olas de ternura le subían desde lo más recóndito de su ser cuando repetía tantas veces «Abbá» 361 El hombre nace con unas predisposiciones determinadas que llaman carismas. Entre estas predisposiciones existe la de la «sensibilidad» para las cosas de Dios. Hay personas que nacieron con una tendencia tan fuerte para con Dios que no pueden vivir sin Él. Yo no sé si esto es gracia yo si es naturaleza. En todo caso es un don de Dios. A esta sensibilidad o inclinación yo llamo «piedad». 369 La intimidad a la que hemos sido llamados no colma esa medida. La gracia nos declara hijos pero tampoco cubre esa distancia. Eternamente quedará en pie, como una roca, la verdad absoluta: Dios-es-Todo. «Sabes, hija mía, quién eres tú y quién soy yo?» -.preguntaba el Señor a santa Catalina-. «Tú eres la que no eres, yo soy el que soy». 380 El primer mandamiento consistirá en dejarse amar por el Padre. 388 Sólo los amados pueden amar. Sólo los libres pueden libertad. Sólo los puros purifican, y solamente pueden sembrar paz los que la tienen. 392 El abandono es la actitud espiritual original del Evangelio, el abandono para cumplir la voluntad del Padre. Esta es su alienación y respiración. La voluntad del Padre sostiene y da sentido a su vida. Vivió con un niño pequeño y feliz, llevado por los brazos de su Padre. «Aquí estoy para hacer tu voluntad. Lo quiero, Dios mío, y tu ley la llevo en mis entrañas». (Sal 39). 401 Un hombre actúa con soberanía cuando es libre. Cuando el hombre está interiormente lleno de intereses, entonces la inseguridad y los miedos lo agarrotan y hacen de su vida un mendigar aprecio y estima de las gentes enajenado su libertad. A Jesús lo vemos profundamente libre porque no descubrimos en El ninguna ansiedad, ninguna necesidad por establecer o aclarar su identidad o su categoría. 419
El niño es un ser esencialmente pobre y confiado, confiado porque sabe que a su debilidad corresponde el poder de alguien; en una palabra, su pobreza es su riqueza. 422 «La sanidad no s tal o cual práctica sino que consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre» (Sta. Teresita). 425
[1] Ed. Paulinas, Madrid , 1979. (3ª ed.). |
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