Los descartados del mundo, los preferidos de Dios

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Dios es así. Aquellos que no son nada o menos que nada para el actualmente mundo progre —que todo se valora según el peso de la materia, es decir, según la practicidad, la utilidad y posibilidad de bienestar material…, aquello que no es práctico, productivo y que supone una carga o merma de la posibilidad de obtener al mayor disfrute posible—, que son considerados como una rémora y en definitiva como desechables, son justamente para nuestro Dios sus preferidos.

Entre estos están claro todos aquellos que no suman: los pobres, los imposibilitados y enfermos, los ancianos, los discapacitados, los niños no deseados, etc.

Estos listos para ser descartados y expulsados de la vida -siempre con alguna razón de “provecho” y por su propio interés (el de la victima), claro, a la que se la va a hacer un “favor” compasivo, (como es el de pasaportarlos, sin ningún sufrimiento, al otro mundo -al que paradójicamente, justo ellos, los ejecutores, no creen, pero que esgrimen con solvencia-; pero y sobre todo -eso sí- por empatía por el desgraciado y por su propio bien.

A estos, justamente a esto, a los que disimuladamente el mundo -anegado de tinieblas- quiere exterminar de la faz de la Tierra, con “bellas y compungidas palabras y acciones” eutanásicas, es a los que Dios prefiere.

No sabemos por qué extraña razón -o sí- Dios, nuestro Dios cristiano, se  ha decidido por estos, ha tomado partido por ellos, y son sus proferidos. Los que para el mundo nada valen, por mor de no se sabe qué, Dios les ha convertido en los más valiosos . ¡Qué Dios más raro!

Con un Dios tan antimundo progre no se puede ir muy lejos: de ahí que la evangelización tenga hoy día tan poco éxito. Claro. ¡Cambia el discurso, Señor, por favor!, así lo cristianos no vamos a ninguna parte, nos quedaremos cada vez más solos y menos. ¿Cuando hayan desaparecido del mundo los empobrecidos, los lisiados, los viejos, los abortados, los sin futuro o con baja calidad de vida, etc., estos tus amigos, qué te va a seguir?

Nuestro Dios es el Dios de los humildes y de los que nada tienen ni para nada sirven… Estos son los que Dios ha elegido como  amigos, con los que tener una relación de intimidad, a los que revelar sus secretos -para confundir al mundo. Y es lo que Dios ha querido. Y ante lo que admirarse; como lo hizo Jesús:  “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, así te ha parecido mejor
” (Mt 11,225-26). La “gente sencilla”, sufrida y en comunión con hambrientos, deprimidos, pecadores, enfermos y olvidados de la sociedad… Ella es la heredera del Reino Dios.

Estos infelices para el mundo, ¡cuántas gracias y bienes espirituales consiguen para el mudo!, sin que el ingrato mundo lo sepa. Pero Dios, si.

 

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