La alegría de la Navidad y la tristeza de estas fiestas

Cuando no se tiene nada profundo y auténtico que celebrar, cuando no existe un porqué, cualquier cosa, en este caso la fiesta, cobra un sabor a vacio, por mucho que se quiera encubrir con luces de colores, pirotecnias, comilonas y jaranas diversas. La insatisfacción queda invisiblemente presente en el hondo de la persona, en el alma, y estos ocurre hoy como nunca. Las consecuencias de esto se manifiesta en la cantidad de tristeza real, fuente de tantos desvaríos psíquicos, morales, espirituales… como se dan tan cada vez más frecuentemente.

Estos 12 días de Navidad, no son mucho, pero dejan, sorprendentemente, una huella de tristeza; es paradójico que cuando se dispone de tiempo libre…, cuando hay algo que celebrar…, cuando nos reencontramos con los familiares…, cuando todo está hecho para estar alegres y felices, hay mucha gente que dice detestar estas fechas. Según una noticia proveniente de ambientes laicos y cristianofobos —y por lo tanto a tomar con cautela— dice: 2 de cada 5 españoles durante estos días de celebración cristiana sientan tristeza o melancolía depresiva.

Esta tristeza depresiva que hace rechazable la Navidad se debe muy probablemente que son unas celebraciones sin sentido, la razón religiosa ha decaído, y no se sabe ya del porqué celebramos estos días. Lo que de siempre ha sido la natividad del Señor ha pasado a convertirse en unas fiestas paganas, si nada que celebrar. Cosa en la que los que —en su gran mayoría— ostentan el poder —elites y políticos— se afanan en alterar el devenir de la historia, tratando de borrar de un plumazo la huella del cristianismo.

Esta pérdida del sentido trascendente que se ha contagiado a todo el mundo occidente, pone de relieve la insustancialidad vital de mucha gente cada vez más sola y perdida.

Lo que celebramos los cristianos es tan grande que supera cualquier vacío que posibilite la melancolía depresiva, pues todo es Presencia de un Dios que se encarnar y entra en nuestras vidas para colmarnos de esperanza…, esperanza que produce necesariamente alegría, alegría de ser queridos para siempre, eternamente. Dios amor, por amor, se ha hecho presente para llenar nuestras vidas de amor.

La diferencia de lo que suponen estas fechas para el creyente y para el que no es infinita.

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