La progresía

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La izquierda ya no se denomina -como clásicamente- marxista, comunista, socialista, ni socialdemocracia,  ahora y siempre de aquí en adelante se autodenominan «progresistas». Se pasan todo el día con esta palabra en la boca; como si el progreso les perteneciera a ellos en exclusiva; y claro, quien se va a oponer a semejante cosa, a progresar. Es una buena marca.

Tan solo, un pero: da un pelín de miedo tanto progreso, progreso y más progreso; Este desenfrenado progreso da la impresión de que, como se siga progresando, se acabará por salir del mapa. Pues se «progresa» -avanza- hasta en lo malo. En esto no se si se han reparado; pero, ¡cuidado!, que con el supuesto trigo del progreso también crece la cizaña…

¿Qué malas yerbas crecen con el agua que riega el trigo del progreso?

 El déficit. ¿A quién le importa? ¿Sus consecuencias? Si me permite financiarme…

La Administración. Sigue engrosando, en los últimos 10 años, más de 130 mil nuevos empleados públicos (ej. España). Cuando murió Franco, en 1975, había 40 millones de habitantes y 750 mil funcionarios; hoy, con un aumento de la población de un 13%, no ha aumento lo mismo de esto, 900 mil. No. Los empleados a los que hay que pagar sus nóminas, ascienden a 3,5 millones.

La Deuda. El 100 por 100 del PIB. ¿Cuándo se piensa devolver? ¿Quién lo va hacer? ¿Y si viene otra crisis, con qué recursos financieros se va a poder combatir?

Los impuestos. No dejan de creer, ¿hasta cuándo o cuánto? Años atrás, el IVA por ejemplo ni existía, luego fue el 12, después el 15, a continuación el 18, ahora andamos por el 21; suma y sigue. Y por no hablar de otros, y en todos los campos.

Las subvenciones. Este es un mala yerba que crecer exponencialmente, afloran como hongos, sobre todo al amparo de ideologías y al rebufo de los políticos de turno.

La corrupción. Cada vez se extiende más y más. E incluso, se llega a unos extremes de que si no te vuelves un corrupto no vives. Los impuestos exagerados y la competencia brutal y desleal hacen imposible no trata de evadir, defraudar y estafar. Se obliga a la gente a tomar se la justicia por su mano, y autojustificarse su conducta, otrora reprobable en conciencia, a la que ha asesinado.

La manipulación (en sus múltiples formas, sobre todo mental y cietíficotecnológica).

La mentira (fake new, políticamente correcto, el relativismo…)

La inmoralidad. En este terreno mejor no entramos, pues se corre el peligro que cualquier cosa que digas te censuran tachándote de antiguo, carca, casposo… y lindezas semejantes, fruto de una tolerancia que para sí no se aplican, pues si se meten contigo se dicen uso de  la libertad de expresión, y si tú te metes con ellos, que eres un intolerante. 

La violencia. Esta crece como la espuma, no hay nada más que ver las estadísticas. Los datos de delitos ahí están, hablan por sí mismos.

El control, el intervencionismo, la estatalización. Vamos camino del «Gran Hermano», bajo la añagaza de más seguridad (a cambio, de libertad e intimidad).

En fin, y otras muchas malas yerbas (como la mariguana y sus derivados…). Por no cansarles ni aburrirles más, aquí lo dejamos. Seguro que a ustedes, queridos lectores, se les ocurre alguna más que añadir a la lista. Que los males no han de faltar e ir in crescendo.

Ah, una línea más. Entre los destacados de la progresía están los progres ricos (la antigua izquierda caviar), que eso es ejercer la progresía por todas partes, en lo teórico y en practico; que adoctrinan y hacen lo que haga falta; que cabalgan contradicciones, como si tal cosa; sin escrúpulos de conciencia; pero eso, sí, con el lema eternamente constante  y en continuo progreso: «la cuenta corriente que no me la toquen».

 

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