La libertad de la Iglesia y la política

Como principio es obvio que la Iglesia no debe tomar partido de forma exclusiva sobre una opción política; por varias razones entre otras (citamos solo dos):

  1. porque hay que -según el soberano respeto a la conciencia de toda persona, por la que se rige cada cual, y a la que ha de moralmente sujetarse- respetar a todos sin excluir.
  2. y otra razón es el hecho de que en la política se entra mucho en la refriega, en las luchas subterráneas, en las ciegas fanatizaciones ideológicas y en los no menos fanatismos de los intereses, a los cuales se pliega el ser humano sin importarle corromperse y actuar indignamente. Este es un terreno que con harta frecuencia se convierte en barrizal, en el que quien predica el amor, la misericordia, el perdón, la fraternidad etc. no tiene lugar.

No obstante, aunque la Iglesia no deba enzarzarse en la exposición política y feamente embarrarse; no por ello ha de desentenderse de la realidad, de la res publica, mirar para otra parte, ausentarse; no decir una palabra profética de señalar lo justo…, en definitiva de defender la causa del hombre en nombre de Dios.

Y también, ¿por qué no? la causa de Dios en nombre del hombre, del hombre de fe. A ¿qué nos referimos con ello?

La Iglesia y sus pastores no han de callarse -guste o no, a unos u otros- de decir su verdad, de proclamar su doctrina y de criticar la realidad desde sus valores y mandamientos. De ahí, que en todo momento la Iglesia tiene que hablar claro respeto a asuntos públicos que afectan a la vida de las personas: como el aborto, la eutanasia, la familia, la educación, la moral, la justicia social, etc., caiga mejor a tal o cual partido político, y aunque ellos acarree consecuencias. O estemos en periodo electoral, o incluso, mejor dicho, justamente en ese momento para que la gente vote teniendo en cuenta esas realidades tan importantísimas y de cuya responsabilidad ningún cristiano se puede excusar.  

La Iglesia, representada en su jerarquía (clero, en general), no puede permanecer callada ante atropellos a la libertad, al acoso y “persecución” de lo suyo y los suyos. Aquí en España -sin ir más lejos, y que puede servir de ejemplo- se producen ofensas a los sentimientos religiosos…, que los fieles cristianos sienten en lo más vivo, y sin embargo, la Iglesia permanece muda, sin denunciarlo. Está como acogotada. Este no darse a respetar no se entiende.

Otra cuestión es la actitud -parecida- en lo tocante a la acción de la política y los políticos -en la actualidad, dicho de paso, tan anticristianos- en ir contra la religión cristiana, en España contra la Iglesia católica. Pretende con la ley de educación sofocar la libertad a la enseñanza desde el ideario católico, también se pretende arrebatar las propiedades inmatriculados de la Iglesia, también hacerla pagar el impuesto de bienes inmuebles (no haciendo lo mismo con otras instituciones), también la escasa o nula consideración a la familia tradicional, etc. La Iglesia calla.

Igual que calla ante el bien moral de la unidad de la patria española, que se está viendo destruido por la beligerancia de los nacionalismos egoístas y por políticos y medios de comunicación sin escrúpulos.

La Iglesia necesita recobrar libertad, desligarse, no ser dependiente ni rehén del Estado. La Iglesia tiene que tener voz y que se la oiga y reivindicar su derecho a opinar y decir su verdad. Y dejar de estar como desaparecida o encerrada en la sacristía. ¡No hay que tener miedo!

Ah, por fin algo, el nuncio Bernardito Auza en su estreno como embajador vaticano en una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, dijo: “En la sociedad no buscamos privilegios, pero tampoco aceptamos discriminación”, “La Iglesia lo único que pretende es un espacio que garantice a vivir, exponer y difundir el Evangelio”. 

También dijo: “… animar a los laicos con las palabras del Papa a no tener “miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro… Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: «Vayan y prediquen el Evangelio» (Mt 28,19).” El achatamiento de los cristianos laicos en la sociedad es cada vez más evidente y mayor, y si los pastores no ponen a la cabeza y muestran con el ejemplo el camino al rebaño, no habrá nada que hacer. Se pide que otros hagan lo que somos incapaces de hacer, salir a la calle, patearla (como Jesús Galicia y Judea)… (Y como un pequeñito botón de muestra: en las manifestaciones pro-vida y contra el aborto no se ve a ninguno de los pastores). Así nos va.

Hay que dar la cara ( en todos los sentidos y ambientes públicos, sociales y hasta políticos), aunque nos la partan (si esto ocurre, a lo mejor nos asemejamos a Cristo).

ACTUALIDAD CATÓLICA