
La Iglesia se constituye en tres realidades: la que es triunfante o gloriosa, que está en el Cielo, que son los santos (de los cuales, una pequeña parte son reconocidos canónicamente); la que es purgante, que está en espera, purificándose en la antesala, para acceder al Cielo (el cual ya lo tiene aseguro), y la que es militante, los que andamos por esta vida terrena.




