El extraordinario arquitecto modernista español Antonio Gaudí nació un tal día como hoy, 25 de junio, de 1852, y murió el 10 de junio de 1926. Pero no lo destacamos aquí, por su capacidad arquitectónica ni por su obra monumental la Sagrada Familia, sino por su fe, por su religiosidad, por su vida de santidad…, que le hace digno de estar en estudio de proceso de beatificación.
El genial arquitecto Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía el 7 de junio de 1926, mientras se dirigía al oratorio de San Felipe Neri, en Barcelona, para su oración cotidiana matinal y para hablar con su confesor, mosén Agustí Mas i Folch.
El golpe lo dejó aturdido y puesto que iba sin documentación y con sus ropas viejas y desaliñadas, lo tomaron por un mendigo. Lo llevaron a un hospital de pobres y murió allí tres días después, el 10 de junio.
A continuación exponemos una sabrosa anécdota[1] real de don Antonio Gaudí:
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Rusiñol encontró a don Antonio Gaudí, famoso arquitecto de las obras de la catedral de Barcelona, y le hizo la pregunta ritual de la época:
—¿Cuándo cree usted que estará terminada la Sagrada Familia, don Antonio?
—Una catedral no es nunca la obra de la generación que la empezó. Una catedral no la ven terminada los que iniciaron su construcción. Una catedral es a veces obra de dos o tres siglos…
—Pero —atajó Rusiñol— ¿cree usted que dentro de tres o cuatro siglos habrá todavía religión?
Gaudí quedó mundo, estupefacto, yerto. Le sucedía siempre lo mismo cuando, en su presencia, alguien hablaba mal de la religión católica.
Pasaron unos años, y un día gente importante visitó la Sagrada Familia, y con este motivo fueron presentados a Gaudí. Una de esas personalidades le hizo la consabida pregunta de cuándo terminarían las obras de la basílica.
Rusiñol sirvió de interprete.
—Dígale usted —dijo Gaudí— que la basílica estará terminada, gracias a Dios, dentro de trescientos o cuatrocientos años, aunque haya personas que crean que entonces ya no habrá religión.
Ahora el turno tocó a Rusiñol de quedar mudo y sorprendido.
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Cuando a Gaudí le preguntaban, con impaciencia, cuándo se terminaría el Templo de la Sagrada Familia, él respondía, sin impacientarse:
—Mi amo no tiene prisa…
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Antonio Gaudí, siervo de Dios, cristiano consecuente, que con su vida ejemplar de fidelidad a la fe católica -como lo testimonia esta anécdota-; y tan necesaria sobre todo en estos tiempos actuales.
Ha quedado con el apelativo de «el arquitecto de Dios». Su obras maravillosas, como el templo de la Sagrada Familia de Barcelona Barcelona (el monumento de España más visitado por los turistas), muestran su dotes arquitectónicas y su amor a Dios. «Para hacer las cosas bien es necesario: primero, el amor; segundo, la técnica», decía él mismo.
Existen muchos testimonios que hablan de la piedad y la profunda religiosidad de don Antonio Gaudí: era un ejemplo de vida cristiana, sacramental y oración; fue visto rezando cada día en iglesias distintas; modelo de respeto y amor por la naturaleza, modelo de austeridad y pobreza y modelo familiar, pues aunque no se casó atendió a su padre y a su sobrina discapacitada y huérfana hasta su muerte. Pasó en su vejez a la más estricta sencillez, comiendo con frugalidad, vistiendo trajes viejos y gastados, con un aspecto descuidado, tanto que a veces lo tomaban por mendigo.
El proceso diocesano de la causa de beatificación ha concluido en Barcelona, ahora será necesario verificar algún milagro atribuido a la intercesión de Gaudí
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Mons. Omella celebra que el Papa haya declarado Venerable a Antonio Gaudí. Y desea sea declarado beato en 2026, coincidiendo con su centenario
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[1] VEGA, V., Diccionario ilustrado de anécdotas, Ed. Gustavo Gili, 3ª ed., Barcelona, 1965, p.700.
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