Los profetas tienen la misión de urgir a la conversión (metanoya), a un cambio de vida, de actitud, de revertir una mentalidad mundana e impropia, de perversión, de perdición -en definitiva-; pues el pueblo -el mundo-, la gente, se ha alejado de Dios, ha decaído en su fe y ha dejado de ser fiel a Dios, para irse idolátricamente tras falsos dioses. Esta apostasía, o infidelidad a Dios, trae consigo el abandono del camino del bien y la vida virtuosa, es decir, el no seguir el camino de la voluntad de Dios, que es salvador y dador de vida, para adentrarse en las tinieblas de muerte.
El amor de Dios por los hombres es tan grande, que como hemos visto en esta Semana Santa que acabamos de finalizar, que el mismo ha echado el resto por esta creación suya. De modo que no está dispuesto a que se pierda. Y que llegado el momento, si es preciso, reivindicará aquello que le corresponde, tanto por derecho de creación como por el precio pagado por su sangre. E intervendrá…
Dado los derroteros por los que se conduce el actual mundo en que domina (especialmente en Occidente, pero cada vez más extediendose a otros lugares, como una metástasis) la increencia y el progresismo enfriamiento de amor, tal vez se haga necesaria esa intervención divina.
Son muchos los profetas y los mensajes del cielo que nos avisan… Si los observamos reuniéndolos todos juntos, pareciera que se refieren a estos nuestros tiempos. Aunque muchos traten de taparse los oídos y ocultar la realidad… y digan como dijeran de profeta Jeremías: «no hagamos caso de sus oráculos» (18,18).
San Francisco de Palau, al que los liberales masónicos descalificaba tachándole de loco y brujo, por los milagros que realizaba y por sus profecías: “Alerta, pero la gente duerme tan profundamente que no nos oyen y si alguno hay que esté despierto no nos entiende; piensa que el sereno se ha vuelto loco anunciando catástrofes y desgracias”.[1]
Hoy, 5 de abril, celebramos al santo Vicente Ferrer, al que algunos lo denominaron «ángel del Apocalipsis», y que pronunció esta palabras referidas al momento en que Dios intervenga para purificará todo y regenerará todo: «En aquel tiempo las mujeres vestirán como hombres y se portarán según su gusto y licenciosamente; los hombres vestirán vilmente como mujeres…»
Y como profeta de nuestro tiempo, valga santa Faustina Kowalska, temerosa como san Jeremías y otros profetas, en su Diario, n. 429, dice: «Cuando me di cuenta de los grandes designios de Dios respecto a mí, me asuste de su grandeza y me sentí completamente incapaz de cumplirlos y empecé a evitar interiormente las conversaciones con Él, y sustituía ese tiempo con la oración oral. (..) Una vez, cuando en lugar de la oración interior comencé a leer un libro espiritual, oí en el alma estas palabras, explicitas y fuertes: Preparas al mundo para Mi última venida.«
Son muchas las revelaciones proféticas que nos hablan de los signos de los tiempos, y que parecen hacer referencia a estos momentos históricos; por ello, estemos como nos recomiendan las Escrituras en vela.
En un próximo artículo titulado «Los signos de los tiempos» hablaremos de cómo se ven meridanamente claro que nos incumben especialmente a nosotros.
P.D.: Pueden leer el artículo «Palabra comprometida»
[1] “El Ermitaño”, Año II, Nº 21, 25 de marzo de 1869.
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