Estatua demoniaca

TurismoSegovia

El 23 de enero el Ayuntamiento de Segovia, ciudad española cercana a Madrid, ha colocado una figura demoniaca en el espacio público.

La alcaldesa de partido socialista ha hecho caso omiso a un notable número de sus vecinos (más de 12.500) que se oponían a que semejante monumento se instalara en sus calles. Apoyándose en una escusa a todas luces insuficiente, casi peregrina, como es la de diversificar los flujos turísticos. Nunca ha de faltar una razón para salirnos con la nuestra, ¿verdad?

«No pretendemos ofender la sensibilidad religiosa de nadie, pero tampoco vamos a doblegarnos ante las imposiciones de la intransigencia», declaró la alcaldesa. Pensamos que esa expresión de «no pensamos ofender», solo es eso una expresión que no supone nada, vacia operativamente; por otro lado, dice que «que no van a admitir imposiciones de la intransigencia», pero si yo lo impongo  y no transijo, y además a quien se lo impongo les llamo intransigentes.  En fin, así son los políticos, bla, bla, bla, y el caso es que me salgo con la mia.

Esta desconsideración, cuanto menos, a los cristianos que se han mostrado ofendidos para a los que esa imagen tiene un significado del que la alcadesa carece, lleva aparejado otra lectura: la de consciente o inconscienemente (animada sin saberlo por una influencia…) dar espacio, cabida, entre sus ciudanos.

Cabría pensar que no es para tanto, viendo esa figura de diablo de aspecto jocoso, sin maldad. Pero no, por ahí se empieza, como una broma, se va abriendo…, dando sitio a la apariencia inofensiva; pero ahí está.

Esto de instalar esfinges demoniacas va ocurriendo cada vez más. Es preocupante. Y no se puede dejar de recordar aquello que dice el Apocalipsis:

Cap 13, versiculo 14:      y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió.

   Cap 14, versiculo 9 y 10:       Un tercer Ángel les siguió, diciendo con fuerte voz: «Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y acepta la marca en su frente o en su mano, tendrá que beber también del vino del furor de Dios, que está preparado, puro, en la copa de su cólera.

 

Quiza esto solo sea los primeros pasos hacia eso tan dolorosamente profetizado.

 

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