Estamos en el tiempo de salvación

En este título caben dos interpretaciones, y ambas válidas, aunque una real y otra posible.

La real, Dios se ha hecho hombre, ha incorporado a sí, la naturaleza humana. Esto es algo extraordinario y maravilloso. El ser humano ha sido salvado. El hecho de que Dios asuma en sí a la humanidad es más importante que su muerte en la Cruz. Esta sobreviene como una consecuencia  -“accidente laborar”- de su entrada participativa en una realidad hostil a la presencia divina, al Bien, al Amor, a la Verdad, en un mundo donde opera “el príncipe de la tinieblas”. De modo que Dios nace para Salvar a este mundo deshumanizado. 

Todos nosotros, desde entonces -y es la realidad que celebramos estos días-, estamos convocados a unirnos, mediante una fe real, vivida, a la Salvación que Jesús aporta. De forma que cabe decir, como a María, “bienaventurado tu, que has creído”. ¡Es una suerte inmensa que tenemos los que creemos!

La otra interpretación, la posible -y osada-, es la de que estamos en “tiempos críticos y decisivos”.  Son momentos estos en los que ha Humanidad se juega algo importante, y que hace referencia a lo que las profecías reveladas en las Sagradas Escrituras y a las privadas se nos han comunicado; para nuestra salvación.

Y, lamentable, una gran parte del mundo, el occidental paganizado, ignora estas verdades.

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