Erich Fromm, «El arte de amar»

A continuación les ofrecemos algunas frases a destacar extraídas de la obra titulada El arte de amar de E. Fromm, uno de los más brillantes psicoanalistas,  pensadores y humanistas del siglo pasado.

Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea el contado o a plazos.

 En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.

 Lo esencial en la existencia del hombre es el hecho de que ha emergido del reino animal, de la adaptación instintiva, de que ha trascendido la naturaleza.

 En el contexto religioso, igualdad significó que todos somos hijos de Dios, que todos compartimos la misma sustancia humano-divina, que todos somos uno. Significaba también que deben respetarse las diferencias entre los individuos, que si bien, es cierto que todos somos uno, también lo que es cada uno de nosotros constituye una entidad única, un cosmos en sí mismo.

 La unión interpersonal, la fusión con otra persona, en el amor. Ese deseo de fusión interpersonal es el impulso más poderoso que existe en el hombre. Constituye su pasión más fundamental.

 Respeto (respire =mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De este modo, el respeto implica la ausencia de explotación.

 El conocimiento del otro no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta el meollo. Sólo es posible cuando puedo transcender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos.

 El amor fraternal es el amor a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad. Si he desarrollado la capacidad de amar, no puedo dejar de amar a mis hermanos. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los hombres, de solidaridad humana, de reparación humana. El amor fraternal se basa en la experiencia de que todos somos uno. Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hacia el núcleo. Si percibo en otra persona anda más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo, percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de centro a centro  -en lugar de la de periferia a periferia-  es una «relación central».

 El amor fraternal es amor entre iguales: pero, sin duda, aun como iguales no somos siempre «iguales»; en la medida en que somos humanos, todos necesitamos ayuda. Hoy yo, mañana tú. Esa necesidad de ayuda, empero, no  significa que uno sea desvalido y el otro poderoso. La desvalidez es una condición transitoria; la capacidad de darse y caminar sobre los propios pies es común y permanente

 Sin embargo, el amor al desvalido, al pobre y al desconocido, son el comienzo del amor fraternal. Amar a los demuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su dueño, puesto que su vida depende de él; el niño ama a sus padres, pues los necesita. El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales. (…) Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar amor a su hermanos; y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al frágil e inseguro ser humano. La compasión implica el elemento de conocimiento e identificación.

 El amor de la madre es incondicional, y también es omniprotector y envolvente.

Puesto que la madre ama a sus hijos porque son sus hijos, y no porque sean “buenos”, obedientes, o cumplan sus deseos y órdenes, el amor materno se basa en la igualdad.

 Hoy se recomienda la creencia en Dios y las plegarias como un medio de aumentar la propia habilidad para alcanzar el éxito. “Haz de Dios tu socio” significa hacer de Dios un socio en los negocios, antes que hacerse uno con El en el amor, la justicia y la verdad.

 Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Quien insiste en la seguridad y la tranquilidad como condiciones primarias de la vida no puede tener fe; quien se encierra en una sistema de defensa, donde la distancia y la posesión constituyen los medios que dan seguridad, se convierte en un prisionero. Ser amado, y amar, requiere coraje, la valentía de atribuir a ciertos valores fundamental importancia ­y de dar el salto y apostar todo a esos valores?.

El principio sobre el que se basa la sociedad capitalista y el principio del amor son incompatibles.

 Que una necesidad haya sido oscurecida no significa que no exista.

 ACTUALIDAD CATÓLICA

        


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