El verdadero tesoro

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Atesorad, más bien en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socaban ni roban: porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón (Mt 6,19-20).

         Te daré los tesoros secretos,

         las riquezas escondidas,

         para que sepas que yo soy Yavé,

         el Dios de Israel, que te ha llamado por tu nombre (Is 45,3).

 

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          Reunido el Pleno del Ayuntamiento, tomó la palabra el Alcalde e informó:

       —He recibido un comunicado del obispado anunciándome que el próximo domingo de Ramos vendrá el mismísimo Jesucristo en persona a visitarnos. Ante tan excelsa y extraordinaria visita hemos de disponernos a dar con todos los honores el recibimiento que corresponde a tan divina dignidad. Por lo tanto, según el bando municipal que redactaré de inmediato, todo el pueblo queda obligado a propiciarle todo tipo de atenciones, poniendo cuanto tenemos a su disposición, sin regatear esfuerzo y sacrificio alguno.

      De esta manera el pueblo se dispuso con las mejores galas a acoger la llegada del Señor. El día señalado vieron venir por la lontananza a un hombre vestido de pobre.

         —“¡Ya llega!, ¡Ya llega!” exclamó el primero que apostado a la entrada del pueblo le vio aparecer.

         —Sí, efectivamente El es confirmó el sacerdote del pueblo. Viene como a El le gustó siempre ser: pobre.

         Le agasajaron según lo previsto, dispensándole todo tipo de atenciones: le dieron una suculenta comida y le vistieron con las mejores prendas, y a la partida le ofrecieron un cofre repleto de monedas de oro, para que atendiera a las necesidades de los pobres y marginados.

         Al día siguiente llegó un hombre; y se presentó en el Ayuntamiento:

        —Perdonad, pero me retrasé. Tuve que arreglar el día de ayer unos asuntos allá arriba en el cielo.

        —¡Cómo! ¡Eres tu Jesús! —exclamó sorprendidísimo el alcalde. ¡Corred, corred; salgamos en busca del mendigo de ayer, y recuperemos cuanto le dimos!

       Todo el mundo salió por los caminos persiguiendo el tesoro que el “falso” Jesús se había llevado. Y Dios se quedó solo. 

 …..

            Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (Lc  12,34).

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¡Cuántos corren tras el falso tesoro del falso dios. Alejándose del Verdadero Tesoro que se encuentra con nosotros, dentro de nosotros.

Llegó Jesús, y se fueron. Porque allí donde está Dios, no puede estar su negación. No hay lugar para dos señores.

Cuando el interés propio nos arrastra, nos hace alejarnos; cuando el oro sustituye a Dios, entonces somos ateos.

Hay quien en la vida persigue un tipo de riqueza -de los muchos tipos de ella existentes en un mundo empequeñecido que oferta gran variedad de ambiciones, que son efímeros placeres y orgullos marchitos-, e ignora el verdadero tesoro. ¡Riquezas que son verdadera pobreza!

La Escritura nos pone en guardia contra ese amor a las riquezas de la manera más seria. Lo hace mediante ejemplos tal como los de Balaam (Núm 22-24 y 2 Pe 2,15-16), de Giezi (2 Re 5) y de Judas (Mt 26,14-16 y 27,3-5). El amor al dinero llevó al primero por caminos perversos; el segundo enfermó de lepra y el tercero cometió la más grande traición que se pueda cometer.

 “Nadie saldrá de este mundo cargado de bienes terrenos, sino desnudo de todas las cosas, incluso de su mismo cuerpo. Mas los que hubieran predicado la virtud tendrán una riqueza espiritual y llevarán de compañera de viaje la luz de su caridad para con los pobres” (San Cirilo de Alejandría)[1].

“El Reino de Dios no tiene precio, y sin embargo cuesta exactamente lo que tengas (…). A Pedro y a Andrés les costó el abandono de una barca y de unas redes; a la viuda le costó dos moneditas de plata…” (San Gregorio Magno)[2].

Siendo formados en la caridad y en toda riqueza de plenitud de la inteligencia para llegar al conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo, en el que se encuentran ocultos todos los tesoros… (Col 2,2-3).

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] En R. SIERRA BRAVO, Doctrina Social y Económica de los Padres de la  Iglesia, Cía. Bibliográfica Española, S.A., Madrid 1967, n.551.

[2] Hom. 5 sobre los Evangelios