Aunque sea algo indeseable, impropio del bien de nadie y enemigo de la felicidad —para la que hemos sido creados por Quien nos ama—, el dolor o el sufrimiento no es algo vano ni el tiempo de su tránsito desechable; es más, desde el punto de vista teológico, desde la fe, tiene un gran valor —puede convertirse en el tiempo más valioso vivido por una persona y donde se juegue todo—. Es más, los cristianos sabemos muy bien que en la Cruz se jugó todo el destino de la Humanidad.
El Papa Francisco habló durante el Ángelus habló sobre la visión cristina del sufrimiento, en estos términos:
Tras haber «confiado a los discípulos que debería sufrir mucho, ser asesinado y resucitar al tercer día, Jesús sabe que ellos no aceptan esa realidad y, por ello, quiere prepararlos para soportar el escándalo de la Pasión y de la muerte en la Cruz, para que sepan que ese es el camino por medio del cual el Padre celeste llevará a la Gloria a su Hijo elegido: resucitándolo de entre los muertos».
“Y este camino sacrificado de la cruz, que conduce a la resurrección, también será el camino de los discípulos: ninguno llega a la vida eterna si no es siguiendo a Jesús, llevando su propia Cruz en la vida terrena”.
“La Transfiguración (tema del evangelio del día, Lc 9,28-36) de Cristo nos muestra la perspectiva cristiana del sufrimiento: no es un sadomasoquismo, el sufrimiento es un pasaje necesario, pero transitorio. El punto de llegada al que estamos llamados es luminoso como el rostro de Cristo transfigurado: en Él está la salvación, la santidad, la luz, el amor de Dios sin límites”.
“Mostrando su gloria, Jesús nos asegura que la Cruz, las pruebas, las dificultades en las cuales nos encontramos, tienen su solución y su superación en la Pascua”.
“En esta Cuaresma debemos subir también nosotros al monte con Jesús. ¿De qué modo? Con la oración. Permanezcamos algunos momentos en recogimiento, fijando la mirada interior en su rostro y dejemos que su luz nos alcance y que irradie en nuestra vida”.
La Cuaresma tiempo “para disfrutar de la cercanía con Dios”, y para reanudar “el camino sacrificado de la cruz, que conduce a la resurrección”.
“Continuemos nuestro camino cuaresmal con alegría… Que la Virgen María nos enseñe a permanecer con Jesús aun cuando no lo entendamos a él o a sus caminos. Porque sólo estando a su lado veremos Su gloria”.