Levinas

Para que nos hagamos una idea de la dimensión del ético del pensamiento del gran filósofo de origen judío Emmanuel Lévinas, que, preso en un campo de concentración alemán, sufrió los horrores de la Segunda Guerra Mundial, hemos entresacado unas líneas de su obra «De otro modo que ser, o más allá de la esencia»[1]:

  • El presente es comienzo en mi libertad, mientras que el Bien no se ofrece a la libertad, sino que me ha elegido antes de que yo lo elija. Nadie es bueno de modo voluntario (…), tampoco nadie es esclavo del bien. p. 55
  • El Bien cualifica la libertad  -él me ama antes de que yo lo haya amado. Gracias a esta anterioridad, el amor es amor-. p.55
  • El Bien no es el término de un necesidad susceptible de satisfacción, no es el término de un necesidad erótica, de un relación con el Seductor que se asemeja al Bien hasta confundirse con él, pero que no es su representante, sino su imitador. El Bien, lo mismo que el Infinito, no tiene representante, no porque sea el todo, sino porque es Bien y nada escapa a su bondad. p.55
  • El Bien no podría entrar en un presente ni entrar a formar parte de una representación, sino que, precisamente por ser Bien, rescata la violencia de su alteridad aun cuando el sujeto deba sufrir por el crecimiento de esta violencia cada vez más exigente. p.60
  • La significación o el uno-para-el-otro, la de-serción del Yo más allá de toda derrota, a contrapelo del conatus, o, lo que es lo mismo, la bondad. En ella se impone el otro de un modo totalmente destino que la realidad de lo real, se impone porque es otro, porque esta alteridad me incumbe con toda su carga de indigencia y de debilidad. p.63
  • Tal pasividad sin duda es una exposición del sujeto al otro, pero la pasividad del sujeto es más pasiva que la que sufre el oprimido condenado a la lucha. La pasividad más pasiva, la inasumible subjetividad o incluso sujeción del sujeto dice relación con mi obsesión por la responsabilidad para con el oprimido otro que yo. p.109
  • La exposición al toro es desinterés, proximidad, obsesión por el prójimo; obsesión a su pesar, es decir, dolor. p.110
  • Si el dar es la proximidad misma, no alcanza su sentido pleno más que despojándome de aquello que me es más propio que la posesión. El dolor penetra en el corazón mismo del «para sí» que alienta en el gozo, en la vida que se complace en sí misma, que vive de su vida. Dar, ser-para-el-otro, a su pesar, pero interrumpiendo para ello el para sí es arrancar el pan de la propia boca, alimentar el hambre del otro con mi propio ayuno. p.111
  • La sensibilidad sólo  puede ser vulnerabilidad o exposición al otro, sólo puede ser Decir porque es gozo. La pasividad de la ofensa, la «hemorragia» del para-el-otro es arrancar de la boca el pan a la boca que lo saborea en pleno gozo. p.132
  • La sensibilidad es la exposición al otro. No se trata de la pasividad de inercia, persistencia en un estado -sea reposo o movimiento-, susceptibilidad de sufrir la causa que desde allí se haga surgir. p. 133
  • Más que naturaleza, antes que naturaleza, la inmediatez es esa vulnerabilidad, esa maternidad, ese pre-nacimiento o pre-naturaleza a la que se remonta la sensibilidad. p. 134
  • La subjetividad es sensibilidad -exposición a los otros, vulnerabilidad y responsabilidad en la proximidad de los otros, uno-para-el-otro, esto es, significación. p.136
  • Relación de parentesco al margen de toda biología, «contra toda lógica». El prójimo no me concierne porque sea reconocido como perteneciente al mismo género que yo; al contrario, es precisamente oro. La comunidad con él comienza en mi obligación a su vista. El prójimo es hermano,. Fraternidad que no puede abrogarse, asignación irrecusable, la proximidad es una imposibilidad de alejarse sin la torsión de un complejo, sin «alienación» o sin falta. Tal insomnio es psiquismo. p. 148
  • El para del uno-para-el-otro, al margen de toda correlación y de toda finalidad, es un para de gratuidad total que rompe con el interés; para de la fraternidad humana al margen de todo sistema preestablecido. p.160
  • En la no-indiferencia a la vista del prójimo, donde la proximidad no es nunca bastante próxima, no se borra la diferencia entre yo y el otro y la indeclinabilidad del sujeto, como se borran en la situación dentro de la cual la relación del uno con el otro es entendida como reciprocidad. p.213
  • En la significación absoluta del sujeto es escuchar enigmáticamente el Infinito, lo más acá y lo más allá. p.214
  • La unidad del género humano precisamente es posterior a la fraternidad. La proximidad es una diferencia, una no-coincidencia, un arritmia en el tiempo, una dicronía refractaria a al tematización, refractaria a la reminiscencia que sincroniza las fases de un pasado. ¡Es inenarrable!, el otro que pierde su rostro del prójimo en la narración. p.246
  • Huella de la relación con la illeidad, que me ordena a la responsabilidad y que no queda abrazada por ninguna unidad de apercepción. Relación -o religi- que excede la psicología de la fe y de la pérdida de la fe, me ordena de un modo an-árquico precisamente sin hacerse nunca  -sin haberse hecho nunca- presencia ni desvelamiento del principio. p.249
  • Transcenderse, salir de la propia vera hasta el punto de salir de sí, es substituirse por el otro; en mí porte de mi mismo, no portarme bien, sino expiar por el otro mediante mi unidad de ser único. La abertura del espacio como abertura de sí sin mundo, sin lugar, la u-topía,. el no estar enmurallado, la inspiración hasta el límite, hasta la expiración: eso es la proximidad del Otro, que sólo es posible como substitución de él. la alteridad del toro no es un caso particular, un especie de alteridad, sino su ex-cepción original. p.263
  • La responsabilidad para con los otros jamás podrá significar voluntad altruista, instinto de «benevolencia natural» o amor. p.180
  • La responsabilidad para con todos llega hasta la substitución. El sujeto es rehén. p. 180
  • Dar testimonio de Dos no es precisamente enunciar esa palabra extra-ordinaria, como si la gloria pudiese alojarse en un tema, ponerse como tesis y convertirse en esencia del ser. Signo dado al otro de esta misma significación, el «heme aquí» me significa en nombre de Dios al servicio de los hombres que me miran, sin tener nada con lo que identificarme a no ser el sonido de mi voz o la figura de mi gesto, el decir mismo. Este recurrencia es todo lo contrario del retorno a sí, de la conciencia de sí. Es sinceridad, expansión de sí, «extradición» de sí al prójimo. p.226
  • «Antes de que me llamen, yo responderé» (Is 65,24) (…). Al acercarme al Otro, siempre estoy retrasado respecto a la hora de la «cita». (…) Esta responsabilidad previa a todo compromiso es precisamente el-otro-en-el mismo, inspiración y profetismo, el pasarse propio del Infinito. p.228
  • Que la gloria del Infinito sólo se glorifique mediante la significación del uno-para-el-otro en tanto que sinceridad; que en mi sinceridad el Infinito atraviese lo finito; que lo Infinito se pase allí; he aquí lo que convierte en primordial la intriga de la Ética y el lenguaje, algo irreductible a un acto entre otros actos. p.228
  • Dios no está «causado» como un pretendido interlocutor; la correlación recíproca me refiere al otro hombre en la huella de la trascendencia, en la illeidad. El «paso» de Dios, del cual no puedo hablar de otro a manera que por referencia a esta ayuda o a esta gracia, es precisamente el retorno del sujeto incorporable como miembro de la sociedad. p. 237
  • La gloria del Infinito se gloria en esta responsabilidad no dejando al sujeto ningún refugio en su secreto que lo proteja contra la obsesión por el Otro y cubra su evasión. La gloria se glorifica mediante la salida del sujeto fuera de los ángulos del «en cuanto a sí» que ofrece, como los espesores del Paraíso en los que Adán se escondía al escuchar la voz del Dios eterno que atravesaba el jardín desde el lado en que se levanta el sol, una escapatoria a la asignación donde se dispara la posición del Yo al comienzo y la misma posibilidad del origen. La gloria del Infinito es la identidad an-árquica del sujeto desembocado sin posible ocultamiento, yo abocado a la sinceridad, aportando signo al otro  -del cual soy responsable y ante quien soy responsable- de esta misma donación del signo, es decir, de esta responsabilidad: «heme aquí». p. 220.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] Sígueme, Salamanca 1987.

 


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