Vocaciones sacerdotales, en la solemnidad de San José

Los días 17 y 19 coincidiendo con la festividad de san José se celebra el día del seminario. ¡Quién mejor que san José, el cuidador de Jesús, para cuidar de los que van a ser su prolongación sacerdotal aquí en la tierra, y para velar porque perduren fielmente en su vocación ministerial y a la santidad!

En España el «Día del Seminario» nació vinculado a la fiesta de San José. Cuando el 19 de Marzo ha dejado de ser una fiesta estable -aunque sigue siendo de precepto para los católicos- desde el punto laboral en diversas localidades o Comunidades Autónomas, el Día del Seminario se traslada al domingo más inmediato, pero sigue manteniéndose la referencia a San José.

Y si san José es importante para poner bajo su auspicio el cuidado de los futuros sacerdotes, también lo es como a aquel al que dirigirnos para pedirle su intercesión en el aumento de las vocaciones, haciendo honor al significado de su nombre: «Dios aumente».

Sobre el número, y refiriéndonos a España, cabe decir que estamos necesitados de candidatos al sacerdocio. Otrora este país fue un vivero de vocaciones y de misioneros, que se esparcieron generosamente por todos los continentes; hoy, en cambio, es tierra de misión. Y lo es en el doble sentido, en cuanto al número de sacerdotes -que hay más defunciones o abandonos, que ordenaciones- que disminuyen sin remplazo suficiente, y teniendo que importarlos de otros países, sudamericanos o africanos, principalmente, y en el segundo sentido, en cuanto que se hace urgente una reevangelización, pues la increencia avanza a paso agigantados, sobre todo entre las nuevas generaciones.

A pesar de que el año pasado haya habido un pico excepcional de ordenaciones sacerdotales  (135 seminaristas fueron ordenados sacerdotes en 2018, 26 más que en 2017, 109, lo que supone un incremento del 24%), la realidad es que el número de seminaristas permanece estable: este año son -tras descontar ese número de ordenados, bajas y traslados- 1.203 seminaristas, cuando el anterior fue de 1.263. Pero en todo caso menos de lo deseable.

Los creyentes de a pie tenemos la responsabilidad de hacer cuanto podemos de nuestra parte: Orar por las vocaciones, ser buen ejemplo de fe con los que los rodean y alentar vocaciones y contribuir con nuestra aportación económica a las necesidades del seminario. En este último sentido, hay que dar -como diría santa Teresa de Calcuta- hasta que duela, es decir, rascarse el bolsillo aunque nos cueste; pensad que lo hacemos por amor al Reino de Dios y por cumplir con el mandamiento eclesiástico de «ayudar a la Iglesia de sus necesidades».

Y algo más:

Una forma de también ayudar a solventar la  “crisis de vocación” de Occidente, es un remedio que parece bastante sencillo: rezar en familia y crear una atmósfera de buen juicio y sentimiento religioso en la comunidad de la parroquia local.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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