El silencio de lo esencial

El silenciamiento que se da sobre lo fundamental: nuestro destino definitivo y eterno, la otra vida.

Cuando se silencia lo verdaderamente esencial y digno de la persona humana, todo cambia: desde el sentido de la vida, la consideración y el respeto por cada vida humana, etc. Es otra antropología que lo cambia todo.

Es sustantivo esto, grave, muy grave. Y sin embargo, nadie habla de esto, de lo más importante del ser humano. Es absolutamente tremendo que esto suceda en medio de una vida actual que es tan poca cosa, pero en la que nos jugamos el todo esencial.

Ignorar -no tomar consciencia- que la vida esta supone una existencia finita, de unas décadas (y a veces incluso mal llevadas), y luego… ¿qué?

Ante un ser humano que no es más que unas decenas de años pululando por aquí, sin nada más que un pasarlo como se pueda, placenteramente si es posible o sobreviviendo como cualquier otro animal, es fácil despojarlo de cualquier dignidad de consideración. De modo que ante un animal -aunque se diga racional- así, resulta relativamente -autoexculpatorio- cualquier comportamiento contra él, si se presenta alguna razón de peso  o causa importante que lo justifique.

No, no es la misma la consideración de la dignidad de una persona con un designio de eternidad, que su reducción a la estricta materia.  

Plantarse ante alguien que considera al de frente como un animal, científicamente como un cúmulo de células, sin mayor propósito que un vagar por este lugar llamado Tierra, sin sentido ni pretensión alguna, es muy distinto al que considera al ser humano, a cada persona como algo sagrado. Aquel puede acabar con una vida -cultura de la muerte- sin el menor escrúpulo; algo que para el que considera a la persona con la dignidad que Dios le ha otorgado le es inabordable.

La gente vive de espaldas a la verdad más importante de su vida: la perspectiva de la otra la vida, la vida inacabada, eterna, definitiva. Todo su existir lo ha reducido al aquí y ahora; como si el cielo no existiera, en una absoluta despre-ocupación.  

Y esto es grave. Y lo agrava más el que los encargados de que eso esencial no quede en el obstracismo, los sacerdotes y gente de fe, no predique ni testimonien esa realidad fundamental. De esta verdad -dogma de fe- de la otra vida, la celeste, nadie habla.

¿Cómo es posible esto? El demonio parece ganar la batalla, al tener al mundo cada vez más engolfado en la crasa materia: en el comamos y bebamos que mañana moriremos… Con lo que la Trascendencia ha desaparecido del horizonte humano. Dramáticamente.

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