El segundo caballo del Apocalipsis

Nota previa: Este es un relato sobre el inmediato pasado, el presente y el inmediato futuro. Es decir, es una aproximación a la realidad profética de nuestro tiempo, que tal vez sea aquel tan siempre mencionado «fin de los tiempos».

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo Viviente que decía: `Ven´. Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande.”[1]

Para estos tiempos del caballo rojo, Jesús nos dijo: “Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino”.[2]

Este caballo sigue al de la apostasía, o sea, al del alejamiento de Dios y cuanto conlleva, es decir, el enfriamiento del amor y la falta el respeto a la conciencia que responsabiliza. Es un  caballo surgido en medio de un mundo canalla; en el cual es normal que se desaten enfrentamientos de todo tipo[3].

En los pocos años del siglo XXI, se sucedieron, junto con la “guerra al terrorismo”, muchos enfrentamientos bélicos simultáneamente alrededor del mundo, especialmente en el ámbito islámico. Los años 2013 y 2011 fueron los de más conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. Los de Afganistán, Irak, Somalia, Libia, Pakistán, Yemen, Siria, Ucrania… se sucedieron hasta este 2017[4], e igualmente las latentes tensiones con China y Rusia por parte de Occidente, encabezado por EEUU y el Reino Unido.

En estos aún umbrales de siglo, la humanidad se sentía atemorizada ante los rumores de guerras, de guerras termonucleares. El potencial destructivo de las armas modernas y la posible escala masiva de los conflictos actuales conduce a una etapa peligrosa, única, y sin precedentes en la historia. El Papa Francisco hablaba de la situación como de la tercera guerra mundial por etapas. Esa guerra mundial ya ha comenzado con muchos escenarios bélicos, locales o superpuestos, como el de Siria y el explosivo Oriente Medio.

Desde que se inicio la guerra contra Irak, en la que Hasam Jusein pronunciara aquella profética expresión de que iba a ser “la madre de todas las batallas”, no ha dejado de sucederse conflictos bélicos en todo el mundo islámico. Fue como si se abriera la caja de pandora… Parte de este ejército derrotado constituyó más tarde el Estado Islámico. El cual, piensa cada vez más gente, que fue una creación —de manera directa o no— del Reino Unido, Estados Unidos y Arabia Saudita.

El derrocamiento y asesinato a sangre fría de Gadafi en Libia creó una zona de caos, guerras civiles y terrorismo, que se extendieron por  y una gran parte del norte de África y el Medio Oriente, dando lugar a Estados fallidos y provocando una reacción en cadena del yihadismo islámico que se ha invadido Centroáfrica y, en forma de amenaza terrorista, el Occidente.

A esta situación ya de por sí complicada y hasta dramática, se viene a sumar —lo que muchos analista opinan[5]—   de que el servicio de la inteligencia militar de Estados Unidos estaría involucrado en unos preparativos sistemáticos para la tercera guerra mundial. El Pentágono estima que un conflicto militar con China—por su expansionismo mundial— o Rusia o con ambos países será inevitable y que esta perspectiva se ha convertido en la fuerza motriz de la planificación táctica y estratégica norteamericana. Se está gestando una tercera guerra mundial, y la presión de EE.UU. sobre los líderes europeos es cada vez más fuerte y abierta.

Muchos poseído por las tinieblas de la codicia, bajo intereses económicos –Wall Street y la City londinense, y magnates fabricantes de armas[6] y poseedores de medios de comunicación[7]– azuzan a sus gobiernos a conflictos armados que favorezcan sus intereses. Los círculos gobernantes de EE.UU. el derrumbe de Wall Street y de Londres lo que está empujando al mundo hacia un Armagedón termonuclear, en tanto que la desesperada oligarquía financiera transatlántica pretende provocar una guerra contra Rusia y China como el único medio para mantener el poder político, en el momento en que el sistema bancario se conduce hacia su desintegración final. Necesitan una guerra con Rusia y o China para preservar el dólar[8] como moneda de reserva mundial, una estatus que proporciona innumerables ventajas a la “aristocracia” estadounidense.

La actual crisis económica y la amenaza existente de una guerra global están relacionadas entre sí, ya que, según opinan algunos analistas, la guerra será la mejor manera de salir de esta crisis.[9] Los caníbales de la especulación financiera, en la creciente desesperación, sienta el camino a la guerra. Esta gente, en su desvarío avariento, está dispuesta a llevar a la humanidad a una guerra. EE.UU. podría desencadenar una catástrofe universal si sigue los pasos que le marcan una clase voraz, que solo piensa en seguir enriqueciéndose a consta de todo. Estos personajes influyentes, esclavizados y sometidos por su avaricia, están dispuestos a cualquier cosa por horrenda que sea, con tal de satisfacer sus ambiciones. No cuenta nada en comparación con el imperativo de mayores beneficios de mañana. De esta manera, y sin ser verdaderamente conscientes  de los demonios que los poseen, hacen el juego a quienes están más allá, en el origen de todo mal.

Wall Street y la City londinense no sólo se hallaban en bancarrota, sino que se enfrentaban el estallido inmediato de sus miles de billones de la burbuja de derivados financieros. La deuda pública[10] y privada de EE.UU. y de los países occidentales alcanzaba tales proporciones que hizo crac del sistema financiero trasatlántico, arruinando la economía mundial. Esta tremenda crisis económica amenazaba con desencadenar la tan temida guerra mundial, que supondría comprometer la supervivencia misma de la especie humana.

Este es el deseo definitivo del corazón de las tinieblas que había en la Organización Secreta (a la que apodan «discreta»).

Otros,  por razones bien distintas se unen a participar de aquel mismo y definitivo fin. Son esos que, bajo capa de ser amantes de la tierra y en un postureo pacifista, promueven todo tipo de acciones de tinte ecológico, sumándose a aquel afán por un exterminio, pretendiendo salvar al planeta reduciendo drástica de la población. Estos son aventados  por una pequeña oligarquía que domina el planeta, o parte del planeta, y quieren matar a la población excedente, es decir, a una gran mayoría de la gente, que es según ellos, los sobrantes de la tierra y los que la echan a perder. Para ellos, pues, la esa guerra que supondría es la extinción parcial de la población humana, al grado de quizás reducirla a 1000 millones de seres humanos que tendrían la suerte de sobrevivir, sería un número ideal.

La Iglesia, como todo el mundo, pedirá a los gobernantes que pongan de su parte para evitar el conflicto bélico; apuntándose —también y sin pretenderlo— al clamor cada vez más extendido de una única autoridad mundial que imponga la paz.

El papa León XIV con visión providencial convocaría a la Iglesia y al mundo para una jornada de ayuno y oración por la paz[11], ante la amenaza  que se dibuja de manera siniestra en el horizonte, de quienes pretenden de incendiar el planeta… El resultado sería todo un éxito; se detendría el inminente estallido de la conflagración termonuclear.

Ya en la tercera década del siglo XXI,  después de superada la tensión extrema vivida de la tercera guerra, y para preservar la frágil paz y el que no se vuelva a producir por las diferencias y desigualdades socioeconómicas entres los pueblos la amenaza de la destrucción nuclear,  se establecerá un modelo de gobernanza global, un Gobierno mundial al que todos los estados-nación obedezcan.

La criatura de Satanás que tome el mando del mundo, será considerado “hombre de paz” al conseguir un “pacto” de obediencia, con el que tendrá el control necesario para poner el mundo a gusto y que pueda iniciar su meteórico ascenso a la dominación del mundo.  Pero será una especie de falsa paz en el mundo[12].

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[1] Ap 6,3-4.

[2] Mt 24,6-7.

[3]Santa Hildegarda ya profetizaba para estos tiempos: “Durante el desarrollo de estos acontecimientos estallarán a menudo guerras duras y crueles porque el temor de Dios estará olvidado. Muchos hombres serán matados, mientras un gran número de ciudades irá a la ruina”.

[4] Puntos de tensión en el mundo no faltan. Expertos en materia de seguridad advierten sobre un posible conflicto entre la OTAN y Rusia, China y EE.UU., China y la India, las dos Coreas o el Estado Islámico y el resto del mundo en caso de caer en sus manos un almacén de material fisible.

Un conflicto entre China y un aliado militar de EE.UU., como Japón, no sería una exageración decir que estaremos al borde de la Tercera Guerra Mundial. La primera señal del inicio de la Tercera Guerra Mundial sería el conflicto armado entre Japón y China por las islas Senkaku, objeto de disputa entre los dos países asiáticos.

El aumento de las tenciones en torno a la división del Ártico. (EE.UU., Canadá, Dinamarca, Reino Unido y Noruega) se opondrían de manera unida contra Rusia en esa cuestión.

La desintegración de Ucrania, lo que provocaría que Polonia, Austria, Hungría y Rumania comenzaran una disputa por las regiones occidentales de la misma.

La OTAN involucrara a Rusia en un conflicto armado contra los países bálticos para distraer la atención de Moscú de la partición de Ucrania y la guerra chino-japonesa. De este modo, los anglosajones usarían a Estonia, Lituania y Letonia como «cebos en sus juegos geopolíticos contra Rusia”, según el experto.

Una invasión a Uzbekistán por parte de radicales islamistas de Afganistán. Al mismo tiempo, los extremistas aumentarían su actividad en Kirguistán y al sureste de Kazajistán. El propósito de los islamistas apoyados por la inteligencia norteamericana, sería la creación en Asia Central de un ‘Califato Islámico’ basado en la sharía, para de este modo presionar a Rusia y China.

[5]  A primeros de enero el teniente general Michael Flynn, ex director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) lanzó una advertencia sobre una posible «guerra de grandes proporciones» que involucraría a Rusia y los Estados Unidos. Otras opiniones dicen que dado el caos,  especialmente en la  región transatlántica,  por el derrumbe de todo el sistema está en plena marcha, es casi una certeza de que las fuerzas del imperio británico se lanzarán en una guerra con Rusia y con China.

[6] EE.UU. es el complejo de la industria militar, que se mantiene a flote solamente por vía de nuevas guerras.

[7] En Occidente no existe la libertad de expresión, solo propaganda antirrusa divulgada por EE.UU. en preparación para una tercera guerra mundial.

[8] La historia muestra que el valor de dólar aumenta de manera drástica sólo tras conflictos mundiales. Para poder sobrevivir en la situación actual, la divisa norteamericana necesita una nueva Guerra Mundial. Desde el 1970 hasta hoy el precio del petróleo es exclusivamente en dólares. El petróleo es hasta ahora la base de la divisa norteamericana, por lo que es vital para EE.UU. controlar a los países petroleros.

[9] Y es un conflicto militar, ya que el conflicto militar atrae inversiones, refuerza la industria, algo que pasó durante la Segunda Guerra Mundial. Pretenden ¾a la desesperada¾ como remedio a su la situación de crisis económica para salir de ella un conflicto militar, ya que el conflicto militar atrae inversiones, refuerza la industria, algo que pasó durante la Segunda Guerra Mundial.

[10]  La deuda nacional EE.UU. asciende a un 104,5% y la deuda exterior, a un 107% del PIB. Se les hace cada vez más difícil mantener estas deudas. Para sobrevivir, los funcionarios de la FED tendrán que acudir a su medida favorita: crear conflictos de todo tipo y fortalecer el dólar para que EE.UU. pueda sobrevivir. El dólar necesita una Tercera Guerra Mundial para poder sobrevivir.

La deuda de EE.UU., Japón y los países europeos constituye el 75% de la deuda total mundial.

[11] “La convocatoria toda la Iglesia una jornada de oración y ayuno por la paz, revela la visión del Papa, iluminada y fortalecida por el Espíritu Santo. Las dimensiones de esta convocatoria desbordan el plano histórico para rozar lo escatológico. El recurso a la oración y al ayuno como práctica universal, revela que Francisco es plenamente consciente no sólo del carácter preternatural, satánico, que envuelve esas intenciones bélicas. El Papa se ciñe al consejo evangélico porque “hay demonios que únicamente pueden ser vencidos mediante la oración y el ayuno” (Mt 17, 20. Mc 9, 28). Al hacerlo pone en la balanza, por primera vez en muchos años, un factor capaz de cambiar la historia.”  J.C. García de Polavieja P.

[12] Afirmado en la aparición de La Salette.

 

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