El Sagrario

Es el lugar más importante de a tierra. Dios está ahí más real y presente que en ningún otro. De modo que esos pocos centímetros exceden a todo el espacio del universo entero.

Quien está delante del Sagrario esta en el centro del cosmos.

El Sagrario es el lugar de referencia. Es nuestro hogar existencial, nuestro origen, porque en él se encuentra la Palabra creadora, regeneradora y salvadora. De modo que nadie delante del Sagrario se siente solo. Y esta es una experiencia real y contrastable.

Da mucha pena, estremece, oír a un príncipe de la Iglesia una afirmación como  la de arzobispo de Lima, Carlos Castillo Mattasoglio, “nadie se convierte con el Sagrario”. Aunque parece que ya las ha matizado, hemos de decir que no sabe lo que dice, que ha hecho un lio o ha perdido el juicio transitoriamente o está -tal vez sea los más probable- bajo una influencia maléfica. Pues justamente ahí, precisamente ahí, en el Sagrario, se encuentra Aquel que convierte y salva. ¿Donde, pues, mejor se van a producir las conversiones sino allí donde por excelencia está que las produce?

Ha habido concretamente muchas conversiones delante del Sagrario, de personas que en un momento de su vida -sin analizar la causa- entraron en una iglesia que se halla abierta y se produjo un cambio en su vida; otros muchos, también «sufrieron» una transformación progresiva, un mejoramiento o conversión continua, es decir, una santificación. Y por fin, cuántos -sin que lo sepamos- se han convertido en el mundo debido a las gracias obtenidas por aquellos que delante del Sagrario, en algún lugar lejano, oraron por amor a los demás.

Que se lo diga a san Francisco Javier, ese gigante que llevó a Asía (China, Japón, Filipinas…) la Buena Nueva, convirtiendo y sembrando la semilla de la fe, el cual pasaba toda la noche en oración delante del Sagrario. Al igual que tanto y tanto santos, todos ellos; se pasaban mucho tiempo adorando al Señor en el Sagrario.

Tan solo nos cabe decir esto: Afirmamos con absoluta rotundidad que los momentos más importantes de una vida son los pasados ante el Sagrario e igualmente que el futuro del mundo depende de las horas que la Humanidad pase ante el Señor ahí eucarísticamente presente.

Esto bien lo sabe la gente sencilla de fe, aquellos 300 que se necesitan para mantener abierta una capilla de adoración perpetua; al igual que los que realizan adoración permanente o adoración nocturna.

“Siéntate un rato y déjate mirar y recuerda las veces que te miró y te está mirando. Déjate mirar por Él. Es de lo más valioso que un consagrado tiene: la mirada del Señor”, (Papa Francisco).

 

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