A veces tiene que venir alguien de fuera para hacernos ver lo obvio.
Tras leer las palabras que hiciera el obispo anglicano y ex capellán de la reina de Inglaterra, Gavin Ashenden -que será recibido en la Iglesia Católica el próximo 22 de diciembre, cuarto domingo de Adviento- que estaba “convencido de que la consagración de mujeres en el episcopado representaba el reemplazo de los patrones apostólico y bíblico en la cultura con los valores del marxismo cultural, para acomodar a la Iglesia de Inglaterra con la perspectiva secular y radical respecto al género”, me acordé de la advertencia de la Virgen de Fátima que avisó de los peligros de la expansión de los errores del comunismo marxista…
El marxismo ha derivado, camuflándose como reptil que cambiara su piel, a formas de luchas reivindicativas ajenas a lucha de clases, para revolucionar y desestabilizar las sociedades, despersonalizando al ser humano hasta debilitarlo interiormente, haciéndole perder su grandeza espiritual y convertirlo en un animal más, sin apenas mayor dignidad de los demás seres pueblan la tierra. Es decir, y digámoslo con rotundidad, el marxismo cultural trata de aniquilar el alma humana.
Mons. Ashenden Está convencido q ue la iglesia católica es la única alternativa a la tiranía del marxismo cultural. Para él el anglicanismo capituló «ante las demandas cada vez más intensas y no negociables de una cultura secular» y vio «como la Iglesia de Inglaterra sufría el colapso de la integridad interior al tragarse el descenso de la sociedad secular a una cultura poscristiana».
Hoy más que nunca la Iglesia católica ha de mantenerse firme en su doctrina, sin aventurarse en cambios, aunque solo sea por dicho ignaciano de «en tiempos de borrasca no hacer mudanza». Apuestas radicales como algunos sínodos y corrientes progues tratan de imponer no son nada recomendables. Hay que mantener prietas las filas, para que, como una falange bien junta y sin fisura, pueda afrontar lo que al mundo se le viene encima, con esta enemiga tiránica ideología del espíritu del tiempo llamada materialismo marxista. Es la zarpa de la Bestia.