
Ha aparecido una noticia que ha asombrado el público en las redes sobre las cifras del coronavirus que en Italia comenzaron a disminuir a partir del día 27 marzo, día en el que el Papa rezó ante el Cristo Milagroso.
Antes de exponerles la noticia como aparece en Aciprensa, queremos añadir algo que ya comentamos nosotros muchos antes, a los pocos días de ese 27 de marzo en que el Santo Padre convocara a toda la Iglesia a orar ante el Santísimo Expuesto en el Vaticano y ante el Cristo Milagroso, en el parvis de la basílica de San Pedro, suplicando por la pandemia del coronavirus, y pidiendo ante el icono de la Santísima Virgen para que intercediera ante su Hijo…, y para finalizar impartió la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo).
Esto decíamos por entonces (a la semana) en el artículo que pueden leer AQUÍ completo:
Hace unos días, un conductor de ambularía mientras llevaba a mi madre enferma al hospital, hablando del tema marras (el coronavirus), me dijo que había disminuido la demanda de ambulancias… desde que el papa Francisco hiciera la oración extraordinaria, en la vacía Plaza de San Pedro, el pasado 27 de marzo, con participación de millones de televidentes, para pedir el fin de la pandemia, con bendición del Santísimo urbi et orbe e indulgencia plenaria.
Noticia en Aciprensa:
Un sacerdote de la Arquidiócesis de Milwaukee (Estados Unidos) llamó la atención de las redes este fin de semana al analizar la cifra de muertos por coronavirus en Italia e identificar el 27 de marzo como el día en que todo cambió.
Ese día el Papa Francisco presidió en la Plaza de San Pedro un momento extraordinario de oración acompañado del Cristo Milagroso, una imagen de Jesús crucificado a la que los romanos atribuyen el fin de la epidemia de 1522. Además dio la bendición Urbi et Orbi y rezó ante la imagen del Señor crucificado.
En su cuenta de Twitter, el P. John LoCoco identificó a través de la Alerta sobre el COVID-19, accesible a través de Google, que ese viernes fue el día en que más fallecidos se registraron en Italia, con 919 víctimas.
Desde entonces, ha comenzado un paulatino descenso, hasta registrarse ayer 50 muertos en Italia. Como se sabe, este fue el primer país europeo donde la pandemia hizo estragos luego de que el virus saliera de China, provocando, según la Universidad Johns Hopkins, más de 230 mil contagios y 32.800 muertos.
Desde hace unos días se levantaron varias medidas restrictivas en Italia y también se pueden celebrar Misas con fieles, pero manteniendo las recomendaciones sanitarias para evitar un rebrote del coronavirus.
En la jornada extraordinaria de oración, el Papa Francisco también rezó ante la imagen mariana de la Salus Populi Romani.
Ante una Plaza de San Pedro vacía y en plena lluvia, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje del Evangelio en que Cristo calma la tormenta en la mar de Galilea.
“Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”, expresó.
Sin embargo, recordó que “el Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”.
Por ello, alentó a abrazar la cruz de Cristo, ya que en ella “hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.
Después de su reflexión el Santo Padre se dirigió hacia la entrada de la Basílica de San Pedro donde realizó la adoración al Santísimo Sacramento en silencio durante varios minutos, acompañado de algunos funcionarios del Vaticano, y presidió luego algunas oraciones como la súplica en letanías.
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